(Capítulo anterior: 5: Princesa del Norte)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

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Un trozo de metal, acelerado a velocidad supersónica y girando sobre su propio eje, atravesó el hombro de F hace un rato. Era entendible que gritara de dolor mientras lo curaban.

Hace más de una década, en otra vida, F tuvo entrenamiento paramilitar básico. Aprendió qué hacer en caso de herida por arma de fuego. Pero nadie te prepara para tu primera vez. El olor. El calor.

- No seas niña F. Hace años, esto te pondría en una clínica por semanas.

Elizabeth Vlad, la doctora de F y otra refugiada millonaria del Turf de Abdallah. Una vieja amiga desde su primer día en Abhu Dabi. Con la belleza fuerte que sólo trae la madurez. F tuvo suerte que estuviera cerca tras el disparo.

- No hay agentes químicos, sangre artificial o nanomáquinas que hagan que esto duela menos - dijo él.

- ¿Qué pasó con el gran F, agente de la CIA y asesino en masa de las noticias?

- Oh Eli, viste eso.

- Todo el mundo lo vio. Esa Juliane parece tu tipo - jugó Elizabeth mientras le inyectaba aceleradores de cicatrización - ¿Debería estar celosa?

- Eli, si no fuera por mi impotencia y el horror gótico que es mi hombro, te saltaría encima en segundos.

- ¿Por qué crees que lo permitiría? - preguntó Elizabeth mientras grapaba la herida - ¿Por qué crees que no sería yo la que saltaría?

Elizabeth se refugió en el Turf tras la separación de Rusia. Ella vivía en Siberia y sospechaba que ser parte de la Federación China no le convendría. Sus ahorros como cirujana de traumas mayores superaban el millón de dólares de la época. Número suficiente para invertir en el Turf y escapar de su nación.

- Tengo tres preguntas para ti, F.

- A ti te lo cuento todo.

- ¿Eres realmente un agente de la CIA?

- No.

- ¿Entonces nunca fuiste un espía?

- Jamás.

- Mentiroso - Elizabeth empujó su dedo en la herida, ligeramente. F gruñó.

- Fui un análista, no un agente. Entrenamiento básico, pero nunca trabajo de campo. Un tipo que sabía de programación, de números y de política.

- ¿Quién causó el Holocausto del 2020?

- Si supiera, Eli, si supiera.

- ¿Pero no fuiste tú?

- ¿Qué crees tú?

Elizabeth lo pensó mientras cerraba la transfusión de sangre para F.

- Llegas a tu casa con un disparo. Me llamas de emergencia tras hacerme chequear al niño más raro de la tierra. No me dices quién te hirió. Te peleas con la policía de Europa ante todo el mundo. ¿Qué pensar de ti?

Elizabeth suspiró.

- Eres el mismo F que conocí hace seis años. Aterrado. Sucio. Pero con la determinación de un lobo herido. Acorralado y sin nada que perder. Un poco más viejo y más rico. Pero el mismo F. Yo creo en ti.

F tenía mucha suerte de conocerla. Y muy poca suerte del cóctel químico que, en su cerebro, le impedía sentir nada más. ¿Por qué con Juliane sí pasaba? ¿Por qué, con Juliane, sus neurotransmisores fluían? No era el momento de pensarlo. Ante la falta de serotonina, mejor trabajar.

- El niño que traje, Ketchup.

- ¿Sabes que eres un degenerado por llamarlo así? Se llama Emilio.

- Ajá, Ketchup, ¿Cómo que es el niño más raro de la Tierra?

- Oh ¿Dónde lo dejaste? ¿Y dónde está tu hermano?

- ¿Andrés? Buscando a Ketchup.

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El calor de Abu Dhabi era insoportable y Andrés no era fan del trabajo manual. Apenas tuvo tiempo de cambiarse de ropa y esconder su arma. Salió corriendo a donde el taxicóptero por última vez dejó al maldito niño.

Él intentaba ser neutral y entender a su hermano. Oh, en el pasado entendía. Transportar impresoras 3D, cortadoras láser, galones y galones de quién sabe qué. Ir de incógnito a Perú por un contenedor oscuro. Ir al laboratorio de Phil con planos y esquemas. Todo parte del plan de crear Pornactive.

"Nadie puede saber de Phil". "Fabricar las sillas es un secreto". "Ellos vendrán a nosotros". Y Andrés no podía discutir con los resultados. Eran millonarios, estaban en contacto con dos líderes mundiales, el plan estaba ocurriendo.

¿Pero y el niño qué? ¿Es tan terrible un minuto de conversación? ¿Una breve idea de por qué buscar por una metrópolis gigante a un niño hermafrodita que le quitaron a un dictador?

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- ¿¡Hermafrodita!? - preguntó F con sorpresa.

- Un caso muy raro - explicó Elizabeth - Y encima con una cantidad considerable de envenenamiento radiactivo. No creo que sobreviva los veinte años.

- ¿La radiación le causo el ser...?

- No, no funciona así F. Eso es un defecto de nacimiento. Es un niño con muy poca suerte.

- ¿Pero es niño o niña?

- Más hombre que mujer. Altos niveles de testosterona, pero un sistema reproductivo dual. Un útero subdesarrollado. Casi siempre es al revés. Increíblemente inteligente también. Tiene sinestesia. Ve el color de los números, las notas musicales, entiende naturalmente las interfaces. Una lástima.

- ¿Crees que la radiación fue causada por el Holocausto?

- No lo creo. Sí corresponde a envenenamiento de uranio, plutonio o cobalto. Pero el efecto es de bajas dosis por largo tiempo. Como si viviera al lado de desechos de quimioterapia... O una bomba muy mal hecha.

- ¿Qué tan mal está?

- No es aparente. En el exterior es completamente sano. Los efectos sólo se verán en años.

- ¿Tan sano como para recibir un viaje de mi silla? ¿O una droga neuronal?

- ¿Qué planeas con ese pobre niño, F? Te prohibo hacerlo sufrir.

- Te lo prometo. Es por el bien de todos. ¿Crees que pueda?

- Sí, pero consúltame primero.

Elizabeth terminó la curación. F tenía semi inmóvil el brazo. Aún así saltó de la silla y le dio un fuerte beso en la mejilla.

- Eli, en un día de mierda me das esperanza. ¿Qué te puedo dar a cambio?

- ¿Un gran cheque? Y prometeme que la francesa no te atrapará.

Elizabeth se rió a carcajadas junto a F. De repente, la puerta explotó y una escuadra de policía entró al apartamento.

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Andrés preguntó en cafés. Preguntó en restaurantes. Preguntó en iglesias y mezquitas. La foto de Ketchup, que las cámaras de seguridad del apartamento tomaron, no es suficiente. Nadie daba razón. Nadie lo había visto.

¿Qué haría un niño como él? ¿Qué quiere? ¿Ir a casa? ¿Cuál es su casa? No. Un niño como Ketchup buscaría ayuda. Buscaría lo que él recuerda como autoridad. Un uniforme. Buscaría a la policía. Andrés caminó a la estación más cercana cuando su móvil disparó alertas de seguridad del apartamento. Arrancó a correr cuando recibió un mensaje:

<F> No te preocupes por mí. Cita con Abby. Tu prioridad es tomate. 

¿"Prioridad tomate"? ¿Ketchup? F era un idiota.

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- Por orden del Príncipe Mesías, lo llevaremos ante su presencia de inmediato - dijo la oficial al mando, en un tono seco, aburrido y autoritario.

- ¿¡Y para eso volaron mi puerta!?

- Timbramos tres veces y nadie respondió.

F no tenía timbre.

Una oficial y varios policías de operaciones especiales entraron al apartamento. Con armadura de combate, cascos impenetrables y armas intimidantes. La entrada había sido destruida por una pequeña bomba diseñada para expulsar gente atrasada en la renta.

- Eli, perdóname.

- ¿En serio vas a ver al Príncipe? - preguntó Elizabeth impactada por la situación, la explosión y la falta de una reacción más adecuada de parte de F.

- El Príncipe Abby se pone nervioso cuando no le cuento cosas.

- ¡No toleraremos blasfemia contra el Príncipe! - gritó la policía mientras ordenaba al resto que llevaran a F por la fuerza.

F levantó las manos rindiéndose y envió un mensaje a Andrés. Besó en la mejilla a Elizabeth y transfirió cien mil yuans a su cuenta. Oprimió el botón que resguarda el scramjet en una jaula de titanio y salió al helipuerto, otra vez, a un helicóptero del Príncipe.

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Andrés programó un taxi para recorrer todas las estaciones y bunkers de la policía. Tras un par de horas encontró varios agentes con un niño. Los típicos oficiales de cascos gigantes, lentes con cámaras, kevlar y armaduras adaptivas. Agentes con poder de fuego como para conquistar un país del siglo veinte.

Y el niño era Ketchup. Que no hablaba árabe ni inglés. Llorando al tratar de comunicarse con los policías en español. Andrés bajó del taxi y llamó al niño.

Ketchup corrió detrás de los policías y empezó a gritar. Ellos decidieron que Andrés no parecía tener buenas intenciones y apuntaron sus armas a él.

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El helicóptero aterrizó como una pluma a la entrada del Crib de Abdallah. Una gran construcción que combinaba la forma de la Casa Blanca, la arquitectura de una mezquita masiva y la más moderna base militar. Espejos de agua, esculturas, jardines, radares y lanzamisiles por igual.

F ya sabía lo que seguía.

Al entrar, mujeres en túnicas le quitaron su ropa y bañaron de arriba a abajo con paños calientes. Retiraron su móvil y lo escanearon con todos los rayos posibles. En cuestión de minutos lo vistieron de nuevo. Su ropa de repente limpia y oliendo a campos de flores.

Sólo mantuvieron desnudos sus pies, que empezaron a sentir calor a medida que entraba al recinto del Príncipe. Un centímetro de calida y cristalina agua reposaba sobre el suelo del lugar. Terriblemente inconveniente. Completamente inútil. Una muestra de fuerza.

Desde el cielo, el Crib de Abdallah tiene una gran estructura cúbica adjunta a la parte de atrás. Reflectiva como un espejo e impenetrable. Desde adentro, un jardín gigante cuyas paredes de grafeno transparente son invisibles al ojo, pero listas a resistir una misil termobárico.

Un jardín lleno de mariposas amarillas. De pequeñas e incontables flores púrpura, blancas, rojas y rosa. Ligeramente inundado por el agua tibia que tocaba los pies de todos. Un jardín cuyas paredes ahora brillaban llenas de pantallas.

Hace un par de años que F no veía este jardín. Y en aquel entonces era sólo un jardín. Hizo su mejor esfuerzo de grabar en su mente las pantallas que veía. Reportes de radares en tierra. Videos en tiempo real de drones dentro y fuera del Turf. Y un mapa muy curioso de varios puntos avanzando en el atlántico hacia la costa este de Estados Unidos.

En el centro, el Príncipe Mesías 2Pac Abdallah El Cinco miraba al cielo. Una simple túnica blanca en su cuerpo. Una inmensa cadena dorada con la palabra 2PAC en su cuello. Lentes oscuros. Cabello desordenado y un poco largo.

Decenas de análistas y ayudantes del Príncipe lo rodeaban. Revisando datos en las pantallas. Hablando con otras personas. Viendo a F con desaprobación. El Príncipe hizo que todos se fueran. Sólo dos personas permanecieron en las esquinas del jardín. Guardaespaldas.

- ¿Sabes por qué construí este jardín, F?

- ¿Para intimidar a tus invitados?

El Príncipe ignoró el sarcasmo.

- Fue Dios quién unió estas tierras de nuevo. Él, a través de mí, reunió este pueblo. Y en esta casa no había un lugar donde Dios viera mi rostro cuando rezo para él. Pero mi gente me ama demasiado. Instalaron estos vidrios para evitar la tentación de otros de atacarme.

- Claro. Porque una batería masiva de mísiles interceptores, ametralladoras de proximidad y láseres no son suficientes.

El Príncipe se dio la vuelta y F notó que sus lentes eran diferentes. Sus ojos reflejaban luces y el marco era innecesariamente grueso. Realidad aumentada. F quería uno de esos.

2Pac Abdallah levantó su santa mano y desde lo más alto le chocó esos cinco al hombre más buscado por Interpol.

- ¿Por qué me llamaste, Abby? No me digas que por Interpol.

- F, sabes cuánto te quiero. Sabes cuán fan soy tuyo. Pero eso no significa que sólo piense en ti.

El Príncipe movió sus manos en el aire y en el horizonte, una de las paredes se volvió una pantalla gigante, mostrando el movimiento de tropas desde Hong Kong hacia Manila.

- Guerra, F. Más guerra.

- Filipinas no es del Turf.

- No aún. China los llama "nación no alineada". Demasiado lejos para ser del Turf. Demasiado pequeños para ser de la Unión. Demasiado "No América" para ser Bolivarianos. Atacando Manila, China quiere demostrar que se cansó de comprar naciones, de comprar políticos, de sobornar y chantajear. Capturar Japón fue un gran paso, pero no todos tienen tanto que perder.

- ¿China quiere capturar Filipinas a la fuerza?

- Y a Malasia. Y a Indonesia. Y seguro a Taiwán dentro de poco. Y luego Okinawa.

- ¿Qué tiene que ver China conmigo, Abby?

El Príncipe mostró fotos del francotirador. Videos de aterrizaje de F tras llegar de Venezuela. Un video de un drone que muestra a F y Juliane en una terraza jugando.

- Estoy confundido, F. ¿Estás jugando algo con Juliane Deckard? ¿Te aliste a Interpol?

- ¿No viste los streamings? ¿Parecemos amigos? Juliane me engañó y sacó información clave.

- Sí. Saben de tu hermano. Saben que te protejo. No es ese el F que conozco.

- Pero gracias a mí, ahora sabes que Interpol tiene una oficina ilegal acá. Sólo hay que descubrir dónde.

- Es Qatar.

El Príncipe tenía esa actitúd pasivo agresiva que F odiaba. Pero todos los líderes son así, es parte del empleo. 2Pac quería que F le contara todo y hoy ninguno estaba de humor.

- Ya sabías de Qatar.

- Mentiste en streaming. Nuestra policía no te protegió. Tu asesino estaba muerto cuando llegamos. Un soldado terrorista de tu vieja US NAVY - El Príncipe hablaba pausado y claro, sin odio en su voz - Justo después de llegar de charlar con Carlos Pérez. Justo después de jugar con Juliane.

- 2Pac Abdallah El Cinco - dijo F - Tu fachada de salvador funciona con tu pueblo. Pfft. Funciona con todos los millonarios, hambrientos de seguridad, que vienen suplicando. Pero yo sé quién eras antes. Yo sé cómo te volviste el "Príncipe de la Paz". Yo te volví ese Príncipe.

- Me llaman el Príncipe de la Paz y el Príncipe Mesías porque eso hice. Traje paz. Uní al pueblo sin disparar. Sin matar. Curando, sanando, negociando y cantando.

F sabía la verdad. 2Pac Abdallah era un príncipe petrolero de Emiratos Árabes en su época en la CIA. Uno que usó la fortuna de su familia para volverse una estrella del Hip Hop en inglés, árabe y hebreo. Su relación sentimental con una agente de la agencia lo llevó a Phillipe von Hohenheim y a las investigaciones químicas ultra secretas de la CIA. De todas las cosas que 2Pac se enteró, sólo le interesó una. La cura sintética contra el SIDA.

- Yo curé a África, F.

- No, la agencia curó a África. Yo sólo te dejé tomar el crédito.

- Y te di cobijo en mi casa. Te di tu empresa. Hoy pido gratitud y honestidad.

- ¿Crees que no soy sincero?

- Dime la verdad de Carlos Pérez.

- No fue él.

2Pac sabía que F iría a ver al Libertador. Que le vendería una silla solinácea de Pornactive. Que F intentaría sacarle la verdad del Holocausto. Ese fue el trato. F cobró el favor de la cura, no sólo pidiendo asilo, sino la colaboración total del Turf en la búsqueda de la verdad.

- Dímelo todo, F.

- Le pregunté, le di una receta mágica de Phil. No podía mentir. No sabe nada.

- ¿Y no sacaste nada más de tu viaje al Continente Bolivariano?

- No - mintió F.

F no era millonario. Llegó al Turf con un avión suborbital, un hermano desertor y nada más. 2Pac invirtió en secreto en F para hacerlo pasar por rico. 2Pac escondió a F mientras anunció la ley de asilo a millonarios inversores. Le dio el dinero para legalizarlo y que creara una empresa única. El tipo de empresa que lo pusiera en contacto con el poder del planeta. El tipo de empresa que le permitiera saber la verdad.

Pero con los años, 2Pac se enfocó en gobernar y F en su propia forma de cumplir la misión. Con los años, F creció el negocio a lugares donde nadie soñó. Con los años dejaron de hablar. Hasta la reunión con el Libertador.

F, en el fondo, no confiaba en 2Pac. En el 2Pac que intentó robar en secreto la cura del SIDA. En el 2Pac que dejó que su pareja en la CIA fuera a la cárcel. El 2Pac que F dejó ir con la promesa de usar la cura para el bien. El mismo que hizo una gira gratis de conciertos por África donde, milagrosamente, todos los que iban eran curados.

- ¿Es esa la verdad, F?

- Mira 2Pac, tú me debes tu Turf. Yo di un salto de fe al creer en ti y no arrestarte. Te infiltraste en Langley ese día, te robaste algo único. Tengo yo más para desconfiar de ti que tú de mi.

El Príncipe se acercó a F lentamente, hasta que estuvo a centímetros de su rostro. Era gigante, mucho más alto que F. Puso sus manos sobre los hombros de F y apretó. F sintió el choque de dolor de su herida, pero fingió.

- El poder es algo curioso, F. Te aleja de la gente. Les hace pensar que eres intocable, inmortal, infalible. Por eso disfruto hablar contigo. Por la sinceridad.

- ¿Entonces cuál es el problema?

- Que aunque te debo el milagro de África, no te debo el Turf. Tú no manejaste los últimos días de Israel. No desarmaste Irán. No curaste el alma de Irak. No estuviste ahí cuando rescatamos Gaza. No compraste emirs, reyes y sheiks. No compraste kilómetros sin fin de desierto. Ahora dime la verdad ¿Estás trabajando con Interpol Qatar?

- No.

- ¿Estás aliado con Carlos Pérez?

- No me jodas.

- Entonces dime, ¿Quién es Emilio Ketchup y por qué arresté a tu hermano buscándolo?

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Andrés intentó gritar a los policías, pero ellos responden al peligro con abrumadoras demostraciones de fuerza. Decidió levantar las manos y negociar.

- Hey, el niño es adoptado. Acaba de llegar al país. Está asustado, eso es todo.

- Tú pareces uno de esos enfermos locos que trafican con niños así. Este muchacho está aterrado de ti - le respondió un policía apuntando con su arma.

- Claro que lo está. Lo rescatamos de una situación terrible.

- ¿Lo rescatamos quienes?

- Mi hermano y yo.

- ¿Quién es tu hermano?

- F.

- ¿F? ¿De Pornactive?

- El mismo F.

- Claro. Y yo soy el comandante general del Turf.

Para fortuna de Andrés, la policía en todo el planeta era ordenada y eficiente en una sola cosa: Corrupción. Recordó que F tenía prepagados varios sobornos en caso de problemas gracias a su amigo el Príncipe. Sólo tenía que usar uno de ellos.

- Oficial - pidió Andrés al policía - Contáctese por favor con su central y mencione que esto es un código FU2PAC.

El oficial entendió que quizás apuntaba su arma a la persona equivocada. Llamó a central, dio el código y explicó la situación. Le ordenaron esperar. Ketchup seguía abrazado a otro agente, gritando en español que lo querían secuestrar y que lo salvaran.

El oficial habló de nuevo por radio y se sorprendió de escuchar sus órdenes. Andrés lo escuchó gritar "¿Directamente del Príncipe? ¿Del Príncipe Mesías? Entendido" y se relajó. El oficial le habló amigable a Andrés, le dio la mano y Andrés respondió apretando fuerte. En ese momento, el oficial descargó electricidad desde su arma y dejó a Andrés en el piso, retorciéndose de dolor.

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- ¿Ketchup? - preguntó F haciendo su mejor esfuerzo por no mostrar sorpresa.

- Tu hermano el piloto está con un grupo de policías, tratando de tomar custodia de un niño. Un niño claramente latino cuyo registro biométrico no está en el Turf - El Príncipe mostró el video de un drone sobrevolando Abdul Nihon XII, donde F sale del avión con dos personas más - Un niño que parece el que se bajó de tu scramjet. Les di la orden de arrestar a tu hermano y proteger al niño hasta que me expliques.

F suspiró.

- No es nadie. Es un niño que rescaté de Venezuela.

- ¿Rescataste? F, la compasión no es tu virtud. Tú no haces nada que no sea por ti.

- ¡Te di la cura, maldita sea! ¡Eso no fue por mí!

Uno de los guardaespaldas caminó hacia el Príncipe, pero él lo detuvo y devolvió a su lugar.

- Ese era otro F que ya no existe.

- ¿No crees que pude acabarte la vida ese día? ¡Y habría hecho lo correcto! Esa cura no estaba probada. Pero te creí. Me dijiste que el gobierno tardaría décadas en liberarla. Que podías cambiar el mundo con ella. Salvar millones de vidas. Sí, te cobré un favor tras el 2020 ¿Pero quién no lo haría cuando vuelan todo lo que amas en millones de átomos?

El Príncipe contempló a su aliado, socio de negocios, emprendedor, asilado político y millonario egoísta.

- ¿Entonces no estás trabajando con Carlos Pérez?

- Primero me suicido.

- ¿Y no estás trabajando con Juliane?

- Interpol me odia ¿Por qué lo haría?

- ¿Y el niño es sólo alguien que quieres salvar por ser buena persona?

- No buena persona. Sólo hice lo que pude.

El Príncipe llevó un dedo a sus lentes, dio una orden en árabe y le dio la espalda a F.

- OK, tu hermano es libre. Me preocupo, F. Eso es todo. Tú sabes que soy tu aliado número uno en encontrar la verdad. Creo que el Turf es el único poder en la Tierra que quiere buscar qué pasó realmente en el Holocausto. ¿Qué planeas hacer ahora que Carlos Pérez fue un callejón sin salida?

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Andrés no recordaba cuanto dolían los electrochoques. Decidió quedarse en el piso hasta que pasara el dolor. ¿Por qué se cambió de ropa? Su otro traje habría absorbido la electricidad. Que imbécil que fue.

Su cerebro, poco a poco, retomó energía. El código de soborno no funcionó. Los agentes empezaron a hablarle al niño con frases de cariño, tratando de calmarlo, llevándoselo del lugar. Algo salió mal y la reunión de F con el Príncipe seguro tuvo que ver.

Pero de repente, la actitud cambió y lo ayudaron a ponerse de pie. Vio como de la nada electrocutaban a Ketchup hasta dejarlo inconsciente. ¿Qué carajo?

- Oh, señor Andrés. Lo siento mucho. Tuvimos órdenes cruzadas desde el Crib de Abdallah. Pero la confusión ya fue solucionada. Aquí tiene su niño adoptado. Tenga un buen día.

Andrés colgó a Ketchup de un hombro, decidió no presionar más su suerte y tomó un taxi a casa.

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- Apreciaría tu consejo, Abby - le mintió F al Príncipe.

- Perder la pista con Carlos Pérez debió doler. Sigue haciendo crecer el negocio, F. Pornactive genera muy buenos ingresos. Como tu inversionista estoy feliz, aunque como gobernador preocupado que no pagues impuestos.

- Oh, el flujo real de dinero está en Australia. Allá no cobran impuestos.

- Sea como sea, entre más crezcas, más gente poderosa querrá hacer negocios contigo. Yo seguiré buscando opciones, pero mi mente está enfocada en parar a China. Un día querrán anexar naciones satélite del Turf. Ese día puedo perder el título de Príncipe de Paz.

- Rogaré que ese día no llegue.

F empezó a caminar hacia la salida, pero una pregunta final lo detuvo.

- ¿Por qué un terrorista de la marina de Estados Unidos intentó matarte, F?

F había olvidado ese detalle. Sinceramente no tenía idea. Su única pista es que Juliane de Interpol lo supo y le ayudó a salvarse. F le pagó eso acusándola en público.

- ¿Quizás porque me acerco a la verdad, Príncipe Mesías?

- ¿O quizás porque vieron el video de Interpol donde estás en la base aérea Edwards?

- El video salió muy poco antes del intento de asesinato - F no quería contarle del mensaje de texto de Juliane - No creo que esté relacionado.

- Nunca me dijiste que estuviste ahí, F. Que estuviste frente a un general de estado mayor mientras bombardeaba Corea del Norte en retaliación.

- Nunca... lo creí importante. Fue hace años.

- Sí. Ya no importa. - respondió 2Pac y no le habló más.

De entre el jardín reaparecieron los asistentes del Príncipe y se reactivaron las pantallas del lugar.

F salió apurado del Crib. Llegó a Abdul Nihon XIII y a su apartamento. La puerta había sido reemplazada ya. Encontró a Andrés tirado en el sofá sudando y a Ketchup inconsciente y babeante sobre el otro sofá. Se sirvió una copa de Whisky y se tiró al piso, frente a ellos.

- Odio el Whisky, ¿Sabías?

- Lo sé - dijo Andrés - ¿Por qué lo tomas entonces?

- Por lo mismo.

F miró a Ketchup, inconsciente, inocente, forzado a seguir el destino que le tocó.

- A juzgar por unos policías felices de atacarme ¿El Príncipe sabe de Ketchup?

- Oh sí.

- ¿Cómo lo solucionaste?

- Le mentí.

Andrés se puso de pie, sirvió otro Whisky y se sentó en el piso junto a F.

- ¿Qué tal si me cuentas las cosas? ¿Qué tal si haces que dejarme electrocutar valga la pena? ¿Por qué queremos a Ketchup?

- Para llevarlo a Phil. Para que le dé su invento mágico intravenoso. Para que tenga memoria fotográfica perfecta y nos cuente qué vio.

- ¿Qué vio cuando, F? ¿Del Libertador?

- No Andrés. De antes. Creo que Ketchup estuvo ahí. Creo que de muy niño vio las bombas. Creo que sabe quién disparó el Holocausto.

Andrés tomó fondo blanco.

- Sin que lo note el Príncipe.

- Sí.

- Necesitamos llegar al laboratorio de Philipe a escondidas.

- Sí.

- OK. Trabajaré en un plan para volar a Dubai.

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En su jardín, 2Pac Abdallah el Cinco y su equipo revisaban, cuadro por cuadro, un video en alta definición. El famoso video de F el día del Holocausto, enviado por un aliado dentro de la dirección de Interpol. En especial, el cuadro con todas las pantallas en la torre de control de la base aérea Edwards.

- Confirmado Príncipe - le responde una mujer apuntando a las pantallas que rodean a F -, ese es el sistema AEGIS, el sistema Mjolnir y los códigos de lanzamiento de mísiles balísticos intercontinentales de Estados Unidos.

- Apenas se alcanza a notar que ahí hay números - dijo el Príncipe curioso - No podemos extraerlos del video.

- Pero hay un lugar donde los números están claros como el agua, Príncipe. El cerebro del señor F.

Y el Príncipe Mesías sonrió.

(Sigue en el capítulo 7: Combustible.)