(Capítulo anterior: 14: No hay justicia)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

Dos masivos portaviones, las máquinas más complejas de la Tierra, recibieron ordenes desde Hawaii. Mensajes cifrados con un algoritmo irrompible y transmitidas por un tipo de señal de radio que, al día de hoy, seguía siendo secreto.

Todos los F-22 y F-35 volaron de sus barcos, aviones con fuertes modificaciones para evitar hackeos remotos, en especial de sus componentes chinos.

Los cruceros y destructores del grupo de combate de ambos portaviones lanzaron cientos de misiles supersonicos. Algunos usados por primera vez en la historia. Con destino a las costas de China, Filipinas y Taiwan.

Decenas de submarinos cazadores abrieron al máximo sus sistemas de detección enemiga. Listos a hundir el mínimo rastro de una maquina que no fuera de la Marina de Estados Unidos.

Lejos del grupo de combate, escondidos en las profundidades del pacífico norte y del mar al sur de China, varios submarinos balisticos americanos esperaban. Sus comandantes asustados, pero preparados. Si pasara lo peor, lanzarían sus armas nucleares.

-

- ¿¡Todas las baterías destruidas!? - gritó la secretaria Li, de la Federación China, a una voz que le habló al discreto implante en su oreja.

F recorría Beijing a toda velocidad junto a la secretaria. Ambos a bordo de una camioneta Chery que, por su blindaje y tamaño, bien podría ser un tanque. Escoltados por tres camionetas más, llenas de soldados, guardaespaldas y el Presidente de las ruinas de Estados Unidos, John Koch.

La secretaria gruñó con ira y desplegó un mapa del Pacífico en las pantallas de la camioneta. F intentó entender qué pasaba. ¿Otro ataque terrorista al mismo tiempo?

- Señora Secretaria - dijo F con sarcasmo, en mandarín -. Estoy feliz de colaborar si me necesita. Tenemos un trato.

F vio a la Secretaria activar un mapa de las costas de China, Taiwan y la recientemente "alineada" Filipinas. Con muchos puntos rojos, pero algunos en verde. ¿Para qué necesitaban un mapa tan grande de toda China?

- ¿Cuál era el plan después de suicidarte y matarnos a todos, F? - preguntó Li Zhang - ¿Invadir Beijing? ¿Destruirla? ¿Crear el segundo 9/11 que tus aliados de la US Navy siempre soñaron?

F de repente entendió. En los pasados dos meses, cuando decidió aliarse con la Célula US Navy de Beijing, sabía que ellos no sólo querían ayudarlo a vengarse. Habia un plan más grande. F y Ketchup aceleraron un gran plan de la marina.

Pero los "patriotas" de la US Navy nunca le confiaron el plan. Aún creían que F era un traidor. Eso decía la propaganda de la Unión Europea. Sólo lo ayudaron gracias a las memorias de Ketchup y el disco duro de su avión suborbital.

La idea de explotar a F y a la Secretaria Li al tiempo sonaba a un plan sin riesgos para los marines. Lo único que tenían que hacer era proteger a Ketchup después.

Eso era todo lo que F sabía. No tenía nada de información nueva para la Secretaria Li Zhang de la Federación China. Pero él no podía confesar eso.

- Oh, je je - rió F de repente -. Es un bombardeo masivo desde el mar ¿No es así? Destruyeron tus baterías de misiles DF-21.

La secretaria miró a los ojos de F, sin parpadear.

- ¿Ese es el plan de tus amigos? - preguntó ella.

- Aliados temporales, no amigos. Y no tengo idea, pero ustedes dan mucha publicidad al misil anti-portaviones que crearon. El DF-21. Si yo fuera el Comandante de la Flota del Pacífico y quisiera herir a China, destruiría eso primero.

- Tu "marina" nunca ha arriesgado sus grupos de combate en ofensivas. ¿Cuál es el plan?

- No tengo idea. Los terroristas competentes funcionan en células y la mia no sabía nada - aunque era F al que nunca le dijeron nada -. A juzgar por tu mapa, tu tampoco sabes ni donde están.

La secretaria no respondió, ni cambió de expresión. Un rostro de poker perfecto. Pero para F, eso en sí mismo era confirmación.

- ¿No sería genial que aún tuvieramos satelites en órbita? - preguntó F con sarcasmo.

- Te conviene ayudarme, F - razonó Li -. Salvarás muchas vidas y tendrás la oportunidad de usar Mjolnir. ¿No quieres a los verdaderos culpables del 2020?

- Por supuesto que te ayudaré - aseguró F, cambiando a inglés -. Creo aún poder contactar a mi célula, pero necesito mi movil.

--

Juliane recibió una llamada urgente por el canal ultra-cifrado del submarino S908 Barracude. Era Camille, su pareja y comandante.

- Sin duda es la Tercera y la Septima Flota del Pacífico la que abrió fuego contra China ¿Encontraste algo? - preguntó la Comandante de Operaciones EMEA de la coalición Interpol/OTAN.

- Desplegamos todos los drones de supercavitación a diferentes profundidades en 360 grados - explicó Juliane -. Tengo un radio de 500 kilómetros vigilados. No hemos visto un sólo submarino nuclear aún.

- Julie, tenemos que cazarlos. Si la Marina de Estados Unidos, después de tantos años, decidió atacar...

- ¡Lo sé! ¡Otro Holocausto! - gritó Juliane -. Pero ellos pueden seguir invisibles por meses si quieren. Para cubrir todo el pacífico necesitas veinte Barracudes. Hago lo mejor que puedo.

- Lo sé - admitió Camille.

- ¿Para eso llamaste?

- No. Tengo información delicada. ¿Sigues en contacto con F?

- Sí, creo.

- Sabemos donde están dos de los portaviones de la US Navy.

- ¿Qué carajo?

- La Unión Europea autorizó el uso de la red de nanosatélites para... - Camille suspiró -, para ayudar a la Federación China a detener la amenaza terrorista.

- Mierda Camille. Así fue como rastreaste los restos del Scramjet de F en Dubai, ¿Verdad?

- Obvio. Y no podemos admitir que la red existe. Hay que entregar esta información sin que nos comprometa. Tú eres la mejor para esto.

- Quieres usar a F.

- Yo entiendo que no te gusta la...

- No, es brillante. El idiota es un egoísta, egocéntrico y ultra-inteligente sociopata. Hará lo que sea por salvarse. Yo me encargo.

- Wow. OK. Te enviaré el vector de movimiento actualizado cada veinte minutos. Buena caza.

Juliane cerró el enlace con Paris y volvió a su móvil, esperando un mensaje de texto que aún no llegaba.

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Veinte aviones de combate J-25 y diez J-31 volaban al doble de la velocidad del sonido por el Oceano Pacífico. Kilometros de distancia separaban a cada nave. Los pilotos buscaban, desesperados, una gran formación de embarcaciones militares.

Sus cascos proyectaban información en realidad aumentada, sobre una imagen falsa del mar. Marcando botes pesqueros, yates de lujo y hasta algunas de las casi extintas ballenas tras el Holocausto.

Sus radares irradiaban incansables, buscando en el horizonte la amenaza terrorista más grande del planeta.

El teniente Wang Genhua soñaba con este momento. Sus dedos temblaban ante la idea de descargar su arsenal contra los míticos "invencibles" portaviones americanos.

Sus ordenes eran destruir cualquier barco militar, pero él quería un portaviones. Quería venganza por la toma de Okinawa. Por la bomba al Taipei 101. Por la emboscada al Buque Liaoning. Wang haría a esos yankees de mierda pagar por todo.

Mientras Wang pensaba en la victoria y concentraba su atención en el mar, no notó la alerta de aproximación desde arriba. Ni reaccionó cuando tres misiles AMRAAM llovieron sobre su avión.

El software del J-31 disparó contramedidas automáticas. Wang, por instinto, movió de golpe el avión, pero la velocidad lo desestabilizó y perdió control. Uno de los misiles hizo impácto y, una vez más, el sofware intentó salvar su vida, expulsandolo del avión.

Pero el AIM-120 AMRAAM es un hijo de puta de misil. Al estallar, dejó una nube de metralla que llenó de agujeros al piloto. Antes de perder la consciencia, el Teniente Wang Genhua miró al cielo. Lo último que vio fue un escuadrón de aviones americanos a increíble altura, disparando sin parar.

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<J> ¿Donde estás? [enviado hace 12 minutos]

Juliane no podía dejar de mirar los mensajes de texto en su móvil. Su submarino se movía silencioso, pero veloz, camino a las aguas de Filipinas, a cazar amenazas nucleares.

<F> Wow, disculpa por no contestar antes. El valiente guardían de la secretaria Li me había quitado el móvil. 

<J> ¿Sigues en el auto con la secretaria?

<F> En primera fila de la Cuarta Guerra Mundial. 

<J> ¿Tú causaste esto?

Hubo una pausa. Juliane sentía que su corazón estallaría. Tras varios segundos, recibió, en vez de una respuesta, una foto. Una selfie. F con el peor aspecto del mundo, y la secretaria.

<F> Sí, estoy con Li Zhang. No, no causé esto. Yo quería vengar la muerte de mi hermano con una bomba pequeña. Como un caballero. No una guerra total. 

<J> ¿TU CAUSASTE LA PRIMER BOMBA? ¿ESTÁS TRABAJANDO CON LA US NAVY?? ¡Y YO CÓMO IDIOTA ENVÍE TRES AGENTES A RESCATARTE!

<F> Uh, sin mayúsculas por favor. Sí, sí, intenté matar a la secretaria, pero es una etapa superada entre Li y yo. Además, tus tres agentes la rescataron, junto con el Presidente de Estados Unidos. Seguro te dan un ascenso. Más cuando tus chicos encuentren la otra bomba. 

<J>  Ni Bertrand ni sus hombres han encontrado la bomba termobárica que mencionaste.

<F> Que bueno, porque por acá, el glorioso ejército Chino tiene una nube de drones anti-bombas en el cielo de Beijing. Y no encuentran nada.

No había tiempo. Juliane tenía que creer en su instinto y en cuanto conocía a F.

<J> F, espero que sólo tus ojos estén leyendo esto.

F tardó en responder un rato.

<F> Sí, te lo juro por aquella cometa en Abu Dhabi. Li está ocupada micromanejando una guerra y su guardaespaldas está concentrado en coordinar los drones. 

<J> Tengo información especial que puede parar esta guerra. Usala. 

Juliane le envió las coordenadas de los portaviones americanos. Salió de su consola, caminó al capitán del submarino y le susurró ordenes al oído.

- Señor Gustave, necesito que subamos a la superficie y me preste uno de sus helicopteros. Con mucho, mucho combustible. Tengo ordenes prioritarias desde Paris.

- Tendré un piloto listo en un minuto, Agente Deckard. ¿A donde irá?

- Beijing.

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F sintió frío recorrer su columna vertebral. Ni Li Zhang ni su guardia leyeron el mensaje de texto con el vector de posición del Nimitz y el Enterprise. Dos super portaviones de la Tercera Flota de la US Navy en el centro del ataque a China.

F memorizó las posiciones y borró a toda velocidad los mensajes. Juliane sin duda quería que él compartiera esto con los chinos. Pero en secreto. ¿Cómo puede Juliane rastrear lo que la Federación no puede?

!Satélites! No, imposible. ¿Más aviones suborbitales cómo el de él? No, los radáres del USS Enterprise los habrían detectado y derribado. ¿Submarinos de ciencia ficción? Quizás. No importa. Ahora F tenía una carta para negociar.

Gracias Juliane, te amo.

- ¿Señora Secretaria? - preguntó F a Li, tratando de llamar su atención

- F, ¿Tienes algo? Un escuadrón entero de nuestros más avanzados jets fue aniquilado sin ni siquiera encontrar un rastro de los malditos yankees. Necesito buenas noticias.

- Ya logré desencriptar la información de contacto con mi célula de la US Navy - mintió F -. Puedo llamarlos e intentar obtener inteligencia de la bomba o del ataque.

- ¡Al fin! No preguntes, hazlo. Pero pon la llamada en altavoz.

F abrió una oscura aplicación en su móvil. Un software de código abierto de llamadas seguras, irónicamente creado por programadores chinos. La señal salió de las picoantenas escondidas en la camioneta, rebotó en postes de luz, microondas, juguetes y móviles. Recorrió el continente dos veces. Llegó a un lugar secreto del blockchain. Descifró una llave oculta. Usó la llave para llegar a un apartamento a las afueras de Hangzhou, donde el móvil de un soldado encubierto de la Marina de Estados Unidos contestó.

- ¿Cómo mierda es posible que estés vivo, F? - preguntó el Sargento Duncan Hernandez, furioso.

- Tu primera bomba claramente no fue suficiente - explicó F -. Suena más a tu culpa que mia.

- ¡Tres baterías de misiles tierra-aire destruidas! Sólo logramos disparar un cuarto de las municiones a tu objetivo. No puede ser coincidencia, F. Tú nos vendiste y coordinaste con alguien para que las destruyera.

- He aquí una versión alternativa - razonó F -, ustedes son incompetentes y no escondieron bien sus juguetes. Cuando planeamos todo, acordamos usar dos bombas. Nunca nada de lanzamisiles.

- Esto lo va a pagar tu Ketchup.

- Tranquilo Hernandez. Piensa. Yo cumplí. Publiqué todos los datos de las naves suborbitales chinas. Ahora pueden pelear contra ellas, como lo prometí. El mundo entero sabe la verdad. ¿Tiene lógica que hiciera eso y quisiera traicionarlos?

El soldado no respondió.

- Aún tienen la termobárica, ¿Verdad?

- Sí, en posición.

- Yo estoy encerrado atrás de unas de las camionetas del convoy que escapó de la casa de té. Los idiotas creen que estoy inconsciente y me arrojaron acá sin ni siquiera quitarme el móvil.

- ¿Lo que bombardeamos fue una casa de té?

- No te preocupes por eso. Nuevo plan. En cuanto el convoy pare, te enviaré mi posición, tu envías tu camioncito con la bomba. Yo me muero, la Secretaria muere. Hey, olvide contarte, John Koch está acá, masiva victoria si también matan al títere presidente.

Hernandez gruñó y habló a alguien lejos del móvil.

- Bien - declaró el Sargento Hernandez -, prepararé a los...

- Espera, espera - interrumpió F -. Ustedes no le tienen mucho respeto a los derechos humanos. Jurame que cumplirás tu promesa.

- No le va a pasar nada a Ketchup y estará en un transporte camino a Francia.

- ¿Cómo sé que no le hicieron daño ya? Dale el móvil, dejame hablar con él.

- No.

- OK. Yo seré arrestado al llegar a donde sea que me lleven. Seré un héroe por la información que filtré a Internet. Viviré como un rey en la cárcel. Tú no habrás logrado nada en la vida y tu comandante de célula te colgará de los huevos. O... me dejas hablar con Ketchup.

El Sargento Hernandez escupió al suelo. En la llamda, un eco de pasos se escuchó y la voz de un niño habló.

- ¿Señor F?

F sintió su corazón volver a la normalidad. Ketchup estaba bien.

- Hola Emilio, ¿Has aprendido algo nuevo hoy?

- Sí señor F. Sigo estudiando de matemática discreta. Es tan fácil como usted me dijo que lo sería.

- Bien, sigue mi plan de estudios y serás un emprendedor en poco tiempo.

El sonido cambió y el Sargento volvió.

- Envía tu posición. Ayuda al pequeño Ketchup. Cumple el plan.

- No tengo ganas de morir de viejo, Hernandez. Prepara todo.

F colgó y sonrió. Ketchup estaba con vida. Ketchup tenía el móvil que F le regaló en sus manos. Y Ketchup respondió la palabra secreta. Plan D.

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Ketchup dio la espalda al Sargento Hernandez y se acostó en el colchón del piso donde llevaba meses durmiendo. Encerrado en un apartamento pobre de Tianjin, recordó las palabras de F. Si él decía "Emilio", el plan había cambiado y los marines eran enémigos. Si él respondía con "discreto", F sabría que él aún tenía el móvil en su poder y no tenían que pasar a plan E.

Los marines habían revisado el móvil del niño, asegurandose que su antena P2P estuviera desactivada. Pero por si acaso, lo encerraron en un cuarto con paredes gruesas y pintura de plomo. No había tiempo para una jaula de Faraday real.

Pero F, un mes atrás, había hackeado los viejos portatiles de los marines. Portatiles tan viejos que aún tenían antenas WiFi de 2.4Ghz y un sistema operativo lleno de huecos. Huecos cuyo trabajo era explotar en su juventud.

Ketchup marcó 2501 en el móvil y este activó su secreta y olvidada antena WiFi. La señal atravesó las paredes como sólo 2.4Ghz podía. Llegó a varios portatiles que ejecutaron scripts de F. El código trianguló su posición, creó un par de coordenadas y las envió en pulsos cifrados por Internet P2P al correo de Juliane Deckard. Agente de Interpol.

Ketchup estaba asustado, pero feliz. Si el plan D estaba en curso, la situación cambió. F ya no iba a sacrificarse. Su mejor y único amigo iba a sobrevivir.

--

<F> Revisa tu email, J. 

Juliane estaba sentada en la silla de copiloto del Helicóptero Espéctro menos armado del mundo. El piloto y varios mecánicos trabajaban a máxima velocidad para sacar sillas, ametralladoras, mísiles y cualquier carga innecesaria. Tenían que volar tres mil kilometros a Osaka, invisibles. Ahí recargar combustible y luego dos mil kilometros a Tianjin.

En medio de una zona de guerra. Sin armas. Sin poder ser detectados ni por la US Navy ni por la Armada del Ejercito Popular de la Federación China. En una zona activa de guerra. A máxima velocidad. Esperando que Camille no se enterara.

Juliane abrió su email y encontró el regalo de F.

<< Si estás leyendo esto, mi plan falló. Quizás estoy muerto. Quizás estoy arrestado. Intenté buscar la verdad del Holocausto toda mi vida y fallé. No importa. Sólo en ti puedo confiar esto. 

Ketchup, el niño que conociste en Dubai, está en peligro. La célula de los marines en Beijing lo tiene secuestrado. Es mi culpa, soy un imbécil, egoista, hijo de puta. Ayudame a que su vida no se pierda en vano. 

A este email, cada cinco minutos, te llegarán coordenadas actualizadas de donde creo que él está. En el peor caso, encontrarás a los terroristas que lo mataron.

Rescatalo. O vengalo. No por mi. Él merece una buena vida.>>

Juliane estaba muy, muy confundida.

<F> ¿Lo leíste?

<J> wtf?

<F> Sí, sí, ese era el plan D. Ahora estoy en D, versión 2. 

<J> ¿No sería entonces el plan E?

<F> Oh, no. El plan E es muy violento. Dejemoslo en D2. 

<J> Explícate. 

<F> Lo que dice el email es verdad. Excepto que yo estoy vivo. Le daré las coordenadas de los portaviones a la secretaria Li. Sin delatar a tu Unión Europea. Con una condición. 

<J> ¿Que rescate a Emilio?

<F> Ketchup, sí. Que rescates a Ketchup. Envía a Bertrand y sus agentes ya mismo. Los necesitará para acabar con la célula. Están muy armados. 

<J> Son dos grupos de combate en el mar, F. Dos portaviones. Dale a la secretaria el primero y tienes un trato. 

<F> No. Envía a Bertrand y yo daré las coordenadas. 

<J> El bombardeo de la flota americana es demasiado avanzado. Podrías morir si no los detienes. 

<F> No me importa. Rescata a Ketchup primero. 

Juliane no lo podía creer. A F le importaba alguien más que él mismo.

<J> Está bien. Confiemos ambos. Hablaré con Bertrand ya mismo. Tú cumple y da las coordenadas ya mismo a la secretaria. Y mantenme informada de donde estás. 

<F> ¿Cómo sé que lo harás?

<J> Tu mismo lo dices en tu email azucarado. En mi puedes confiar. 

F no respondió. Juliane abrió un enlace con Bertrand y cambió su orden. Tenía veinte minutos para recorrer, con sus hombres, una distancia de hora y media, asaltar un complejo de apartamentos en Tianjin y rescatar a un niño.

--

- ¡Señora Secretaria! - gritó F en la apretada parte de atrás de la camioneta de Li Zhang.

- No me digas señora.

- Oh, creí que lo disfrutaba.

- Un poco - admitió Li, a lo que su guardia dio una mirada de desaprobación -. ¿Qué tienes para mi? La llamada con tu Sargento Hernandez no me dio nada útil.

- Era un truco para ganar tiempo. Mientras planeaba el atentado contra... ti... imaginé que algo podría salir mal y, para ese caso, instalé una puerta secreta en las maquinas de los marines.

Eso era verdad.

- Tengo acceso a sus comunicaciones.

Eso era mentira.

- Eso incluye el sistema que coordina objetivos con la Flota del Pacífico. Sé donde está uno de sus portaviones.

La historia llamó la atención de todos en la camioneta. Li miró a su guardia, el cuál dio ordenes subvocales a través de sus implantes. Pasaron varios segundos y el guardia volvió a hablar, ignorando a F.

- Los drones de la policia y el ejercito escanearon la Ciudad Perdida. Todos los civiles a dos kilómetros de distancia están siendo evacuados. Los tanques están terminando un corredor de seguridad hacia Zhongnanhai. Dos escuadrones vigilan el espacio aéreo. En veinte minutos terminará la evacuación y podemos llegar al centro de guerra.

F ahora entendía que él era más que un guardia.

- En veinte minutos, un portaviones puede desparecer - razonó Li Zhang -. Daré la orden desde acá, comunicame con el Comando Supremo.

Las pantallas tácticas de la camioneta cambiaron a una vista espacial de la Tierra. Con múltiples orbitas muy extrañas cruzando el Pacífico.

- ¿Qué tipo portaviones crees que es? - preguntó ella.

- No tengo idea - mintió de nuevo F.

La secretaria cacheteó a F y con ambas manos lo agarró de la cara. Ella miró profundo a sus ojos y habló lento y claro. Su aliento era muy agradable.

- Tú fuiste un alto agente de la CIA. Tan alto que pudiste escapar en un maldito avión experimental. En tu cabeza, estoy segura, están guardadas todas las especificaciones de la maldita marina yankee. Esta es la tercera o la septima flota. ¿Qué pórtaviones puede ser?

- !Un clase Ford o un clase Nimitz! Probablemente el Enterprise.

F dijo la verdad. No lo podía creer. ¿Qué brujería tenía esta mujer?

- Clase Ford, ¿Velocidad máxima de 60 kilómetros por hora?

- Aproximado -, respondió el guardia.

- Escribe las coordenadas acá - comandó la secretaria a F, apuntando a un teclado en pantalla.

F escribió las coordenadas y la dirección en grados que Juliane le envió. La secretaria hizo un cálculo y agregó un polígono de posibilidades basadas en la velocidad de la Flota. Luego abrió un canal de voz y dijo en el más formal mandarín.

- Li Zhang, secretaria general de la Federación China, al Supremo Comando del Ejercito de Liberación. Autorizado el uso del enjambre suborbital. Objetivo cargado. Ejecuten.

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En la suborbita de la Tierra, volando a ocho kilometros por segundo sobre el polo norte, una secreta flota de naves chinas recibieron ordenes. Los pilotos debían desplegar su paquete de armas más secreto. Diez naves abrieron escotillas y lanzaron múltiples cohetes, perdiendo por completo su factor de invisibilidad.

Los pilotos sabían que todos los ejercitos del mundo estaban escuchando. Que ahora sabían donde estaban. Sabían en particular que los scramjets del Turf de Abdallah llegarían a destruirlos. Todos compartieron una breve oración y se prepararon a combatir.

Si sus comandantes decidieron usar esta arma, valía la pena morir por la causa.

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A bordo del USS Enterprise, el Almirante Jeremy Hale supervisaba la más importante operación de su gloriosa Marina de Estados Unidos. Los misiles hipersónicos habían sido un éxito. Los "carrier killer" chinos que tanto temía no fueron más que un tigre de papel. Ni un sólo DF-21 se había acercado a su grupo de combate.

El renovado sistema AEGIS a bordo estaba haciendo un trabajo increíble detectando los jets chinos. Él había perdido ya la mitad de sus aviones, pero era aceptable. Cero submarinos perdidos. Cero destructores, cero portaviones.

- ¡Almirante! - gritó un técnico en el puente -. Uno de los rádares detectó varias señales de calor en órbita. Es una órbita imposible de mantener, coincide con la información que F filtró, la misma que reportó la célula de Beijing. Dispararon algo allá arriba.

- Ajá - aseguró Hale -. Los chinos usaron sus cazas suborbitales al fin. Increíble que F haya servido para la causa. Rastrealo, encuentralo y derribalo. Usen la electromágnetica del Zumwalt de ser nece...

De repente, un chillido insoportable se escuchó en el puente, acompañada por un brillo cegador. En el horizonte apareció una explosión gigante. Segundos después, la onda explosiva golpeó al USS Enterprise, haciendo temblar el puente del portaviones.

- ¡El Monsoor! ¡Monsoor fue destruido! No hay nada en rádar, señor. No hay ni siquiera, oh dios mio, qué es eso.

Lejos de la bola de fuego y humo que era el Destructor DDG-1001 Monsoor, una nube de micronaves volaba con un zumbido imposible de soportar. Como un enjambre de avispas asesinas. Invisibles al rádar. Casi indestructibles. Casi imparables.

- ¡Drones, drones! Cuatro en punto. Todas las baterías, enfoquen fuego. Coordinen a toda la flota. Todos los lasers, Phalanx, misiles, baterías, todo.

Un despliegue de luz y fuego iluminó el cielo. Lasers anti-aereos trabajaban incansables, destruyendo uno por uno cada drón. Pero eran demasiados. Muy pequeños, muy rápidos. El enjambre dio un giro imposible en el aire y avanzó contra otro barco de la flota.

- ¡Jesús! El Fitzgerald - dijo alguien en el puente, al tiempo que otra explosión aparecía a lo lejos.

- Todos fuera del puente. Corran al CIC. Y envíen autorización a los submarinos de usar sus cabezas nucleares. Si los malditos chinos quieren g...

El Almirante Jeremy Hale no pudo terminar su frase. Miles de cohetes diminutos, con el más avanzado motor miniaturizado del mundo y una punta de uranio empobrecido, asaltaron el portaviones. La armadura reactiva de la ciudad flotante reaccionó, pero no logró neutralizar ni al diez por ciento. El resto de los drones uso sus impulsores vectoriales para cambiar de dirección a toda velocidad y atravesar como mantequilla la embarcación.

El software de los microdrones los guió a fuentes de radioactividad, hasta encontrar el reactor nuclear del USS Enterprise y penetrarlo. La explosión fue espectacular. El mensaje a los submarinos nunca salió. Decenas de miles de vidas se perdieron en minutos.

Por primera vez en la historia, un portaviones de Estados Unidos fue hundido en combate no atómico.

Los cientos de drones que sobrevivieron la explosión volvieron a formar un enjambre y volvieron a su tarea. Destruir todas las naves del Grupo de Combate Número Once, de la Tercera Flota, de la Marina de Estados Unidos.

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- Oh. Eso funcionó - dijo la secretaria, en un tono casi aburrido, viendo a una pantalla.

- Dos minutos para llegar al nido - recordó el guardia.

- ¿Qué más tienes para mi, F? - preguntó Li Zhang.

- No mucho por ahora - aunque F seguía recibiendo las coordenadas de los portaviones, desde la Interpol, a través de Juliane -. Necesito seguir trabajando.

- Cada minuto que tardas, los scramjets del Turf se acercan a mis ángeles en órbita y sin ellos, no puedo usar este truco de nuevo.

¿Los cazas espaciales chinos? ¿Tenían armas anti-portaviones? Eso tiene sentido, pensó F. Son los que tienen mejor probabilidad de encontrar la flota. Aunque cualquier arma espacio-tierra que disparen los hará muy visibles.

Dos pensamientos llegaron a F. Las coordenadas de Interpol son legítimas. Y F acababa de asesinar a miles de personas.

Terroristas, pero personas. Soldados a los que hace una vida juró proteger. Aún así, F estaba sorprendido de lo poco que le importaba. Sólo su hermano estaba en su mente. Su sacrificio. Él le prometió buscar la verdad. Él y Ketchup... Ketchup. F volvió a su móvil.

<F> Un portaviones menos. ¿Y Ketchup?

<J> Bertrand está a un minuto de llegar al objetivo. Si tu información es buena. 

<F> Si tu agente es bueno. 

<J> Bertrand es el mejor. 

<F> ¿Debería sentirme celoso?

<J> F, por favor. 

<F> ¿Qué?

<J> ¡El mundo se está acabando! Y soy una mujer comprometida. 

A F, broma o no, le sorprendió lo mucho que le afectó leer eso. No respondió nada.

<J> Prometiste decirme donde estarás. 

<F> Estoy a un minuto de la Ciudad Perdida. A punto de llegar a Zhongnanhai.

<J> Bertrand me acaba de hablar. Llegaron. Apenas tenga a Ketchup, tú les das las segundas coordenadas a los chinos. 

<F> Por la paz mundial. 

--

Dos agentes de la Interpol se ubicaron fuera del apartamento, al lado de las ventanas. Bertrand llego a la puerta. Los sensores de sus trajes detectaron el movimiento de siete personas dentro. Seis adultos y un niño. Bertrand supuso que una célula terrorista en Beijing tenía que ser Fuerzas Especiales. Quizás DEVGRU. Fuerza letal era la única opción.

Bertrand ordenó a su equipo usar proyectiles de penetración. Los tres agentes plantaron cargas, eligieron objetivos y dispararon.

Los proyectiles atravesaron paredes, piel, craneo y cerebro de tres de los soldados. Tres explosiones ocurrieron coordinadas. Las dos ventanas con rejas cayeron, pero la puerta reforzada frente a Bertrand apenas se movió. Bertrand maldijo y puso otra carga. Podía escuchar a sus dos compañeros combatir dentro.

La segunda carga logró derribar la pesada puerta de seguridad. Al entrar, vio a una mujer gigante apuntar una escopeta al cuello de uno de sus hombres y disparar. El traje de infiltración protege de muchas cosas, pero no de eso. Bertrand disparó por reflejo y atravesó el chaleco antibalas de la mujer como si nada.

Una quinta explosión derrumbó el piso bajo Bertrand, que cayó al apartamento de abajo. ¿Una mina? Su traje absorbió el choque, pero notó su cuerpo temblar. Saltó de regreso al apartamento y vio su mapa táctico. Su segundo compañero seguía con vida y había rescatado al niño. Bertrand buscó en el apartamento y encontró, en el baño, al último adulto del grupo.

Un soldado, con uniforme de combate, un parche en el pecho que decía "Hernandez". Su mano derecha posada sobre el teclado de un viejo portatil de guerra. En su cinturón tenía varios ladrillos de C4, conectados a un botón en su mano izquierda. El Sargento Hernandez miró fijamente al Agente Bertrand, abrió su boca, gritó.

- DIOS BENDIGA A AMERICA.

Y oprimió Enter en el teclado del portatil. Nada pasó por un segundo. Bertrand reaccionó y disparó su pistola Five-seveN modíficada. El proyectíl destruyó el hombro del soldado, que soltó el botón, liberando una pequeña carga eléctrica en dirección a todos los bloques de C4.

Los trajes de infiltración de la Interpol son asombrosas piezas de ingeniería. Crean superhumanos y protegen de muchas cosas. Pero no una explosión en serie de C4 a tres metros de distancia.

--

<J> Tengo a Ketchup

<F> Tienes un trato entonces. Protégelo. Le daré las coordenadas a Li. 

<J> Bertrand y otro de sus agentes, Branting, murieron en acción. 

<F> J, no tienes razones para creerme, pero esto lo vale. 

<J> No tengo razones para creerte. 

<F> ¿Vienes hacia Beijing, verdad?

<J> Por supuesto. 

<F> ¿Seguiste mi consejo en Dubai? ¿El sintetizador del Doctor Phil? ¿Lo capturaste?

<J> Sí. 

<F> Lo vamos a necesitar. Traelo. 

<J> Sólo necesito arrestarte y todo se acabará. 

<F> Tú sabes que esta historia no termina así, J. Ya llegué a Zhongnanhai. No olvides el disco.

-

Hace casi un año, seis estudiantes de la Republica Bolivariana de América, en intercambio con la Universidad de Shanghai, liberaron un globo aerostático experimental a la atmosfera. Su objetivo era medir el éxito del programa de limpieza ambiental de la Federación China, recolentando datos por veinte meses.

Los globos metereológicos son aburridos. Nadie les pone atención, mientras sigan transmitiendo datos.

Los estudiantes entraron legalmente a China. Obtuvieron todos los permisos de ley. Sobornaron a los inspectores correctos y liberaron su globo de la forma más legal, aburrida y predecible.

Nadie notó que eran parte de la Célula de Beijing de la US Navy. Ni que en la jaula del globo se escondía una masiva bomba termobárica. Por eso nadie detectó el instante en que el Sargento Hernandez, antes de morir, envió la orden de liberar la bomba.

Ni cómo minutos antes, tras recibir la primer llamada de F, él dio la orden al globo y a su simple sistema de vuelo de reubicarse sobre la Ciudad Perdida.

La madre de todas las bombas salió de su jaula y encendió su motor. Todos los sistemas de defensa aérea de la Federación China la detectaron. Lasers derritieron múltiples capas de su armadura, micromisiles y drones intentaron desviar su rumbo, pero la cabeza explosiva sobrevivió.

El software a bordo de la bomba detectó que su destrucción era inminente y, a escasos cien metros de tocar tierra, decidió liberar el poder de once toneladas de trinitrotolueno. Llevandose consigo un tercio de la Ciudad Prohibida y las vidas de miles de soldados y funcionarios chinos.

El cerebro de F apenas vio un brillo que le recordó el Holocausto, antes que su cuerpo, y el de sus acompañantes a bordo de la Camioneta Chery, recibieran la poderosa onda de choque.

Por primera vez, en más de cien años, todo alrededor de la gran Puerta Meridiana en la Ciudad Prohibida, era silencio.

(Próximo capítulo 16: Procedimiento invasivo. Suscribete)

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