(Capítulo anterior: 7: Combústible)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

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¿Cómo se siente un esclavo en sus primeros segundos de libertad? Ketchup era libre. Emilio era libre. El hombre que él conocía como F le dio a elegir la libertad.

Y lo llenaba de miedo.

Él entendía que F vivía en el último piso de un centro comercial gigante. Pero para Ketchup era una ciudad entera. Más de cuarenta pisos de tiendas, teatros, comida, personas, música, caos.

¿Cómo pudo imaginar que iba a sobrevivir? ¿Cómo saber que caminar por su cuenta iba a ser tan duro?

Intentó usar su móvil, pero se inundaba de publicidad en idiomas que no entendía. Inglés, Árabe o Chino. Daba igual. Todo le exigía un email, pero no tenía. O un perfil público, o una cuenta de pulso. Cosas que nadie le explicó.

Ketchup no era un ciudadano digital y nadie le dijo que no era opcional.

Caminó sin rumbo entre suelos de marmol, paredes pantalla llenas de imágenes, lamparas excéntricas y una multitud de personas de todos tamaños y razas.

Algunos pisos olían a perfume, a animales, a humanos. En uno sintió el aroma del carbón, combinado con especias que no conocía, pero que le recordaron cuánta hambre tenía.

Su teléfono tenía "dinero". Eso le dijo F. ¿Pero cómo usarlo?

La multitud lo apartó y lo empujó. Llegó a un gran salón donde mujeres con tunicas negras se separaban de hombres de blanco. Todos se arrodillaban ante alfombras personales. Cantos aterrorizantes sonaban en todas partes. El sol brillaba en vitrales gigantes.

Su pulso se aceleró, empezó a hiperventilar, quiso sentarse en el suelo, pero no encontró lugar. Llegó a una fuente inmensa. Cinco pisos de agua cayendo del techo. Un espectáculo de luces y esculturas entre chorros coordinados con la música. Otras personas la miraban hipnotizadas. Ketchup se sentó en el borde, hundió su cabeza y bebió. Bebió y lloró. Esto era ser libre.

A su lado, un hombre tocó su hombro con afecto y le sonrió. Adulto, joven, músculoso. Afeitada perfecta, ojos cafés y piel morena. Con ropa deportiva del color de la arena. Su rostro le dio a Ketchup una sensación de hogar.

- Hola Emilio - dijo aquel hombre en español.

Ketchup recordó la policía. Ser electrocutado. No confiar en nadie. No creer en nadie. Nadie está de tu lado. Las palabras de F hicieron eco en su cabeza.

"Este es un mundo malo. Con tu nombre pueden perseguirte. Si quieres una vida mejor, tienes que cambiar quién eres."

- ¿Quién es Emilio? Yo no soy Emilio ¿Quién es usted?

- No te preocupes Emilio. Yo soy de los buenos.

La voz del hombre le generaba una gran nostalgia. Era un acento diferente al de los venezolanos que rodeaban al Libertador. De repente lo recordó. Era el acento de México, su hogar.

- ¿Quién eres? - preguntó calmado y dejando de alejarse.

- Un amigo. Sabemos de F y queremos ayudarte, Emilio. Te cuidaremos de lejos.

¿Por qué alguien haría algo por él?

- ¿Por qué harías eso por mi?

- Porque cuidamos a los nuestros. Te lo prometo. Yo y mis amigos estaremos cerca. Mientras estés con F, no dejaremos que nada malo te pase.

Emilio solía despertar rogando que el Libertador escogiera a alguien más. Hoy se despertó en otro país, herido, bajo el poder de alguién más. Luego probó la libertad y no sabía qué hacer. Pero el terror de volver a vivir sin control era demasiado. ¿Y si aceptaba trabajar para F? ¿Si estas personas realmente lo cuidarán?

- ¿Cómo? - preguntó - ¿Cómo los llamaré cuando algo malo pase?

- ¿Tienes un móvil?

Ketchup entregó el dispositivo que F le regaló a su supuesto protector. El hombre manipuló el delgado aparato por un rato, conectó un cable a otro móvil más antiguo, esperó un rato y se lo devolvió.

- Ya está. Si nos necesitas, prende tu móvil y dilo. Ahí estaremos.

- ¿Es seguro trabajar con el señor F?

- Ve y aprende con él lo que necesites. No dejaremos que sea peligroso.

- El señor F no me dice Emilio, me dice Ketchup.

El hombre cambió su expresión a una de ¿Odio? ¿Disgusto?

- Entiendo. No olvides quién eres. No nos olvides.

Con eso, se fué. Un adulto sincero, pensó Emilio. Uno que no quería nada de él.Hablaba su idioma y le recordaba a sus vecinos de infancia. Recuerdos borrosos. Emilio no estaba solo.

Podía volver y trabajar. Aprender de este mundo y vivir algún día por su cuenta. Sin control, sin guía, sin miedo.

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F bebió el final de su whisky hasta que vio la pared a través del vaso. En ella la cabeza gigante de Pascal Sutter, mágnate de la industria aeroespacial. Famoso por ser parte de todas las juntas directivas del mercado de volar, sin ser accionista mayoritario en ninguna. Un genio financiero, con un portafolio diverso y una personalidad que F no podía soportar.

Pero lo necesitaba. Era el único que le sobraba el combústible que el Scramjet usa. Ojalá él no lo supiera. El francés billonario volvió a hablarle a través de la videollamada. Su voz resonando uniforme en el apartamento.

- ¡Monsieur F! ¿Llamas a devolverme mi avión?

- Oh Pascal, te extrañé, no entiendo por qué ya no hablamos.

- La última vez fuí yo, ofreciendo invertir en tu Pornactive. Pero tu inversionista, el Príncipe del Turf, se puso celoso. Antes de eso, no recuerdo bien.

- Yo sí Pascal - respondió F -. Fue en el 2018, yo era analísta de la CIA. Te atrapé negociando con oficiales corruptos de Israel.

- Oh, el negocio del Domo de Hierro. China estaba tan feliz. Ya lo recuerdo, creí que iría a la carcel.

F revisó la conexión. Tenía un cifrado rídiculamente alto y la app le impedía grabar la conversación.

- Y casi logro que vayas - recordó F -. Para tu fortuna, el fuego atómico del Holocausto se llevó todas las pruebas un par de años después.

- Y para la tuya. De andar en hojas de cálculo, ahora eres un famoso empresario. Vi que nuestra Interpol te tiene un cariño especial.

- ¿Y vas a dejar que un detalle así impida que hagamos negocios?

- ¡Nunca! Siempre supe que encontrariamos sinergias, que volverías a mi. Sea para darme ese avión que mis compañías crearon o para ser grandes socios.

F odiaba con el alma a Pascal.

- Una de tus compañías diseñó las turbinas atmosféricas. Pero tu sabes que el Scramjet es mucho más que eso.

- Sí, eres tú. Tu visión y tu capacidad de hacer a los medios hablar de ti. Un pulso tuyo trae abajo todas las redes sociales - Pascal suspiró -. Ya no hacen emprendedores así.

F no dijo nada. Sólo miró fijamente a los ojos de Pascal en la pared. Miles de cámaras diminutas, disimuladas entre los nanopixeles de la pared seguían los ojos de F y creaban una imagen nitida y ultra realista de ambos. Optimizando color y enfoque. Resaltando las expresiones del rostro.

Pascal podía ver a F apretar la boca con fuerza, suprimir la frustración. F podía notar la ansiedad de Pascal, el palpitar de lo desconocido.

El avión suborbital impulsado por una turbina scramjet que descansaba en el techo de Abdul Nihon XIII era una joya de ingeniería imposible de replicar. La silla Solinax de Pornactive era un misterio ultra adictivo para la elite mundial. Todos querían robar y replicarla. F sabía lo atractivo que era, pero Pascal sospechaba lo desesperado que estaba.

- ¿Y bien, Monsieur F? ¿Cómo puedo ayudarte a cambiar el mundo juntos?

- Combústible. Yo tengo una humilde nave prototipo. Tu en conjunto tienes la flota más grande de A380 en la Tierra. Seguro tienes bajo control cientos de fabricas de JP-7.

Pascal se rió irónico de un chiste que sólo él entendió.

- ¿Cientos? ¡Miles! No vendes aviones para dejar de lado el negocio más importante. La energía que los mueve es y seguirá siendo el verdadero poder del mundo. De hecho, tengo una destiladora justo afuera de Dubai, muy cerca a donde estás.

Oh. Dubai. Justo Dubai. Justo a donde F necesita ir. Justo la excusa para que nadie sospechara por qué. A la gente buena, la suerte le sonríe.

- Si puedes fabricar JP-7, puedes fabricar de hidrogeno y silano.

- ¿Lo ves? El verdadero poder. ¿Nuestro avión suborbital se quedó sin gasolina?

- Y normalmente pagamos veinte bitcoins por un tanque lleno, pero con la guerra en China y la economía de mercado podemos ofrecer...

- Ah, F - interrumpió el billonario francés -, el dinero no tiene sentido. Tu lo sabes bien.

F empezó a imaginar decenas de caminos diferentes por donde Pascal intentaría negociar. Opciones de respuesta. Posibles resultados. Él nació para esto.

- Nosotros sabemos la verdad ¿No? - preguntó Pascal -. El dinero no existe. Es una ilusión para que la civilización no colapse. No. El poder está en el valor que podemos crear. En los recursos que no paran de darnos valor. Cosas únicas como tu empresa. O nuestro avión.

- El Scramjet es mio.

Pascal seguía con su optimista sonrisa.

- Que pintaras las letras de US AIR FORCE no lo hace tuyo. ¿Y si mañana Interpol te quita la libertad?

- No me digas que confías que tu "policía internacional" logré algo conmigo.

- ¿Gente como nosotros? Claro que no. Pero ¿Qué tal que un misil te alcance? ¿O un mal procedimiento te queme en el vacío?

- Mi piloto es infalible, Pascal. Por eso no puede ser tuyo el avión, no hay nadie más con el talento de domarlo.

Andrés, en el bar atrás del sofá, fuera de la vista de las cámaras, sonrió.

Pascal se puso de pie, hizo ejercicios de estiramiento, bostezó y rió fuertemente. Volteó a mirar al río. El verano en Paris era mágico. Se acercó incomodamente a la cámara y su cabeza se volvió gigante y dominante en la sala de F.

- Está bien. Usalo mientras lo necesites. Malentiendes donde está tu valor. Es Pornactive, tu gran emprendimiento.

- ¿Aunque me haya negado a tu inversión en el pasado?

- Una empresa al mando de un visionario que pelea contra Interpol y el poder. Eso me inspira a quererte. Me inspira a cambiar el mundo contigo.

- ¿Quieres acciones en Pornactive? - F no lo podía creer.

- Sí. Te ofrezco combústible ilimitado. Por un diez por ciento.

F miró a Andrés, quien negó seguro con la cabeza.

- No.

- Han pasado años. Tu Príncipe Mesías no se opondrá a que alguien más sea dueño del pastel.

- Uno por ciento - negoció F.

- ¿Tu sabes de China, verdad? Están conquistando lo que queda por conquistar. La guerra es cara y el negocio está mejor que nunca. Tú me llamaste, no yo a ti. Seguro todo el JP-7 lo está comprando Asia. La tecnología de tu Scramjet puede rescatar el espacio para la humanidad. Pero no sirve de nada sin mi líquido mágico.

Pascal analizó la expresión de F. Casi inmovil, excepto por un ligero temblor en el ojo izquierdo.

- Diez por ciento de tu empresa, F. Sabes que seré un buen socio. Ni siquiera quiero un voto en la junta. Pero si me aceptas, tengo grandes ideas para los dos. Ideas que cambian al mundo.

F sirvió otra copa de Whisky. El hielo molecular creado por su costoso refrigerador no había desaparecido. ¿Por qué no podía tener hielo normal que se derrite en la boca? Es lo que más le gustaba a F del Whisky.

Ketchup regresó en ese instante al apartamento. Su apuesta triunfó. Sabía que no sobreviviría un día entero en la locura de un barrio rico de Abu Dhabi. F lo vio de reojo y sintió dopamina inundar su cerebro. La recompensa de ganar esa pequeña batalla. Necesitaba ese Scramjet para entrar a Dubai indetectado. Llevar a Ketchup con Phil, abrirle la mente y extraer la verdad.

Una apuesta ganada, otra por jugar.

- Podría haberte dado el diez por ciento, Pascal - dijo F -. Pero me hablaste de una planta en Dubai. Las refinadoras de combústible jet son pocas y muy secretas. Escondidas entre otros tipos de fábricas y construcciones. En caso de ataques terroristas ¿No?.

Pascal no perdió su sonrisa. F siguió hablando.

- Dubai es tierra de nadie, pero con buenos amigos mios. Estaba viendo en el mapa. Sólo hay tres lugares entre Dubai y Abu Dhabi que podrían ser una refinadora de combústible.

Pascal, en Paris, se retiró un poco de las cámaras, intrigado. Andrés, en el apartamento en Abu Dhabi, tomó a Ketchup del hombro y lo acercó a él, evitando que saliera en cámara.

- Tienes razón, la guerra es cara y la demanda alta. Ahora más que nunca es importante tener seguras esas plantas. Pero ¿Y si enviara un sólo email a mis amigos Israelís ex-IDF? Tu sabes, mercenarios, con más ganas de venganza por perder su soberanía que nosotros americanos por el Holocausto. Grandes amigos. Tres bombas. Con que una fuera tu planta ¿Imaginas el terror? ¿La subida de costos?

F esperó una reacción, pero Pascal era imposible de leer. Decidió continuar

- Imagina Pascal si tuviera mi dedo sobre el botón de enviar. ¿Quién será más rápido? ¿Tú con tu obvio mensaje pidiendo seguridad extra? ¿O yo? Si el ataque tiene éxito ¿Qué haría China? Quizás nacionalizaría, como precaución, tus plantas por todo Asia ¿Las de Japón? ¿Siberia?

Pascal inhaló, exhaló y sonrió de oreja a oreja.

- ¿Lo ves, F? Un emprendedor con visión. Si tan sólo Silicon Valley no fuera un crater humeante. Cinco por ciento.

- Uno por ciento.

- Está bien. Enviame las acciones y te enviaré las coordenadas exactas. No hay necesidad de jugar. Sé cuanto necesitas ese combústible.

F publicó el requerimiento para un abogado ultra confidencial, con experiencia en compañías multinacionales, distribuidas entre diferentes super poderes. Una firma de Tokyo tomó el caso y en menos de tres minutos, las acciones habían cambiado de dueño.

- Espero que tu Príncipe no se enoje. Esto no está tan mal, F. Sientes que ganaste, pero ambos ganamos. Mis recursos y tu mente crearán un planeta mejor.

Pascal tomó un trago de un liquido verde, respiró satisfecho y continuó.

- Sólo un favor. Tu avión es, claramente, invisible a nuestro radar. Dile a tu piloto maravilla que le haga ping a nuestra base unos minutos antes de aterrizar en la planta. Tendremos el combústible listo. Por ahora, te haré llegar via drón un adelanto, suficiente para que llegues a Dubai.

F recibió en su móvil coordenadas de la planta de destilación de combústible. Estaba en la frontera entre Abu Dhabi y Dubai. Subterranea. Invisible a fotos de aeronaves. Imposible de encontrar en ningún mapa en la web. Ninguna de las tres que F creyó.

- Pascal. Espero nunca volver a hablarte.

- Y yo espero saber de ti. Así son las relaciones entre inversionistas y emprendedores. Por lo menos eso no lo cambian los megatones.

Pascal cerró la conexión y F sintió el palpitar de su corazón regresar. Andrés soltó el aire fuertemente, se acercó a su hermano mayor y le dio una fuerte palmada en la espalda.

- Mejor de lo que creí - comentó Andrés.

- Me debes un bitcoin - dijo F, apuntando a Ketchup.

F se puso de pie, caminó a Ketchup y lo miró a los ojos sin decir nada. Tras varios segundos, el niño no aguantó la mirada y habló.

- Seré asistente, pero tendré que aprender muchas cosas.

- Feliz de enseñarte. Bienvenido al equipo. Empiezas a trabajar ya. Nos vamos de viaje.

Ketchup se asustó pensando que, una vez más, lo llevarían a un lugar fuera de su control. Pero recordó su móvil, sus amigos. Lo apretó fuerte en sus manos.

- Sí, estaré seguro.

El móvil de F vibró con un tono único. El tono que F le asignó a Juliane.

"J: Es noticia mundial. Pornactive vendió por primera vez acciones a un comprador anónimo. La bolsa del Turf colapsó. Felicidades."

"F: Me alegra saber que me persigues por la red. Yo también pienso en ti. Una lástima que la transacción fuera anónima."

"J: ¿No será Pascal Sutter de Airbus? Imagino que se dañó tu avión y te salió muy caro arreglarlo."

"F: Si fuera Pascal ¿No sería ilegal negociar con un criminal buscado como yo?"

"J: Lo sería."

"F: Te extraño, J."

"J: Dame tiempo."

F guardó su móvil, guardó la botella de Whisky y caminó con Ketchup al avión. Andrés se adelantó al helipuerto y tenía el Scramjet listo y tanqueado. F contrató cientos de drones publicitarios para rodear el edificio y esconder la primera etapa del despegue. La parte silenciosa. La segunda, al encender los motores principales, era imposible de disimular. Tras varios dolorosos minútos, F estaba de vuelta en el cielo.

- Altura suborbital adquirida - anunció Andrés al avión -. Estamos en el borde del espacio.

F sintió un gran alivio que el combústible fuera real. Volteó a ver a Ketchup, cuyo rostro se retorcía aguantando el mareo imposible del violento despegue. F dio un ligero golpe en el hombro al niño y le sonrió.

- Bienvenido de regreso a la caída libre.

(Sigue leyendo el capítulo 9: Ayahuasca)