(Capítulo anterior: 2: Vector de entrada)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

- Torre de control, permiso de entrada al cielo de Abu Dhabi en vector 38, dirección helipuerto Abdul Nihon XIII - transmitió Andrés por radio.

- Permiso concedido, PA1. Por petición previa, éste vuelo no contará en el registro permanente del puerto.

- Afirmativo, control. Aterrizando en cinco.

- Bienvenido a casa, PA1. Cambio y fuera.

F había regresado a su hogar. El país que le dio asilo cuando el mundo odió a todo ciudadano americano. Abu Dhabi era de las ciudades más ricas del mundo y con más extranjeros, en especial millonarios sobrevivientes. F no llegó al país por ser rico, sino cobrando un favor que el gobernante del lugar le debía hace años.

El sonido de vómito de Ketchup sacó a F de los recuerdos y lo regresó a la realidad. El niño tosió tan fuerte que hasta la cabina se escuchó.

- Andrés, ¿Estás ahí?

- Soy el piloto. Siempre estoy aquí.

Andrés no estaba de buen humor. F trataba de no contarle todo en caso que algo saliera mal. El niño que F decidió "rescatar" no ayudaba tampoco.

- Andrés, no entraré al apartamento. Necesito pensar. Déjame en el techo y entra tú con Ketchup.

- ¿Puedes venir a la cabina?

F suspiró. El scramjet no fue diseñado para comodidad. El avión no necesitaba realmente un copiloto, por lo que la segunda silla de la cabina era más para entrenamiento. F se sentó, cerró la compuerta a la bahía de carga y volvió a suspirar. Hora de ser regañado.

- ¿Ahora nuestro negocio es adoptar niños? - preguntó Andrés, sarcástico.

- No entiendo qué te molesta de esto. La operación salió bien, entregamos el paquete y...

- ¿Salió bien? Dime entonces ¿Qué te dijo El Libertador? ¿Todos los químicos y cosas raras que me hiciste traer de Dubai sirvieron?

- La cápsula de Phil dio resultado, si eso es lo que preguntas, Carlos Pérez usó la silla y me dijo la verdad.

- ¿Y cuál es la verdad?

- Él no sabe nada.

Andrés golpeó la pantalla del radar 3D de la nave con fuerza.

- ¡Hey! - gritó F - Este es nuestro único avión. No hay otro. ¿Más cuidado?

- Es mí nave, es vidrio templado y... No me jodas, F. ¿Sabes que estuvimos a un milímetro que nos bombardearan? No es un avión mágico. Nos habrían matado ahí mismo. ¿Valió la pena ese riesgo?

- Andrés, confía en mí.

- Confía, confía, co...

- ¡ANDRÉS!

El incómodo silencio contrastaba con el despliegue de luces y alertas de la cabina. La nave entraba lentamente de regreso a la atmósfera y en el horizonte se veía el sol salir rápidamente. Aterrizarían de día. Sobre la ventana del piloto, un sistema de realidad aumentada sobreponía el vector de aterrizaje encima del terreno.

- Andrés, no puedo contarte todo. El niño es un sobreviviente del 2020 en la frontera con México. Quizás sepa algo, quizás si lo llevamos con Phil y le hacemos recordar...

- F, me preocupa todo esto. Yo también leo internet. Sé que nos vieron despegar y aterrizar. Si Interpol nos está buscando, es que nos volvimos más importantes para ellos. Llevamos seis años en la sombra y tenemos mucho qué esconder. El robo de esta cosa, el secuestro de Phil, el...

- No, no, nadie sabe nada de eso. La interpol me busca por evasión de impuestos a nuestras cuentas allá. Mira, te prometo que, en cuanto pueda, te contaré todo.

- ¿Y si lo de los satélites no es un chiste? ¿Si la Unión Europea tiene satélites y los usan contra nosotros?

- Nadie tiene satélites, Andrés. Ni los chinos pueden poner algo en el espacio. Sólo nosotros.

- Cómo sea. ¿Qué quieres que haga con... ? ¿Cómo le llamaste?

- Ketchup.

- Eres un desgraciado.

F ignoró el comentario.

- Que un médico lo vea en casa. Lo necesito en el mejor estado físico si lo llevaremos con Phil. Y sé discreto, que nadie en el Turf sepa que el niño entró al país.

- OK. Siéntate.

El scramjet aterrizó suave como una pluma en el helipuerto privado del edificio Abdul Nihon XIII. Un centro comercial y oficinas de cuarenta y tres pisos, cuyos últimos tres eran el hogar de F y su empresa, Pornactive. F sacudió el mareo de su cabeza, salió tranquilo de la nave y vio como el niño tambaleaba mientras miraba con ojos de incredulidad a la cantidad de rascacielos a su alrededor.

- Ketchup, - lo llamó F - Te va a ver un médico. Nada raro. Charlaremos después.

- Señor F - preguntó Ketchup respetuoso, pero desafiante - ¿Puede decirme la verdad de lo que me van a hacer?

¿Qué?

- Antes de ser entregado al Libertador - explicó Ketchup - también me vio un doctor. Sólo quiero saber señor F. Nunca me han dicho qué haré antes de que pase... sólo quiero saber.

- ¡Ketchup! Puedo no parecer un amigo, ni tampoco te digo que lo seré, pero no planeo más que ser tu jefe. - mintió F - Te daré un empleo de asistente, te pagaré por el empleo, nada más.

- Antes con el Libertador...

- No, no me importa lo de antes, ni qué pasó. Míralo como una oportunidad. Si no te gusta, eres libre de irte a cualquier lugar en Abu Dhabi que te acepte.

F nunca dejaría a Ketchup irse tras lo que invirtió en traerlo, pero de nada sirve asustar si en cambio puedes inspirar.

- Si te quedas, tendrás un empleo y la vida que quieras.

Ketchup vio a F como si por primera vez en la vida contemplara esa posibilidad.

- Yo no sé hacer nada, Señor F - respondió confundido el niño.

- De eso me encargo yo.

F dejó a Ketchup y caminó a los ascensores públicos. Bajó a la base del mega centro comercial y salió a la calle. No mucha gente caminaba en Abu Dhabi y los pocos que lo hacían siempre iban corriendo.

Su plan principal falló, pero aun F tenía muchas ideas. Pornactive era una empresa sólida, su viaje a ver al Libertador puso muchos ojos sobre él, pero aún nadie debía sospechar lo que F buscaba.

F pensó en el futuro mientras caminaba entre las calles frías de la ciudad. Los edificios habían crecido al punto que, en muchos lugares, el sol nunca llegaba. Es lo típico de ciudades que, de repente, tienen anormales ingresos de dinero. Cuando el Príncipe Mes...

- ¡Hey! - le dijo alguien por la calle - Tú, el del peinado ridículo.

F levantó la mirada del suelo y vio a la mujer más hermosa que la vida hubiera puesto en su camino. Su cabello iniciaba rojo oscuro, pero en el medio se transformaba en dorado y terminaba en un azul eléctrico en las puntas. Era largo, lacio y delgado, como pintado con acuarela. Sus ojos eran oscuros, pero no negros. Grandes y brillantes. El color de sus cejas la delataba peliroja. Ligeras pecas manchaban sus mejillas.

- ¡Hey, despierta! - sacudió aquella mujer a F - ¿Quieres ayudarme a volar una cometa?

El cerebro de F entró en corto. Su voz tenía un dulce acento francés. Sus labios eran delgados. Llevaba una blusa holgada pintada con un cuadro de Van Gogh que le dejaba al descubierto el hombro izquierdo. Un sostén de color púrpura eléctrico. Shorts de jean que no le veía usar a alguien desde antes del 2020. Botas militares mal amarradas. Una mochila gigante de la que salían palos, cuerdas y rollos de plástico. Un caro reloj de hombre. Una mirada de falsa inocencia.

Este no era el lugar, ni el momento, ni la persona, ni la ciudad, ni nada. Pero F no podía dejar de mirarla. La sobrecarga de estimulantes que vivió por probar los prototipos de Pornactive había arruinado su química cerebral empática. Pero esta mujer lo recargó de dopamina, oxitocina y serotonina como no sentía desde sus más locas fiestas en Stanford.

- ¿Tú sabes quién soy yo? - le preguntó F.

- ¿Un tipo aburrido sin nada que hacer?

Ella parecía el tipo de persona que no ve las noticias.

- No, tengo demasiado en qué pensar y no puedo ayudarte. - Te vi pasar dos veces desde el café de esa esquina. Estás caminando sin rumbo, dando vueltas, mirando al suelo. - Ella sonrió coqueta - No tienes "demasiado qué hacer", ayúdame a elevar mi cometa.

Esto era ridículo.

- ¿Qué es una cometa? - preguntó F resignado.

- Genial - dijo ella riendo - ¡Ven!

Ella lo tomó de la mano y empezó a correr. Había un mundo afuera que necesitaba a F. Bastardos con poder para aplastar. Planes que desarmar. Justicia que entregar. Emails que responder. Un niño mexicano con una pieza clave en su cabeza. Pero no, estaba corriendo de la mano de una mujer que seguro ni móvil tenía, camino a un futuro que desconocía.

F sintió una sensación que creyó perdida. La adrenalina de la emoción.

La chica dejó de correr al llegar a un edificio monolítico, más alto que donde vivía F. Entró al ascensor y oprimió el botón del último piso. F contempló la posibilidad que un helicóptero estuviera arriba, con varias personas armadas, esperando a secuestrarlo a cambio de dinero. Pero la mano sudorosa y la alegría contagiosa de su acompañante sólo lo hacían querer vivir más el momento.

El techo gigantesco del edificio era un lugar increíble. Una pradera. Verde césped contrastado con muchas espigas de trigo en una gran área. Paredes de vidrio reforzado rodeaban el lugar y a los alrededores sólo se alcanzaba a ver las puntas de los más altos rascacielos de la ciudad junto a árboles, flores y arbustos.

- Co... ¿Qué es este lugar? - preguntó F.

- Está en todos los folletos de turismo de Abu Dhabi - se burló la chica, como si fuera algo obvio.

Ella empezó a descargar su mochila, extendiendo varas de madera, hilo blanco y mucho plástico de color rojo translúcido. F recordó que no tenía idea qué hacía ahí.

- ¿Qué es una cometa?

- ¿En serio? - le preguntó ella ofendida mientras extendía el plástico sobre el suelo - Tiene muchos nombres en otros países, pero es básicamente un juguete que vuela.

- Creo... recordar el concepto.

- Felicidades. Ahora ayúdame con esos palos. Necesitamos hacer una forma de diamante para poner el plástico sobre ellos.

F decidió que aquella chica era un misterio a resolver.

- ¿Entonces este es tu pasatiempo?

- Elevar cometas es genial, te encantará.

- No. Buscar hombres solos por la calle e invitarlos a acompañarte.

- ¿Crees que te hablé por hombre? Te hablé por aburrido. En esta ciudad todos están ocupados y apurados. Tú no. Si fueras mujer te lo habría pedido igual.

- Entonces no me conoces y me hablaste porque caminaba más lento que el resto.

- Así es. Ahora ayúdame a extender este hilo. ¿Cómo te llamas?

Si ella no sabía de él, de su empresa, de su avión, de su mala fama según los medios, F no veía por qué cambiar eso.

- No es importante mi nombre ¿Cómo te llamas tú? - Entonces mi nombre no es importante tampoco - le dijo ella, sacando la lengua.

F terminó de desenredar la bola de hilo mientras ella amarraba pequeños nudos a las varas de madera. Por más extraña y misteriosa, F no era fan de no tener información. Decidió obtenerla por su propia cuenta.

- ¿Tu padre murió y lo amabas, verdad?

La chica se detuvo y su expresión de ausente felicidad cambió por una de auténtico impacto. Miró perdidamente a la nada y le habló a F con un acento francés aún más marcado que antes.

- Eso es verdad para cualquier persona después de cierta edad. No es raro que los padres mueran y no es raro que amemos a nuestros padres.

- Así es - comentó F - Pero en tu caso es cierto. Todo lo que llevas es de viajera, pero ese reloj es demasiado caro, antiguo y masculino.

- ¿Cómo sabes que no es de algún novio que le gustan las antigüedades?

- No lo es. Lo usas todo el tiempo. Estás bronceada toda, excepto en la muñeca.

- Está bien, es verdad, amaba a mi padre. - le respondió, retomando su acento original - Y sí, murió. En el 2020, de hecho.

- ¡Wow! - exclamó F.

Jamás creyó encontrar a una ciudadana americana con acento francés, sobreviviendo al holocausto

- ¿En qué ciudad?

- New York. Mi madre es francesa y yo estaba en París ese día. Él estaba con mi hermana, trabajando. ¿Podrías ayudarme a templar el plástico? Es trabajo de dos.

F decidió no hablar mucho más. A ella le afectó hablar de su padre y su alegría del principio ya no era tan marcada. Pero tras varios minutos de trabajo, no podía soportar más el silencio.

- Yo estuve allá, en el 2020.

- ¿En dónde?

- En Estados Unidos.

Los ojos de ella crecieron más de lo que él creyó posible. Ella lo miró con el asombro que se ve una aurora boreal. Se le acercó ligeramente y tomó una de las manos de F, mientras le preguntó.

- ¿Cómo? ¿Cómo sobreviviste?

- Por mi hermano. Él es un piloto. Estábamos en un avión en ese instante y volamos lejos de las explosiones en el momento justo.

- Nunca había visto un sobreviviente fuera de los refugiados. Fui voluntaria ¿Sabías? - F no sabía - Viajé más joven a Estados Unidos a ayudar a la gente. Construir casas, pozos de agua, centros de auxilio. Repartí medicina antiradiación, limpié... Bueno, tú sabes cómo es. - F sabía de la vida horrible de los pocos sobrevivientes - Nunca vi antes a alguien que tras estar allá tuviera una vida... normal.

- Oh, no tengo una vida normal. Créeme.

Ahora ambos se turnaban en fijar los bordes plásticos al marco de la cometa. El ánimo de ella había regresado un poco. F decidió aventurarse con más datos.

- ¿Tu padre y tu hermana? Seguro eres la mayor, ¿Verdad?

- ¿Eres un detective?

- ¡Eres la mayor!

- Sí, Alizée era mi hermana menor. Era una niña en el 2020. Y tú, tu también eres el mayor.

- OK, ¿Cómo supiste?

- No lo hice, cincuenta por ciento de probabilidad es una buena apuesta. ¿Cómo supiste tú?

- Jeje. También me gusta apostar.

Esta chica era demasiado interesante para ser una viajera sucia y hippie.

- Sí, soy el mayor. Andrés es mi hermano menor.

- Oh, ahora sí me dices nombres.

- Tú me dijiste el nombre de Alizée. Estamos a mano.

La chica terminó los nudos del cuerpo de la cometa, extendió a F la cuerda principal y revisó que la tensión del plástico fuera correcta. Se lamió un dedo, sintió la corriente del viento y le dijo a F que dejara correr cuerda entre sus manos hasta que ella le gritara que jalara.

F se ubicó en posición y ella empezó a correr con total entrega en dirección del viento, con la cometa alta en su mano. En un punto le gritó a F y soltó la cometa. F jaló la cuerda tan fuerte como pudo y ésta empezó a tomar vuelo, pero lo perdió rápidamente. F jaló más y más fuerte y se dio cuenta que en su memoria muscular estaba esto, pero no recordaba haberlo hecho antes.

La chica corrió a toda velocidad a F, lo empujó con el hombro, tomó la cuerda y jaló con mucha más habilidad. La cometa tomó vuelo y empezó a subir más y más alto.

- Me tienes que decir tu nombre. - le ordenó F.

- No, no tengo.

- Me llamo F.

- Nadie se llama F.

- Yo sí.

- OK.

- Oh no, nada de OK. Me tienes que decir cómo te llamas ahora. Yo te lo dije, es cuestión de honor. Más ahora que la cometa vuela.

Ella soltó la cuerda y la cometa tomó más vuelo. Y más, y más. Hasta que no hubo más cuerda y la cometa se soltó y siguió volando por si sola, fuera del alcance de ambos. Ella dio la vuelta, miró de frente a F y le dijo con una ligera sonrisa, como si quisiera que nunca lo olvidara.

- Juliane.

F miró a Juliane y dijo su nombre con sus labios sin realmente hablar. Juliane. Se llama Juliane. ¿Hace cuantos años no sentía algo así? ¿Cinco? ¿Todos? F intentó acercarse a Juliane, pero ella dio la vuelta y fue corriendo a su mochila a buscar algo, apurada.

- Agh, mi móvil no tiene batería ya ¿Qué hora es?

¿Un móvil sin batería? ¿En ésta época? Aunque a F le costaba creerlo, sus funciones mentales estaban seriamente limitadas. F sacó el móvil de su bolsillo y vio que habían pasado casi tres horas desde que aterrizó en Abu Dhabi. También vio tres mensajes de Andrés con "el doctor ya vino, ven rápido, querrás saber esto".

F volvió a la realidad.

- Es casi el medio día.

- Oh, ¡merde! Mi vuelo me va a dejar ¿Me dejas hacer una llamada?

¿Vuelo? ¿Qué? F no reaccionó. Ella sólo se le acercó y tomó el móvil de sus manos. Marcó un número y empezó a hablar francés con alguien. Un vuelo, F no la vería más. Ella se iba ya. Tenía que haber alguna forma. ¿Llevarla en el scramjet? ¡No, eso es estúpido! Nadie puede entrar al scramjet ¿Alquilar un jet privado? ¡Eso! ¿Pero de quién? ¡No importa!

Mientras F pensaba, una parte de su mente se reactivó y escuchó la conversación de Juliane.

"Todo salió muy bien, mejor de lo que esperaba. No puedo esperar a verte. Recógeme en el aeropuerto y ten todo preparado. No olvides este número. Besos."

Oh.

Ella colgó y devolvió el móvil. F lo tomó y le dijo.

- ¿Novio esperándote en casa? ¿Esposo? ¿A quién no puedes esperar ver?

- Oh. El señor F sabe francés.

- Y árabe, español, inglés, japonés, mandarín, alemán e italiano.

- Oh la la, pero te gano por dos.

- ¿Novio? No creo que esposo, a menos que lleves un buen tiempo sin anillo.

- Ni novio, ni esposo. Es mi compañera de cuarto. ¿O parezco el tipo de persona con novio esperando en casa?

Ella no parecía ningún tipo de persona y eso enloquecía a F.

- Lástima que hoy te vas de mi ciudad.

- Vi más de lo que planeaba - respondió ella mirando al cielo, donde la cometa aún volaba lejos - Y seguro que mi trabajo me hará volver.

- ¿Y si quiero volver a perder una mañana de trabajo yo, elevando una cometa, cómo te lo hago saber?

- Ah, pero F, yo no me voy a París. Y al número que llamé desde tu móvil es mi número del trabajo. Ya ambos estamos muy bien conectados.

Juliane empacó todo, cargó su mochila, amarró sus botas y corrió a los ascensores, dejando a F solo en aquel techo. F no estaba acostumbrado a manejar a alguien como ella y con toda seguridad quería acostumbrarse. Decidió gritarle en japonés

- Ojalá nos volvamos a ver pronto.

A lo que ella respondió en sueco.

- Lo haremos, te lo juro. - sin que F entendiera nada.

Y se fué.

Le tomó a F una hora volver a su hogar. Al llegar al techo de su edificio, camino a su ascensor privado en el helipuerto, vio al cielo y volvió a ver aquella cometa, apenas un punto rojo a punto de desaparecer en el horizonte. ¿Podía ser que en este mundo horrible existiera Juliane? F recordó lo que le dijo del teléfono, abrió su móvil y guardó el último número marcado como "J".

Pasó el detector de radiación, el desinfectador, el detector de agentes biológicos y caminó hacia la sala. Al entrar, vio a Andrés sentado en uno de los sofás, viendo a la pantalla gigante de la pared con preocupación. Hace cinco minutos, Interpol había anunciado en toda la web un comunicado respecto a F, Pornactive y el Holocausto. En ese instante, empezó.

"-- Hace seis meses, nuestros infoarqueólogos en las ruinas de Nevada lograron descifrar la existencia de un avión militar prototipo de Estados Unidos que sería desvelado justo el día del Holocausto. Entre el material recuperado están videos de de formatos obsoletos o inexistentes, que tras semanas de trabajo hemos logrado recuperar. Las imágenes muestran a un hombre, en una de las más protegidas instalaciones del viejo país, disparando y asesinando a un soldado y, lo que parece, robando el avión experimental --"

Una agente de la interpol, impecablemente vestida, de sastre azul oscuro, falda ceñida, medias veladas.

"-- Todas las personas en este video murieron, excepto por dos que hoy confirmamos que siguen vivos. El conocido F de Pornactive y quién hasta hoy no habíamos podido confirmar su existencia, su hermano y piloto de la extinta Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Andrés... --"

Ojos oscuros, pelo recogido en una perfecta cola de caballo. La parte de arriba rojo, el resto azul opaco ante la luz de la cámara.

"-- ... ante estas nuevas pruebas estamos anunciando la congelación de fondos en la Unión Europea de la empresa Pornactive y su fundador, acusados no sólo de evasión de impuestos, sino de posibles delitos de lesa humanidad y posible colaboración en los hechos del Holocausto. Nuestras investi... Un momento... --"

La agente vio a su móvil con preocupación, en medio de la transmisión, escribió algo en él y volvió a ver hacia la cámara.

"-- Esto es todo por ahora. Esta transmisión es de dominio público y puede ser retransmitida y replicada en todos los medios en la web. Soy la Agente Especial de Interpol, Juliane Deckard."

La pantalla quedó en negro y luego se llenó de pulsos y mensajes de personas enviados a F y a su empresa. F se sentó en el sofá junto a Andrés y miró a la nada.

- ¿¡Quién carajo es ella!? ¿Sabías de esto, F? - gritó Andrés.

- Volé una cometa con ella esta mañana.

Andrés volteó a mirar con confusión a F mientras él permanecía incrédulo en el sofá. De repente, un mensaje en su móvil resaltó por encima del resto. Sin pensar lo abrió y leyó rápidamente.

<J> Te van a matar. Francotirador. Aléjate de las ventanas y sal de ahí ya, ya, ya. 

(Sigue leyendo, capítulo 4: Velocidad del sonido)