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Capítulo 7: Combustible

Capítulo 7: Combustible

(Capítulo anterior: 6: Mesías)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

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Juliane moría de calor y su disfráz no ayudaba.

Dos días pasaron desde que denunció a F. La opinión pública europea estaba de su lado y mientras así fuera, la agencia la apoyaba. Pero, en El Turf, F era un héroe. Amado por ciudadanos y asilados. Su siguiente pista era Dubai. Una ciudad donde el scramjet había sido visto demasiadas veces para ser coincidencia.

Entrar a Dubai era un reto.

Salir de Qatar es fácil, aún con el Turf vigilando los movimientos ilegales de Interpol en el país. Pero Dubai es una ciudad abandonada, bombardeada y cuyas calles y edificios yacen bajo toneladas de arena. Una joya de innovación y dinero sin control de la era del petróleo. Hoy enterrada, tormenta tras tormenta.

Dubai fue saqueada tras su colapso económico. Luego aislada por terratenientes y mini dictadores, exterminados por las Fuerzas de Defensa del Turf. Hoy, bloqueada por súper dunas de arena y vigilada por mar. Hogar de refugiados de India, Filipinas, Pakistán, Inglaterra y especialmente América.

- ¿Buscas trabajo? - le preguntó en turco un capitán de un barco pesquero a Juliane.

Ella no esperaba un turco de marinero en Qatar, pero Turquía construía los mejores barcos del Turf. Tenía sentido. Un operativo de la agencia, desde Europa, escuchó la conversación a través de sus oídos y le susurró la traducción por conducción ósea. Los implantes de infiltración subcraneales funcionaban a la perfección.

Juliane escribió en su móvil, en árabe, asumiendo que el capitán la entendería:

"Soy mudo. Busco trabajo y transporte. Tengo experiencia como marinero. Voy de regreso a mi familia en Muscat ¿Pasas por Omán?"

Juliane vestía una camisa blanca doble que escondía su pecho, un pantalón ancho, rayado de azul y doblado a la rodilla, sandalias y un turbante blanco que escondía su pelo. La agencia cambió su tono de piel al color canela del medio oriente, le agregó la barba de moda en Doha, pelo en los brazos, piernas y una falsa manzana de adán en el cuello.

Ser hombre era más seguro y fácil en el medio oriente. Pero aunque lo intentaron, era imposible que la voz de Juliane sonara diferente a una mujer. Así que Juliane era Yusuf, un joven árabe mudo que quería ser marinero.

El capitán turco se vio molesto de leer en árabe, pero aceptó las circunstancias y respondió en el mismo idioma.

- Pescamos en mar abierto, pero tocamos puerto en Shinas, eso es Omán. Si sabes lo básico de servir en un barco, bienvenido a bordo. Soy Mohamed bin Zayed. ¿Tú?

"Yusuf Güney"

Era perfecto. Shinas estaba a pocos kilómetros de la frontera con Dubai. Omán era un país del Turf especialmente pobre, con poca vigilancia en sus fronteras. Un golpe de suerte que fuera tan rápido. No podía más con el calor.

Juliane extrañaba el traje de infiltración que la mantendría fresca ante los cuarenta grados centígrados del Golfo Pérsico. Pero la agencia recomendó sólo usarlo al llegar a otra ciudad. Muy arriesgado ser descubierta en la mitad del mar. A su oido, el mismo operativo de Interpol confirmó la asistencia.

"Recibidas coordenadas de desembarco. Dejaremos el traje en un baño del puerto de Shinas una hora antes. Uno de nuestros recursos de bajo riesgo en la zona se encargará. Buena cacería."

Un par de días en altamar y dejaría su identidad de Yusuf y el sudor interminable. Juliane deseaba que el Golfo hubiese sido afectado por el invierno nuclear del holocausto.

Juliane vio atrás, a lo lejos. Al grotesco estadio de fútbol de Doha, el más grande de Qatar y el Turf. A las incontables torres de mezquitas de la ciudad. A las luces de rascacielos. Una de esas luces es Camille, siguiendo la operación, preocupada.

La decisión está tomada. La operación iniciará. Tomó su maleta llena de las cosas de Yusuf, pasó los detectores de metales, radiación y enfermedades del puerto y abordó la "Sofía Azúl" de Mohamed bin Zayed.

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Tener un apartamento en Abu Dhabi hacia difícil aburrirte. Si tenías dinero y buena vista, verías por la ventana una ciudad orgánica, viva e incansable. Edificios que sincronizaban sus luces con música en la calle. Drones y helicópteros compartiendo el cielo con la precisión de exigentes algorítmos. Bailando, intercambiando luces, datos y viento.

En el cielo, trazos de cientos de jets. En la calle, personas de todos los credos y modas. Túnicas musulmanas, trajes corporativos, joyas cristianas y hasta el ocasional judío ortodoxo. Todos, seguro, agradecían al Príncipe Mesías la tolerancia a todas las religiones natural del Turf de Abdallah.

En uno de los apartamentos con mejor vista en la ciudad estaba un millonario. No el más rico, ni el más pobre. No el más famoso, pero sin duda tampoco anónimo. Un millonario tan preocupado y lleno de prioridades, que no tenía tiempo ya de admirar esa única vista.

F estaba seentado en el sofá de su casa, ignorando la estimulación óptica de la ventana y pensando en su próximo movimiento. Ketchup llevaba dos días inconsciente. Normal según la Doctora Elizabeth, pero inconveniente para sus planes.

Ketchup tenía en su cerebro, quizás, la única pista que le quedaba a F para perseguir a los responsables del Holocausto. Y la persona ideal para sacar ese secreto era su químico de cabecera, Philippe Von Hoenheim. Un Doctor poco ético de la antígua CIA y un hijo de puta en la opinión de F. Por eso lo tenía guardado y aislado en un bunker de Dubai.

El problema era llegar a Dubai. Más desde que Andrés, su piloto y hermano, le mencionó casualmente la falta de combustible para el scramjet. Un avión suborbital que, en el momento, era la única forma de llegar sin ser detectados.

Andrés estaba distraído en una tablet, comprando partes y suministros para el Scramjet, usando las empresas fachada de F. Pornactive, la empresa principal, funcionaba feliz y tranquila, con gráficos de ingresos, ganancias, gastos, marketing y otros indicadores ocupando por entero una pared de la sala.

La atención de F no estaba en su compañía, aceitada por software y subcontratistas aislados en cientos de ciudades. Su mente sopesaba las variables incontrolables: Juliane, el combustible del scramjet, los submarinos del Príncipe y ahora, China.

En la pared más grande frente al sofá, convertida en pantalla, una guerra ocurría. Streamings en tiempo real, de miles de móviles en Filipinas, mostraban una invasión. Soldados chinos llegaban de todas partes. Ocasionalmente un video se apagaba. Quizás alguien salió corriendo. O una batería agotada. Pero en ocasiones, un misil, una explosión de artillería, un muerto más. China estaba "alineando" Filipinas a su federación, a la fuerza.

F usaba una app de sintetización de transmisiones, uniendo todos los streams que ocurrían en una zona. Con miles de videos corriendo al tiempo, era posible recorrer un hecho en vivo desde decenas de ángulos. Una muerte, una explosión, un instante tridimensional.

Sin periodistas ni editoriales.

El ejército de Filipinas intentó pelear, usar sus viejos tanques ingleses, disparar cada proyectil, cañón y granada que tenían. Pero China era el ejército más poderoso de la Tierra.

En horas, drones chinos destruyeron pistas de aterrizaje, bunkers, hangares reforzados y bases militares. Jets aniquilaron todos los radares. Sin satélites GPS, los sistemas inerciales de los viejos mísiles filipinos no podían volar con precisión más allá del horizonte. China interceptó y destruyó casi todo lo que Filipinas le lanzó. Luego, sistemáticamente, tomó control de puertos, carreteras y ciudades. Masivas máquinas, mitad tractor, mitad impresora 3D, construían bases, barricadas, puestos de control y murallas improvisadas.

Para el final del día, Filipinas sería otro estado de la Federación China. El Príncipe tenía razón.

- ¡Argh! Imposible - gritó Andrés frustrado - Nadie tiene gasolina para el avión. Nadie. Vendieron todo a China por esa estúpida conquista de Filipinas.

Los suministros del Scramjet eran fáciles de conseguir. Si algo hizo bien la industria aeroespacial americana del pasado, fue ese avión. Pero el combustible era especial. Lo que Andrés llamaba "gasolina" era un compuesto de hidrógeno con silano, muy díficil de sintetizar. Algunas bases áereas corruptas y sintetizadoras "alternativas" lo vendían. Pero cuando hay guerra, la oferta desaparece.

- ¿Qué opciones nos quedan? - preguntó F exhausto.

- Tú sabes qué opción. Hablale a Pascal.

Pascal Sutter era un idiota para F. También un billonario, accionista minoritario en Airbus, Bombardier, Rolls-Royce y Dassault Aviation. Uno de los pocos en tener las piezas del rompecabezas que componen el scramjet. Totalmente maligno, como buen billonario. F conoció sus secretos sucios en su época de la CIA, pero Pascal lo sabía y era muy cuidadoso.

- ¿Seguro nadie? - preguntó F - ¿Ya hablaste con la chica de JASDF?

- Japón fueron los primeros que China dejó secos, obviamente.

- ¿Y los de RCAF? No puedo creer que Canadá no necesite el dinero.

- Oh, ellos citaron a Interpol. Ser criminal internacional ante los medios tiene desventajas. No les damos "confianza".

- Confianza, manada de imbéciles come renos...

- F, llama a Pascal.

- Maldita sea.

F apagó la videosintetización de Filipinas y mandó un pulso privado.

"@F: @pascal.sutter OK Pascal, hablemos de negocios."

Ahora a esperar a que su majestad Pascal contestara. El sensor de movimiento de uno de los cuartos reaccionó y mostró en la pared su cámara de seguridad. F vio a Ketchup despertar de repente.

- Ketchup está despierto.

- ¿En serio? - preguntó sarcástico Andrés.

Andrés desaprobaba a Ketchup. Era un disparo al aire improbable y problemático. Su última aventura no ayudó. F tenía que reclutar a Ketchup y hacerlo sentir que era voluntario. Salió de la sala y caminó por los corredores del apartamento. Paredes grises llenas de posters de viejos súper héroes llenaban la casa. Subió al segundo piso, oprimió la clave de seguridad en la puerta de Ketchup y la abrió lentamente.

Una ventana inmensa con vista al mar de Abu Dhabi a espaldas de la cama. Un clóset lleno de cajas de seguridad en frente. Un mapa gigante a la derecha, una pantalla entera en la pared izquierda. La cama doble en el centro, con cobijas de seda plateada y colchón de plumas sintéticas. Ketchup en ella, sudando, escaneando su entorno. Mordiéndose un labio, resistiendo llorar, asumiendo que no podía escapar, agarrando con fuerza la sábana.

F sonrió y se sentó a un lado de la cama. La puerta se cerró lentamente. Tocó brevemente la frente del niño y le habló.

- Ya no tienes fiebre. Mi doctora dijo el choque eléctrico fue fuerte. Pero pareces estar bien.

Ketchup no respondió.

- En el avión me entendiste hablando español, sé que sabes este idioma ¿Me entiendes?

Ketchup asintió, pupilas dilatadas, expresión dura de desconfianza.

- Allá me preguntaste "¿Soy suyo, señor F?" - F esperó una reacción, nada -. Yo te dije que no. Que te estaba rescatando, no comprándote. Te ofrecí un trabajo.

Ketchup negó con la cabeza lentamente.

- ¿Quieres el empleo?

- Señor F...

Pero Ketchup no pudo decir nada más.

- No necesitas decirme señor. "F" nada más. ¿No quieres el empleo?

- No sé trabajar, señor F - respondió Ketchup seco y cortante.

F suspiró.

- ¿Por qué intentaste correr? La policía de Abu Dhabi es un cardumen de bestias armadas. En otro país seguro te habrían protegido. Si lo hubieran hecho ¿A donde irías?

- No sé. ¡Donde sea!

Ketchup llevó las sábanas a su pecho, asimilando que su plan de escape era imposible. Sentía la sonrisa de F como una burla. La misma sonrisa del Libertador antes de castigarlo.

- ¿Donde es tu hogar?

- No tengo.

- Oh, es verdad. Naciste en Nogales, México. Arrasado por el invierno nuclear y luego evacuado a la fuerza por el ejército del Continente Bolivariano. ¿Ahí conociste al Libertador?

- No, fué después. Muchos años después

- ¿Quién te acogió primero?

Ketchup no respondió.

- ¿Un oficial del ejército?

Ketchup asintió.

- ¿Te obligaron a "trabajar" para ellos? ¿Luego para el Libertador Perez?

Ketchup le quitó la mirada a F y fijó su rostro hacia el suelo. F no necesitaba preguntar más.

- ¿Qué sabes de mí, Ketchup?

- Usted es el dueño de una empresa gigante. Sale en videos, en internet, en las noticias. Hace negocios con grandes personas. Usted me compró. Hay gente que lo quiere arrestar y gente que lo quiere matar.

Ketchup miró al hombro de F, vendado y curado del agujero que un miembro de la Fuerza Delta de la marina de Estados Unidos dejó. F casi había olvidado esa otra variable incontrolable.

- No, Ketchup - dijo F llevando su mano al hombro herido -. No te compré.

Ketchup volvió a quitarle la mirada. F sacó de su bolsillo un móvil nuevo, básico, pequeño y preconectado a la red p2p del nuevo internet. Lo encendió, escribió "Ketchup" en la pantalla de bienvenida. Se lo entregó al niño, el cual lo tomó en sus manos y vió a la pantalla.

"Hola Ketchup"

- Ahora oprime el botón del lado derecho.

El móvil emitió un punto láser. Ketchup había visto a F hacer esto. Dibujó un cuadrado en el techo con el láser y el móvil usó esa referencia para activar el proyector. En el techo salía ahora gigante el "Hola Ketchup".

- Wow, muy bien - dijo F animado -. Recuerda mantener la cabeza del móvil hacia al techo. No es magia, necesita saber a donde apuntar.

- Mi nombre es Emilio, no Ketchup. - respondió el niño, apagando la proyección del móvil y devolviendolo a F.

Esto no iba a ser fácil.

- Este es un mundo malo. Tú lo sabes. Con tu nombre pueden hacer muchas cosas, como perseguirte. Si quieres una vida mejor, tienes que cambiar quién eres. Emilio es un muchacho sin control de su vida. Ketchup es una persona libre, con futuro.

- ¿Persona libre?

- Sí, alguien que hace lo que quiera. Que puede ser quién quiera ser.

- Eso no existe.

- ¿Lo dices porque crees que el Libertador te vendió? ¿O porque crees que nadie es libre? ¿Qué tal yo?

- Usted es libre porque es millonario, señor F.

Oh, Ketchup no sabía cuánta razón tenía. Cuánta y cuán poca.

- ¿Es dinero lo que te hace libre? - F manipuló el móvil un momento y se lo devolvió - Toma, tienes un bitcoin.

- ¿Qué es eso?

- Un bitcoin. Tu móvil, cargado a tu nombre, tiene un bitcoin. Es dinero. Hoy equivale a dieciocho mil yuans. Y a no sé cuantos millones de pesos. Es tuyo.

Ketchup vio el móvil, abrió la app "Bitcoin" y vio claramente el número uno.

- Puedes comprar muchas cosas con eso. Un viaje a México. Un año de renta en ciertas ciudades del mundo. No en Abu Dhabi, te lo advierto. Comida por montones. Ropa. Suficiente para que te vayas de acá y busques cualquier cosa que quieras hacer.

Ketchup dejó de temblar. Sus ganas de llorar desaparecieron. Su cerebro estaba corriendo al máximo tratando de entender qué pasaba.

- O si quieres aprender algo, en tus manos está internet. La educación es gratis. No está en español, pero hay cursos que te enseñan inglés, árabe, francés, lo que quieras. ¿Qué quieres ser? ¿Médico, policía, piloto, soldado? No, no seas soldado.

F le mostró a Ketchup cómo usar todo. Cómo buscar en internet. Cómo usar apps. Cómo obtener información.

- Puedes crear una identidad. Un email, un perfil social, una cuenta de pulso que... es un poco avanzado aún. No eres "mio", Ketchup. Puedes sinceramente hacer lo que quieras. ¿Quieres irte? Vete. Aquí usas los mapas. Aquí pides taxis de tierra. Aquí taxicópteros. Aquí ves los trenes. Aquí los aviones. No podrás viajar fuera del Turf sin pasaporte, pero el Turf es inmenso. África, Medio Oriente, tú eliges.

F dejó de hablar y vio a Ketchup replicar lo que le enseñaba. Abrir las mismas apps, ver los mismos servicios. Interiorizar y entender que el mundo estaba disponible para él. El niño tenía la boca abierta mientras descubría la web. F esperó un rato y volvió a preguntar.

- Si trabajas conmigo, podrás estudiar para ser lo que quieras. Aunque si te quieres ir, también.

Ketchup volvió a la app de Bitcoin y miró el número uno.

- ¿Qué quieres ser, Ketchup? ¿Qué quieres hacer?

- ¿Qué es usted, señor F?

Una pregunta que F no había escuchado en años.

- Estudié ciencias de la computación, pero ahora soy emprendedor.

- No hay carrera de emprendedor en estas universidades que me muestra.

- Oh no, es de esas cosas que no se aprenden estudiando. Y te limitan un poco la libertad.

Ketchup miró a la puerta.

- ¿Me puedo ir cuando quiera?

- Sí, aunque apreciería que te quedaras.

- Con este movil me podrá buscar.

- Quizás en el viejo internet. En nuestra época te conectas a miles de antenas, rebotas la señal en globos, repetidoras, drones, boyas, otros móviles. No es fácil rastrearte con un móvil.

- ¿Por qué quiere que me quede?

- Ketchup, necesito en serio un asistente. Además me encanta la historia de Nogales como ciudad. Sé que es un tema doloroso para ti, pero quisiera escucharte.

- ¿Y si no quiero?

- No te compré, puedes irte. El móvil es un regalo. Aunque si te quedas, tendrás empleo y más dinero a cambio de tu trabajo. Además de un hogar.

- ¿Y afuera puedo hacer lo que quiera?

- Sí. Pero el dinero trae responsabilidad. Bitcoin sí es rastreable, en especial para la gente a quién le debes. Renta, servicios. Cuida que no se te acabe y busca cómo generar valor, para tener más dinero. Como trabajando para mi.

- La puerta tiene clave.

- Es 2501.

Ketchup cerró los ojos duro. Guardó el móvil en su pantalón y notó que toda su ropa era nueva. Se puso de pie, encontró zapatos y caminó a la puerta. Oprimió la clave y salió del apartamento sin volver a mirar atrás.

F confió que Abu Dhabi le daría una mano con Ketchup, dio un salto de fé y lo dejó ir. Caminó de regreso al sofá y se sentó con dolor de espalda. Estaba viejo y engordando. Debería comer mejor y caminar más. Un mensaje apareció en su móvil, un pulso privado de Pascal.

"@pascal.sutter: No puedo creer que @F quiera hablarme. ¿Qué sigue? ¿Texas volverá a Estados Unidos? Llámame en este enlace."

Andrés lo interrumpió antes que pudiera responder el mensaje.

- Te apuesto un bitcoin a que Ketchup no vuelve.

- No tienes tanto dinero.

- Claro que sí, F. Me pagas bien.

- ¿Pornactive te paga?

- Una de tus asistentes virtuales lo hace.

- ¿En serio? Yo no tengo sueldo, Andrés. Esto de subcontratar finanzas me va a matar.

- ¿Qué no tienes subcontratado? ¿Y qué importa que no tengas sueldo? Le cargas todo a la empresa igual.

- OK, apuesta aceptada - declaró F -. Un bitcoin a que sí vuelve.

F le mostró a Andrés el mensaje de Pascal

- Háblale. Tú conoces ese show mejor que nadie.

La confianza de Andrés lo animaba un poco. Sólo un poco. Abrió una videollamada y un hombre francés de sesenta años apareció en su pared. Piel blanca y con ligeras pecas. Una expresión de seguridad, con la sonrisa de ganador que F odiaba. Rostro añejo, pero joven. Pelo más blanco que gris. En buen estado físico. Perfecto traje a la medida. Una oficina minimalista con vista al Río Sena.

- ¡Monsieur F! - dijo Pascal - ¿Llamas a devolverme mi avión?

(Próxima semana, capítulo 8: Caída Libre. Suscribete)


Apr 8th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 6: Mesías

Capítulo 6: Mesías

(Capítulo anterior: 5: Princesa del Norte)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

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Un trozo de metal, acelerado a velocidad supersónica y girando sobre su propio eje, atravesó el hombro de F hace un rato. Era entendible que gritara de dolor mientras lo curaban.

Hace más de una década, en otra vida, F tuvo entrenamiento paramilitar básico. Aprendió qué hacer en caso de herida por arma de fuego. Pero nadie te prepara para tu primera vez. El olor. El calor.

- No seas niña F. Hace años, esto te pondría en una clínica por semanas.

Elizabeth Vlad, la doctora de F y otra refugiada millonaria del Turf de Abdallah. Una vieja amiga desde su primer día en Abhu Dabi. Con la belleza fuerte que sólo trae la madurez. F tuvo suerte que estuviera cerca tras el disparo.

- No hay agentes químicos, sangre artificial o nanomáquinas que hagan que esto duela menos - dijo él.

- ¿Qué pasó con el gran F, agente de la CIA y asesino en masa de las noticias?

- Oh Eli, viste eso.

- Todo el mundo lo vio. Esa Juliane parece tu tipo - jugó Elizabeth mientras le inyectaba aceleradores de cicatrización - ¿Debería estar celosa?

- Eli, si no fuera por mi impotencia y el horror gótico que es mi hombro, te saltaría encima en segundos.

- ¿Por qué crees que lo permitiría? - preguntó Elizabeth mientras grapaba la herida - ¿Por qué crees que no sería yo la que saltaría?

Elizabeth se refugió en el Turf tras la separación de Rusia. Ella vivía en Siberia y sospechaba que ser parte de la Federación China no le convendría. Sus ahorros como cirujana de traumas mayores superaban el millón de dólares de la época. Número suficiente para invertir en el Turf y escapar de su nación.

- Tengo tres preguntas para ti, F.

- A ti te lo cuento todo.

- ¿Eres realmente un agente de la CIA?

- No.

- ¿Entonces nunca fuiste un espía?

- Jamás.

- Mentiroso - Elizabeth empujó su dedo en la herida, ligeramente. F gruñó.

- Fui un análista, no un agente. Entrenamiento básico, pero nunca trabajo de campo. Un tipo que sabía de programación, de números y de política.

- ¿Quién causó el Holocausto del 2020?

- Si supiera, Eli, si supiera.

- ¿Pero no fuiste tú?

- ¿Qué crees tú?

Elizabeth lo pensó mientras cerraba la transfusión de sangre para F.

- Llegas a tu casa con un disparo. Me llamas de emergencia tras hacerme chequear al niño más raro de la tierra. No me dices quién te hirió. Te peleas con la policía de Europa ante todo el mundo. ¿Qué pensar de ti?

Elizabeth suspiró.

- Eres el mismo F que conocí hace seis años. Aterrado. Sucio. Pero con la determinación de un lobo herido. Acorralado y sin nada que perder. Un poco más viejo y más rico. Pero el mismo F. Yo creo en ti.

F tenía mucha suerte de conocerla. Y muy poca suerte del cóctel químico que, en su cerebro, le impedía sentir nada más. ¿Por qué con Juliane sí pasaba? ¿Por qué, con Juliane, sus neurotransmisores fluían? No era el momento de pensarlo. Ante la falta de serotonina, mejor trabajar.

- El niño que traje, Ketchup.

- ¿Sabes que eres un degenerado por llamarlo así? Se llama Emilio.

- Ajá, Ketchup, ¿Cómo que es el niño más raro de la Tierra?

- Oh ¿Dónde lo dejaste? ¿Y dónde está tu hermano?

- ¿Andrés? Buscando a Ketchup.

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El calor de Abu Dhabi era insoportable y Andrés no era fan del trabajo manual. Apenas tuvo tiempo de cambiarse de ropa y esconder su arma. Salió corriendo a donde el taxicóptero por última vez dejó al maldito niño.

Él intentaba ser neutral y entender a su hermano. Oh, en el pasado entendía. Transportar impresoras 3D, cortadoras láser, galones y galones de quién sabe qué. Ir de incógnito a Perú por un contenedor oscuro. Ir al laboratorio de Phil con planos y esquemas. Todo parte del plan de crear Pornactive.

"Nadie puede saber de Phil". "Fabricar las sillas es un secreto". "Ellos vendrán a nosotros". Y Andrés no podía discutir con los resultados. Eran millonarios, estaban en contacto con dos líderes mundiales, el plan estaba ocurriendo.

¿Pero y el niño qué? ¿Es tan terrible un minuto de conversación? ¿Una breve idea de por qué buscar por una metrópolis gigante a un niño hermafrodita que le quitaron a un dictador?

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- ¿¡Hermafrodita!? - preguntó F con sorpresa.

- Un caso muy raro - explicó Elizabeth - Y encima con una cantidad considerable de envenenamiento radiactivo. No creo que sobreviva los veinte años.

- ¿La radiación le causo el ser...?

- No, no funciona así F. Eso es un defecto de nacimiento. Es un niño con muy poca suerte.

- ¿Pero es niño o niña?

- Más hombre que mujer. Altos niveles de testosterona, pero un sistema reproductivo dual. Un útero subdesarrollado. Casi siempre es al revés. Increíblemente inteligente también. Tiene sinestesia. Ve el color de los números, las notas musicales, entiende naturalmente las interfaces. Una lástima.

- ¿Crees que la radiación fue causada por el Holocausto?

- No lo creo. Sí corresponde a envenenamiento de uranio, plutonio o cobalto. Pero el efecto es de bajas dosis por largo tiempo. Como si viviera al lado de desechos de quimioterapia... O una bomba muy mal hecha.

- ¿Qué tan mal está?

- No es aparente. En el exterior es completamente sano. Los efectos sólo se verán en años.

- ¿Tan sano como para recibir un viaje de mi silla? ¿O una droga neuronal?

- ¿Qué planeas con ese pobre niño, F? Te prohibo hacerlo sufrir.

- Te lo prometo. Es por el bien de todos. ¿Crees que pueda?

- Sí, pero consúltame primero.

Elizabeth terminó la curación. F tenía semi inmóvil el brazo. Aún así saltó de la silla y le dio un fuerte beso en la mejilla.

- Eli, en un día de mierda me das esperanza. ¿Qué te puedo dar a cambio?

- ¿Un gran cheque? Y prometeme que la francesa no te atrapará.

Elizabeth se rió a carcajadas junto a F. De repente, la puerta explotó y una escuadra de policía entró al apartamento.

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Andrés preguntó en cafés. Preguntó en restaurantes. Preguntó en iglesias y mezquitas. La foto de Ketchup, que las cámaras de seguridad del apartamento tomaron, no es suficiente. Nadie daba razón. Nadie lo había visto.

¿Qué haría un niño como él? ¿Qué quiere? ¿Ir a casa? ¿Cuál es su casa? No. Un niño como Ketchup buscaría ayuda. Buscaría lo que él recuerda como autoridad. Un uniforme. Buscaría a la policía. Andrés caminó a la estación más cercana cuando su móvil disparó alertas de seguridad del apartamento. Arrancó a correr cuando recibió un mensaje:

<F> No te preocupes por mí. Cita con Abby. Tu prioridad es tomate. 

¿"Prioridad tomate"? ¿Ketchup? F era un idiota.

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- Por orden del Príncipe Mesías, lo llevaremos ante su presencia de inmediato - dijo la oficial al mando, en un tono seco, aburrido y autoritario.

- ¿¡Y para eso volaron mi puerta!?

- Timbramos tres veces y nadie respondió.

F no tenía timbre.

Una oficial y varios policías de operaciones especiales entraron al apartamento. Con armadura de combate, cascos impenetrables y armas intimidantes. La entrada había sido destruida por una pequeña bomba diseñada para expulsar gente atrasada en la renta.

- Eli, perdóname.

- ¿En serio vas a ver al Príncipe? - preguntó Elizabeth impactada por la situación, la explosión y la falta de una reacción más adecuada de parte de F.

- El Príncipe Abby se pone nervioso cuando no le cuento cosas.

- ¡No toleraremos blasfemia contra el Príncipe! - gritó la policía mientras ordenaba al resto que llevaran a F por la fuerza.

F levantó las manos rindiéndose y envió un mensaje a Andrés. Besó en la mejilla a Elizabeth y transfirió cien mil yuans a su cuenta. Oprimió el botón que resguarda el scramjet en una jaula de titanio y salió al helipuerto, otra vez, a un helicóptero del Príncipe.

-

Andrés programó un taxi para recorrer todas las estaciones y bunkers de la policía. Tras un par de horas encontró varios agentes con un niño. Los típicos oficiales de cascos gigantes, lentes con cámaras, kevlar y armaduras adaptivas. Agentes con poder de fuego como para conquistar un país del siglo veinte.

Y el niño era Ketchup. Que no hablaba árabe ni inglés. Llorando al tratar de comunicarse con los policías en español. Andrés bajó del taxi y llamó al niño.

Ketchup corrió detrás de los policías y empezó a gritar. Ellos decidieron que Andrés no parecía tener buenas intenciones y apuntaron sus armas a él.

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El helicóptero aterrizó como una pluma a la entrada del Crib de Abdallah. Una gran construcción que combinaba la forma de la Casa Blanca, la arquitectura de una mezquita masiva y la más moderna base militar. Espejos de agua, esculturas, jardines, radares y lanzamisiles por igual.

F ya sabía lo que seguía.

Al entrar, mujeres en túnicas le quitaron su ropa y bañaron de arriba a abajo con paños calientes. Retiraron su móvil y lo escanearon con todos los rayos posibles. En cuestión de minutos lo vistieron de nuevo. Su ropa de repente limpia y oliendo a campos de flores.

Sólo mantuvieron desnudos sus pies, que empezaron a sentir calor a medida que entraba al recinto del Príncipe. Un centímetro de calida y cristalina agua reposaba sobre el suelo del lugar. Terriblemente inconveniente. Completamente inútil. Una muestra de fuerza.

Desde el cielo, el Crib de Abdallah tiene una gran estructura cúbica adjunta a la parte de atrás. Reflectiva como un espejo e impenetrable. Desde adentro, un jardín gigante cuyas paredes de grafeno transparente son invisibles al ojo, pero listas a resistir una misil termobárico.

Un jardín lleno de mariposas amarillas. De pequeñas e incontables flores púrpura, blancas, rojas y rosa. Ligeramente inundado por el agua tibia que tocaba los pies de todos. Un jardín cuyas paredes ahora brillaban llenas de pantallas.

Hace un par de años que F no veía este jardín. Y en aquel entonces era sólo un jardín. Hizo su mejor esfuerzo de grabar en su mente las pantallas que veía. Reportes de radares en tierra. Videos en tiempo real de drones dentro y fuera del Turf. Y un mapa muy curioso de varios puntos avanzando en el atlántico hacia la costa este de Estados Unidos.

En el centro, el Príncipe Mesías 2Pac Abdallah El Cinco miraba al cielo. Una simple túnica blanca en su cuerpo. Una inmensa cadena dorada con la palabra 2PAC en su cuello. Lentes oscuros. Cabello desordenado y un poco largo.

Decenas de análistas y ayudantes del Príncipe lo rodeaban. Revisando datos en las pantallas. Hablando con otras personas. Viendo a F con desaprobación. El Príncipe hizo que todos se fueran. Sólo dos personas permanecieron en las esquinas del jardín. Guardaespaldas.

- ¿Sabes por qué construí este jardín, F?

- ¿Para intimidar a tus invitados?

El Príncipe ignoró el sarcasmo.

- Fue Dios quién unió estas tierras de nuevo. Él, a través de mí, reunió este pueblo. Y en esta casa no había un lugar donde Dios viera mi rostro cuando rezo para él. Pero mi gente me ama demasiado. Instalaron estos vidrios para evitar la tentación de otros de atacarme.

- Claro. Porque una batería masiva de mísiles interceptores, ametralladoras de proximidad y láseres no son suficientes.

El Príncipe se dio la vuelta y F notó que sus lentes eran diferentes. Sus ojos reflejaban luces y el marco era innecesariamente grueso. Realidad aumentada. F quería uno de esos.

2Pac Abdallah levantó su santa mano y desde lo más alto le chocó esos cinco al hombre más buscado por Interpol.

- ¿Por qué me llamaste, Abby? No me digas que por Interpol.

- F, sabes cuánto te quiero. Sabes cuán fan soy tuyo. Pero eso no significa que sólo piense en ti.

El Príncipe movió sus manos en el aire y en el horizonte, una de las paredes se volvió una pantalla gigante, mostrando el movimiento de tropas desde Hong Kong hacia Manila.

- Guerra, F. Más guerra.

- Filipinas no es del Turf.

- No aún. China los llama "nación no alineada". Demasiado lejos para ser del Turf. Demasiado pequeños para ser de la Unión. Demasiado "No América" para ser Bolivarianos. Atacando Manila, China quiere demostrar que se cansó de comprar naciones, de comprar políticos, de sobornar y chantajear. Capturar Japón fue un gran paso, pero no todos tienen tanto que perder.

- ¿China quiere capturar Filipinas a la fuerza?

- Y a Malasia. Y a Indonesia. Y seguro a Taiwán dentro de poco. Y luego Okinawa.

- ¿Qué tiene que ver China conmigo, Abby?

El Príncipe mostró fotos del francotirador. Videos de aterrizaje de F tras llegar de Venezuela. Un video de un drone que muestra a F y Juliane en una terraza jugando.

- Estoy confundido, F. ¿Estás jugando algo con Juliane Deckard? ¿Te aliste a Interpol?

- ¿No viste los streamings? ¿Parecemos amigos? Juliane me engañó y sacó información clave.

- Sí. Saben de tu hermano. Saben que te protejo. No es ese el F que conozco.

- Pero gracias a mí, ahora sabes que Interpol tiene una oficina ilegal acá. Sólo hay que descubrir dónde.

- Es Qatar.

El Príncipe tenía esa actitúd pasivo agresiva que F odiaba. Pero todos los líderes son así, es parte del empleo. 2Pac quería que F le contara todo y hoy ninguno estaba de humor.

- Ya sabías de Qatar.

- Mentiste en streaming. Nuestra policía no te protegió. Tu asesino estaba muerto cuando llegamos. Un soldado terrorista de tu vieja US NAVY - El Príncipe hablaba pausado y claro, sin odio en su voz - Justo después de llegar de charlar con Carlos Pérez. Justo después de jugar con Juliane.

- 2Pac Abdallah El Cinco - dijo F - Tu fachada de salvador funciona con tu pueblo. Pfft. Funciona con todos los millonarios, hambrientos de seguridad, que vienen suplicando. Pero yo sé quién eras antes. Yo sé cómo te volviste el "Príncipe de la Paz". Yo te volví ese Príncipe.

- Me llaman el Príncipe de la Paz y el Príncipe Mesías porque eso hice. Traje paz. Uní al pueblo sin disparar. Sin matar. Curando, sanando, negociando y cantando.

F sabía la verdad. 2Pac Abdallah era un príncipe petrolero de Emiratos Árabes en su época en la CIA. Uno que usó la fortuna de su familia para volverse una estrella del Hip Hop en inglés, árabe y hebreo. Su relación sentimental con una agente de la agencia lo llevó a Phillipe von Hohenheim y a las investigaciones químicas ultra secretas de la CIA. De todas las cosas que 2Pac se enteró, sólo le interesó una. La cura sintética contra el SIDA.

- Yo curé a África, F.

- No, la agencia curó a África. Yo sólo te dejé tomar el crédito.

- Y te di cobijo en mi casa. Te di tu empresa. Hoy pido gratitud y honestidad.

- ¿Crees que no soy sincero?

- Dime la verdad de Carlos Pérez.

- No fue él.

2Pac sabía que F iría a ver al Libertador. Que le vendería una silla solinácea de Pornactive. Que F intentaría sacarle la verdad del Holocausto. Ese fue el trato. F cobró el favor de la cura, no sólo pidiendo asilo, sino la colaboración total del Turf en la búsqueda de la verdad.

- Dímelo todo, F.

- Le pregunté, le di una receta mágica de Phil. No podía mentir. No sabe nada.

- ¿Y no sacaste nada más de tu viaje al Continente Bolivariano?

- No - mintió F.

F no era millonario. Llegó al Turf con un avión suborbital, un hermano desertor y nada más. 2Pac invirtió en secreto en F para hacerlo pasar por rico. 2Pac escondió a F mientras anunció la ley de asilo a millonarios inversores. Le dio el dinero para legalizarlo y que creara una empresa única. El tipo de empresa que lo pusiera en contacto con el poder del planeta. El tipo de empresa que le permitiera saber la verdad.

Pero con los años, 2Pac se enfocó en gobernar y F en su propia forma de cumplir la misión. Con los años, F creció el negocio a lugares donde nadie soñó. Con los años dejaron de hablar. Hasta la reunión con el Libertador.

F, en el fondo, no confiaba en 2Pac. En el 2Pac que intentó robar en secreto la cura del SIDA. En el 2Pac que dejó que su pareja en la CIA fuera a la cárcel. El 2Pac que F dejó ir con la promesa de usar la cura para el bien. El mismo que hizo una gira gratis de conciertos por África donde, milagrosamente, todos los que iban eran curados.

- ¿Es esa la verdad, F?

- Mira 2Pac, tú me debes tu Turf. Yo di un salto de fe al creer en ti y no arrestarte. Te infiltraste en Langley ese día, te robaste algo único. Tengo yo más para desconfiar de ti que tú de mi.

El Príncipe se acercó a F lentamente, hasta que estuvo a centímetros de su rostro. Era gigante, mucho más alto que F. Puso sus manos sobre los hombros de F y apretó. F sintió el choque de dolor de su herida, pero fingió.

- El poder es algo curioso, F. Te aleja de la gente. Les hace pensar que eres intocable, inmortal, infalible. Por eso disfruto hablar contigo. Por la sinceridad.

- ¿Entonces cuál es el problema?

- Que aunque te debo el milagro de África, no te debo el Turf. Tú no manejaste los últimos días de Israel. No desarmaste Irán. No curaste el alma de Irak. No estuviste ahí cuando rescatamos Gaza. No compraste emirs, reyes y sheiks. No compraste kilómetros sin fin de desierto. Ahora dime la verdad ¿Estás trabajando con Interpol Qatar?

- No.

- ¿Estás aliado con Carlos Pérez?

- No me jodas.

- Entonces dime, ¿Quién es Emilio Ketchup y por qué arresté a tu hermano buscándolo?

-

Andrés intentó gritar a los policías, pero ellos responden al peligro con abrumadoras demostraciones de fuerza. Decidió levantar las manos y negociar.

- Hey, el niño es adoptado. Acaba de llegar al país. Está asustado, eso es todo.

- Tú pareces uno de esos enfermos locos que trafican con niños así. Este muchacho está aterrado de ti - le respondió un policía apuntando con su arma.

- Claro que lo está. Lo rescatamos de una situación terrible.

- ¿Lo rescatamos quienes?

- Mi hermano y yo.

- ¿Quién es tu hermano?

- F.

- ¿F? ¿De Pornactive?

- El mismo F.

- Claro. Y yo soy el comandante general del Turf.

Para fortuna de Andrés, la policía en todo el planeta era ordenada y eficiente en una sola cosa: Corrupción. Recordó que F tenía prepagados varios sobornos en caso de problemas gracias a su amigo el Príncipe. Sólo tenía que usar uno de ellos.

- Oficial - pidió Andrés al policía - Contáctese por favor con su central y mencione que esto es un código FU2PAC.

El oficial entendió que quizás apuntaba su arma a la persona equivocada. Llamó a central, dio el código y explicó la situación. Le ordenaron esperar. Ketchup seguía abrazado a otro agente, gritando en español que lo querían secuestrar y que lo salvaran.

El oficial habló de nuevo por radio y se sorprendió de escuchar sus órdenes. Andrés lo escuchó gritar "¿Directamente del Príncipe? ¿Del Príncipe Mesías? Entendido" y se relajó. El oficial le habló amigable a Andrés, le dio la mano y Andrés respondió apretando fuerte. En ese momento, el oficial descargó electricidad desde su arma y dejó a Andrés en el piso, retorciéndose de dolor.

-

- ¿Ketchup? - preguntó F haciendo su mejor esfuerzo por no mostrar sorpresa.

- Tu hermano el piloto está con un grupo de policías, tratando de tomar custodia de un niño. Un niño claramente latino cuyo registro biométrico no está en el Turf - El Príncipe mostró el video de un drone sobrevolando Abdul Nihon XII, donde F sale del avión con dos personas más - Un niño que parece el que se bajó de tu scramjet. Les di la orden de arrestar a tu hermano y proteger al niño hasta que me expliques.

F suspiró.

- No es nadie. Es un niño que rescaté de Venezuela.

- ¿Rescataste? F, la compasión no es tu virtud. Tú no haces nada que no sea por ti.

- ¡Te di la cura, maldita sea! ¡Eso no fue por mí!

Uno de los guardaespaldas caminó hacia el Príncipe, pero él lo detuvo y devolvió a su lugar.

- Ese era otro F que ya no existe.

- ¿No crees que pude acabarte la vida ese día? ¡Y habría hecho lo correcto! Esa cura no estaba probada. Pero te creí. Me dijiste que el gobierno tardaría décadas en liberarla. Que podías cambiar el mundo con ella. Salvar millones de vidas. Sí, te cobré un favor tras el 2020 ¿Pero quién no lo haría cuando vuelan todo lo que amas en millones de átomos?

El Príncipe contempló a su aliado, socio de negocios, emprendedor, asilado político y millonario egoísta.

- ¿Entonces no estás trabajando con Carlos Pérez?

- Primero me suicido.

- ¿Y no estás trabajando con Juliane?

- Interpol me odia ¿Por qué lo haría?

- ¿Y el niño es sólo alguien que quieres salvar por ser buena persona?

- No buena persona. Sólo hice lo que pude.

El Príncipe llevó un dedo a sus lentes, dio una orden en árabe y le dio la espalda a F.

- OK, tu hermano es libre. Me preocupo, F. Eso es todo. Tú sabes que soy tu aliado número uno en encontrar la verdad. Creo que el Turf es el único poder en la Tierra que quiere buscar qué pasó realmente en el Holocausto. ¿Qué planeas hacer ahora que Carlos Pérez fue un callejón sin salida?

-

Andrés no recordaba cuanto dolían los electrochoques. Decidió quedarse en el piso hasta que pasara el dolor. ¿Por qué se cambió de ropa? Su otro traje habría absorbido la electricidad. Que imbécil que fue.

Su cerebro, poco a poco, retomó energía. El código de soborno no funcionó. Los agentes empezaron a hablarle al niño con frases de cariño, tratando de calmarlo, llevándoselo del lugar. Algo salió mal y la reunión de F con el Príncipe seguro tuvo que ver.

Pero de repente, la actitud cambió y lo ayudaron a ponerse de pie. Vio como de la nada electrocutaban a Ketchup hasta dejarlo inconsciente. ¿Qué carajo?

- Oh, señor Andrés. Lo siento mucho. Tuvimos órdenes cruzadas desde el Crib de Abdallah. Pero la confusión ya fue solucionada. Aquí tiene su niño adoptado. Tenga un buen día.

Andrés colgó a Ketchup de un hombro, decidió no presionar más su suerte y tomó un taxi a casa.

_

- Apreciaría tu consejo, Abby - le mintió F al Príncipe.

- Perder la pista con Carlos Pérez debió doler. Sigue haciendo crecer el negocio, F. Pornactive genera muy buenos ingresos. Como tu inversionista estoy feliz, aunque como gobernador preocupado que no pagues impuestos.

- Oh, el flujo real de dinero está en Australia. Allá no cobran impuestos.

- Sea como sea, entre más crezcas, más gente poderosa querrá hacer negocios contigo. Yo seguiré buscando opciones, pero mi mente está enfocada en parar a China. Un día querrán anexar naciones satélite del Turf. Ese día puedo perder el título de Príncipe de Paz.

- Rogaré que ese día no llegue.

F empezó a caminar hacia la salida, pero una pregunta final lo detuvo.

- ¿Por qué un terrorista de la marina de Estados Unidos intentó matarte, F?

F había olvidado ese detalle. Sinceramente no tenía idea. Su única pista es que Juliane de Interpol lo supo y le ayudó a salvarse. F le pagó eso acusándola en público.

- ¿Quizás porque me acerco a la verdad, Príncipe Mesías?

- ¿O quizás porque vieron el video de Interpol donde estás en la base aérea Edwards?

- El video salió muy poco antes del intento de asesinato - F no quería contarle del mensaje de texto de Juliane - No creo que esté relacionado.

- Nunca me dijiste que estuviste ahí, F. Que estuviste frente a un general de estado mayor mientras bombardeaba Corea del Norte en retaliación.

- Nunca... lo creí importante. Fue hace años.

- Sí. Ya no importa. - respondió 2Pac y no le habló más.

De entre el jardín reaparecieron los asistentes del Príncipe y se reactivaron las pantallas del lugar.

F salió apurado del Crib. Llegó a Abdul Nihon XIII y a su apartamento. La puerta había sido reemplazada ya. Encontró a Andrés tirado en el sofá sudando y a Ketchup inconsciente y babeante sobre el otro sofá. Se sirvió una copa de Whisky y se tiró al piso, frente a ellos.

- Odio el Whisky, ¿Sabías?

- Lo sé - dijo Andrés - ¿Por qué lo tomas entonces?

- Por lo mismo.

F miró a Ketchup, inconsciente, inocente, forzado a seguir el destino que le tocó.

- A juzgar por unos policías felices de atacarme ¿El Príncipe sabe de Ketchup?

- Oh sí.

- ¿Cómo lo solucionaste?

- Le mentí.

Andrés se puso de pie, sirvió otro Whisky y se sentó en el piso junto a F.

- ¿Qué tal si me cuentas las cosas? ¿Qué tal si haces que dejarme electrocutar valga la pena? ¿Por qué queremos a Ketchup?

- Para llevarlo a Phil. Para que le dé su invento mágico intravenoso. Para que tenga memoria fotográfica perfecta y nos cuente qué vio.

- ¿Qué vio cuando, F? ¿Del Libertador?

- No Andrés. De antes. Creo que Ketchup estuvo ahí. Creo que de muy niño vio las bombas. Creo que sabe quién disparó el Holocausto.

Andrés tomó fondo blanco.

- Sin que lo note el Príncipe.

- Sí.

- Necesitamos llegar al laboratorio de Philipe a escondidas.

- Sí.

- OK. Trabajaré en un plan para volar a Dubai.

-

En su jardín, 2Pac Abdallah el Cinco y su equipo revisaban, cuadro por cuadro, un video en alta definición. El famoso video de F el día del Holocausto, enviado por un aliado dentro de la dirección de Interpol. En especial, el cuadro con todas las pantallas en la torre de control de la base aérea Edwards.

- Confirmado Príncipe - le responde una mujer apuntando a las pantallas que rodean a F -, ese es el sistema AEGIS, el sistema Mjolnir y los códigos de lanzamiento de mísiles balísticos intercontinentales de Estados Unidos.

- Apenas se alcanza a notar que ahí hay números - dijo el Príncipe curioso - No podemos extraerlos del video.

- Pero hay un lugar donde los números están claros como el agua, Príncipe. El cerebro del señor F.

Y el Príncipe Mesías sonrió.

(Sigue en el capítulo 7: Combustible.)


Mar 13th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 5: Princesa del Norte

Capítulo 5: Princesa del Norte

(Capítulo anterior: 4: Velocidad del Sonido)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

-

Juliane Deckard apostó su carrera ese día. En la mañana logró extraer información del más reservado y peligroso millonario del mundo. En la tarde lo denunció en un streaming no autorizado por Interpol, usando el nombre de la organización. En la noche salvó al mismo millonario de ser asesinado.

Tenía una vida interesante.

Juliane llevaba años tras la pista de F Segura de que los datos de sus infoarqueólogos y su instinto darían frutos. Voló a toda velocidad lejos de él, a Interpol Qatar en la ciudad de Doha. Una oficina clandestina del nuevo y poco neutral Interpol. Una necesidad tras el Holocausto.

- ¿Sobrevivió tu amor? - preguntó Camille.

Camille Balestrazzi estaba en la sala de juntas de la oficina, desde donde transmitieron la denuncia contra F. Una mujer ejemplar de la globalización. Parte asiática, parte francesa, parte italiana, parte nigeriana. La jefa y protectora de Juliane en Interpol.

- ¿Ahora F es mi amor? - respondió Juliane.

- ¿Tu obsesión? Le das más atención a él que a mí.

- Él es trabajo, Camille.

- Yo soy trabajo cuando estamos acá, Julie.

- Y lo dejas de ser cuando estamos en casa ¿Por qué estás tan difícil?

- Lo que la princesa del norte quiera - concluyó Camille quitándole la mirada.

Juliane odiaba que la llamaran así.

- No sé si sobrevivió. Es un idiota. Quiere atrapar al francotirador. Vio el streaming, sabe quién soy y qué quiero de él. Esperaba una reacción, pero no así. Estoy monitoreando todo en Internet pero no ha dicho nada.

- ¿Y si lo contactas?

- ¿Y parecer desesperada?

- ¿Ves que es tu amor?

Juliane se puso de pie exasperada y golpeó su cabeza contra la ventana de la oficina. Juliane amaba los lugares altos y este era un segundo piso. Nada que ver más que autos, arena y palmeras.

- ¿Y si el francotirador es mentira? - preguntó Juliane.

- Esto vino de Paris, Julie. Sabes que te quiero. Sabes que cobré todos los favores con los de intel. Tienen vigiladas todas las menciones de tu F en TOR. Varios de nuestros asesinos señuelo recibieron la misma información.

- ¿Quién lo quiere matar? ¿Alguien más sabe lo que nosotros sabemos de él?

- Eso lo sabrás tú Julie. Pero te puedo decir quién tomó el trabajo.

Camille le mostró en el móvil a Juliane un mensaje de la división de inteligencia de Interpol.

"SEAL Team 3, flota del Óceano Índico, US Navy, terroristas."

Juliane se golpeó la cabeza de nuevo contra la ventana.

- F no va a sobrevivir a estos tipos.

Empezó a escribir un mensaje en el móvil pero Camille la detuvo.

- No hay que parecer desesperada ¿Recuerdas?

- ¿Y si lo matan? ¿Y si pierdo dos años de investigación?

- Si F es quien tú crees ¿Sería tan malo que lo mataran?

Juliane se alejó de Camille sin quitarle la mirada.

- No puedo creer que la directora de operaciones clandestinas de Interpol me diga eso.

- Ser pragmática es parte del trabajo, Julie.

El móvil de Camille sonó en ese instante. Camille cambió su actitud a total profesionalismo y proyectó una videollamada en la sala de juntas. Un hombre viejo y serio, acompañado de su asistente, apareció en pantalla. Ambos de corbata, con un logo gigante de Interpol atrás y muchas pantallas, móviles y tablets alumbrando sus rostros.

- Directora Balestrazzi, Agente Deckard.

- Presidente Pike.

Benedict Pike, presidente de Interpol y el ejemplar estereotipo del británico ideal. El Jefe Supremo en llamada directa desde Francia. Juliane llamó la atención de la persona que le daría todo o la detendría para siempre.

- Entiendo la importancia de la misión que ustedes ejecutan día a día - Oh no... - Así que expliquenme ¿Por qué usaron, no sólo el nombre y poder de la agencia, sino nuestras más secretas oficinas para una transmisión no aprobada?

Camille habló fuerte, profesional y decidida.

- Fue mi idea, Presidente, con autorización legal de mi cargo y completa supervisión.

- ¿Representan ustedes a la organización entera? Eso es lo que el mundo cree.

- Es un riesgo calculado, Presidente. No fue mencionada la locación ni...

- ¡El riesgo es exponer su operación en Qatar! El Príncipe Mesías no autoriza nuestra presencia a lo largo del Turf de Abdallah. Seríamos expulsados y ustedes arrestadas.

- Fue una apuesta, Presidente Pike. E igual creemos que el Príncipe nos debe una tras Eritrea y la operación Princesa del Norte.

El asesor de Benedict le habló al oído y mostró imágenes en pantallas fuera del video.

- Ustedes son una unidad especial, Directora Balestrazzi. Interpol no ejecuta, investiga, ni arresta. Somos un camino de cooperación internacional entre fuerzas policiales...

- La realidad del mundo hace a nuestra unidad vital para la Unión Europea - interrumpió Camille.

- Y la Unión es feliz de que ustedes existan, mientras no se enteren de lo que hacen ¿A qué se refiere con Eritrea?

Juliane sabía que Pike creó la oficina de Qatar. Él entendía que si Interpol no actuaba, ninguna nación haría justicia en el mundo tras el Holocausto. El Turf perdona a millonarios criminales. El Continente Bolivariano ignora los derechos humanos de sus ciudadanos. Y China, China era intocable. Pike no quería un reporte, quería ser inspirado.

- ¿Puedo responder? - preguntó Juliane.

- Es todo lo que pido - respondió Pike.

- Eritrea fué el último país de África en unirse al Turf de Abdallah. Una dictadura absoluta, más hermética que la vieja Corea del Norte. Décadas de tráfico de armas por petróleo los hacía difíciles de pacificar.

- Todos sabemos eso.

- Y todos sospechábamos de las atrocidades que cometían. De las historias que se filtraban a Etiopía. Aunque la información real era nula. Mi primer trabajo para la organización fue establecer lo que ocurría y actuar.

Juliane tomó aire, tomó agua, se acomodó la falda y continúo con total seriedad.

- Decidimos infiltrar el país bajo el disfraz de una celebridad con poder.

- ¿Quién?

- La princesa Alexandra de Mónaco.

Benedict Pike recordó por qué prefería no saber nada de Qatar.

- ¿Voluntariamente?

- Le explicamos la misión a la princesa y aceptó feliz.

- ¿Estuvo la heredera al trono de Monaco en Eritrea?

- No señor, yo asumí su identidad y apariencia física con apoyo de la organización.

Juliane esperó una reacción, pero Pike era una pared de concreto. Decidió continuar.

- A lo largo de un año establecí comunicación con el régimen de Eritrea con la excusa de querer conocer su país más de cerca. Creamos la fantasía de que el pasatiempo de la princesa era traficar con esclavos en peleas ilegales.

- ¿Arriesgaron el nombre de una familia real de la Unión?

- La princesa nos dio completa autorización legal, Presidente.

- ¿Valió la pena?

- Usamos una red capturada de tráfico de personas para fingir una transacción entre la princesa de Mónaco y ellos. Eso me llevó a conocer de primera mano la cupula militar y el lider de Eritrea. Siempre acompañada de agentes de la organización como seguridad de la Princesa.

- ¿¡Les vendimos esclavos!?

- No sólo esclavos. El lider prefería fuertemente adolescentes chinas. Una mezcla de agentes y niñas rescatadas que accedieron voluntariamente con garantía de protección.

- ¿Y si fallaban?

- No fallamos. Me aseguré personalmente que el lider de Eritrea nunca estuviera sólo con ellas. Fui convincente en mi papel de Alexandra.

Pike sabía qué significaba "convincente". Todo sonaba increíblemente ilegal y nada conveniente para la organización. El presidente interrumpió la conversación con ojos fríos y aburridos.

- El régimen de Eritrea ya no existe y ellos son parte oficial del Turf hoy. No me cuente detalles, Agente. Vaya al final.

- La Princesa Alexandra logró tal confianza con el dictador que logró penetrar sus anillos de seguridad - respondió Camille para cerrar la historia -. Al llegar a su residencia personal, fue neutralizado. Iniciamos el escape de las niñas y otros elementos de la organización. Tras extraerlo por mar, fue llevado ante la justicia del Turf en Emiratos. No hubo rastro del papel de Interpol en la operación, aunque asumimos que sospechan.

El asistente del Presidente de Interpol tomaba notas y confirmaba que todo fuera verdad.

- Presidente - agregó Camille -. La Agente Deckard también demostró la efectividad de los implantes experimentales para operaciones furtivas.

Benedict Pike se recostó en su costosa silla de diseñador, reflexionó y preguntó.

- ¿Por qué "Princesa del Norte"?

- Es el nombre con el que el Dictador y sus comandantes me llamaban - respondió Juliane segura.

- Algo como esto se filtra a los medios, a Internet, alguien habla.

- La princesa Alexandra coordinó apariciones públicas que la pusieron lejos de la acción. Las fuerzas militares del Turf tomaron control de Eritrea y se quedaron con el crédito. Silenciaron a los que tuvieron contacto conmigo.

- Esto no cambia una realidad. Ni el Turf de Abdallah ni el Príncipe Mesías autorizan nuestra operación legal o clandestina en su territorio.

- ¡Aniquilar el régimen de Eritrea es la definición de por qué Interpol existe! - dijo Juliane con sincera pasión -. Aunque no nos quieran acá, era un pueblo que merecía justicia.

- ¿Capturar al famoso F es justicia?

- Lo es si tengo razón.

- Agente, el anuncio de arresto al CEO de Pornactive nos creará un lío diplomático que no necesitamos.

Camille se puso de pie.

- Señor Presidente, no estoy escuchando un no.

- No empuje su suerte, Directora - respondió Pike apuntandole a la cámara con un dedo -. Ustedes son elementos talentosos, pero tengo a una docena de eurodiputados nerviosos. Inseguros del uso del presupuesto y el poder que representa la organización.

Hora de apostarlo todo.

- ¡Philippe Von Hoenheim! - exclamó Juliane como quitándose un peso de encima.

- ¿Quién?

- El Doctor Philippe es un ciudadano europeo. Ph.D. de la Universidad de Stanford. Especialista en sustancias psicoactivas. Desapareció del radar por un tiempo trabajando para la CIA del viejo Estados Unidos. Reapareció, en retiro, en una casa en Canarias. Hasta hace seis años cuando fue secuestrado.

El asistente interrumpió a Juliane con datos para el Presidente.

- Según nuestra información - respondió Pike - este doctor no fue secuestrado, sino que desapareció.

- El secuestro es una teoría que... - respondió Camille.

- ¡No es una teoría! - gritó Juliane.

- ¡Juliane!

Juliane inhaló y exhaló. Era tan díficil explicar esto.

- Fotos en redes sociales, de otros habitantes de Canarias, muestran un avión sospechoso entrar y salir de la isla en la fecha de su desaparición. Un avión nunca antes visto. Compacto pero con un poder increíble y características de nave militar. No fue capturado por radares españoles, no hay reportes en la policía, nada. Philippe vivía solo y alejado del público.

Juliane compartió las fotos a los móviles de todos.

- No registramos un avistamiento de la aeronave hasta que un día Pornactive es presentada al público. En un streaming mundial con un presupuesto de publicidad gigante. El día que el mundo conoce a F. El CEO de una empresa que vende un nuevo tipo de entretenimiento. Uno que se parece demasiado a una adicción profunda a sustancias psicoactivas.

- Señorita Deckard, ¿Su teoría es que un millonario excéntrico usó su jet privado para secuestrar un químico de la CIA y tráficar una droga en una silla?

- Así es, presidente Pike.

- ¿Tiene más pruebas que unas fotos en Internet?

- ¿De donde sacó el CEO de Pornactive el jet que usa? La teoría del mundo es que F le compró un avión único a China o al Turf. Impractico y especial como estrategia de marketing ¿No es así?

- ¿Y la respuesta es el video borroso que mostró en streaming? Ninguna corte internacional lo aceptaría como prueba si arresta a F.

- El video que mostramos en streaming está degradado a propósito. Tenemos en nuestro poder el video completo.

Benedict suspiró y quitó la mirada. Juliane respondió por él.

- Aquí está el original.

Juliane buscó en su móvil la pieza que convenció a Camille. En la pantalla de todos se reprodujo una grabación, con fecha del 20 de febrero del 2020. Claramente tomada con un teléfono. En una base militar, muchos camarógrafos y periodistas grababan a militares preocupados, entre ellos, F. Un F joven. Un F gordo. Un F arreglado y profesional, pero con un rostro de desesperación, sudor y preocupación.

"No pudo ser Corea del Norte" decía F en el video, mientras explicaba orgulloso lo que todo el planeta ya sospechaba. Que no fueron misiles los causantes del Holocausto.

El camarógrafo graba otros puntos de vista hasta que guardias de seguridad los expulsan del lugar. Es una torre de control. La cámara persigue a F y al grupo afuera de la torre, hasta una pista de aterrizaje. A lo lejos descansaba un avión experimental y un soldado de guardia. En el video, F caminó hacia el soldado, sacó una pistola de su espalda y le disparó en la cabeza. Varios periodistas corren asustados y la cámara se desenfoca. A lo lejos se divisan deslumbrantes explosiones termonucleares.

Al final, la cámara capta cómo el avión despega con mucho poder y desaparece en el cielo, luego el video corta con un último flash de luz.

Juliane devolvió el video al último punto donde F se ve de cerca, acercó la vista a su cintura y mostró una pixelada identificación. F era de la CIA, sin duda.

- El equipo de infoarqueólogos de Interpol Qatar trabajó por meses en recuperar este video. Una microSD destruída, recuperada en Nevada, Estados Unidos. Creemos que es la base Edwards de la Fuerza Aérea de ese país. El avión es el de F. La persona en el video es F, un analista de la CIA.

Juliane respiró profundamente una última vez.

- Esta mañana establecí contacto con el objetivo, tras semanas buscandolo en Abu Dhabi. Fingí ser una turista y logré confirmar que tiene un hermano, llamado Andrés, igual que el piloto del avión experimental. Sospecho que F infiltró la agencia para distraerla. Para engañar al mundo y ejecutar el Holocausto.

- Nada acá se sostendría de pie en una corte internacional. No todo se soluciona arrojando a un Dictador en una costa enemiga.

- Es la mejor pista que tenemos, en años, de quién realmente causó el Holocausto del 2020.

El presidente cortó el video y los minutos más largos de la vida de Juliane empezaron. Bajo la mesa tomó la mano de Camille y ambas apretaron fuerte. Juliane amaba estar en control, segura de si misma. Ahora todo era impotencia, inseguridad, incertidumbre.

- Nos van a denegar todo - dijo Juliane.

- Oh, eso es el mejor escenario. En el peor, cierran Qatar. ¿Qué voy a hacer en Paris si me reasignan? ¿Qué hago con nuestro gato?

- Yo hablo en serio Camille.

Camille se levantó, abrazó a Juliane y le dio un beso en la boca.

- Julie, no hay una agente mejor que tú en la organización. Yo creo en ti. Cree en mi.

El Presidente Pike volvió a la pantalla, mirando a una tablet en vez de a la cámara, semi distraido.

- Creemos que la operación no...

En ese instante, Juliane recibió un mensaje

<F> Lo siento J.

Pike recibió algo al mismo tiempo y reaccionó.

- Gente como F no se queda quieta. Si lo que quería era una reácción, agente Deckard - Pike levantó su móvil a la cámara -, aquí está.

F envió al mundo una dirección web. Juliane la abrió y llegó un streaming en el sitio oficial de Pornactive.

"-- Buenas noches, gente linda de la web que recibió, vía email o pulso, este anuncio especial. Mi nombre es F, un humilde empresario. Alguien más tratando de generar empleo y calidad de vida en el Turf, en Australia y a todos nuestros clientes. --"

F estaba en un taxicóptero siendo grabado por el móvil de alguien más. Tenía mucha sangre en un brazo, estaba despeinado y con la misma ropa con la que Juliane lo vio en la mañana.

"-- La increíblemente atractiva Juliane Deckard me obligó a hablar con ustedes hoy. En un cuestionable uso del dinero de la Unión, su organización Interpol me acusó de robar un scramjet de mi viejo Estados Unidos. Mi avión suborbital. Pero no se contentó con robo, porque según ella, también asesiné a un soldado. Un compatriota caído de mi amado y destruido país. Esto, según ella, me hace complice en el Holocausto Nuclear del 2020. Y quizás más insultante, evasor de impuestos. --"

El video dejaba ver, en las ventanas del taxicóptero, el familiar escenario de Abu Dhabi. F estaba volviendo a casa.

"-- Vengo a confesar, querido planeta, que casi todo es verdad --"

Juliane verificó, por reflejo, que su móvil estuviera grabando todo.

"-- Soy F. Fundador de Pornactive, ex-agente de la CIA, sobreviviente al Holocausto, ladrón de scramjets, emprendedor postapocalíptico y la única esperanza que tienen de saber la verdad. --"

"-- ¿Maté a un soldado? Miren bien el video. En mi opinión todos en ese video se convirtieron en atomos. No le disparé a nadie que no estuviera ya muerto. ¿Me salvé? Sí. Pero no causé el Holocausto. Ni tampoco Corea del Norte.--"

"-- Ahora es mi turno de acusar y culpar. Hoy, tras el anuncio de Interpol, intentaron asesinarme. --"

F mostró en la transmisión la herida de su brazo.

"-- ¿Quizás para callar mi parte en el 2020 como lo sugirió la agente Deckard? ¿No suena muy conveniente? ¿Quizás fue la misma Interpol para crear esa ilusión? Lo cierto es que las grandes fuerzas de seguridad del Turf me protegieron, no la policía del mundo de la agente. --" 

"-- Hago responsable de mi vida a Juliane Deckard y a Interpol. Que por cierto parece que ahora trabaja en tierras del Turf. Sospecho que el Príncipe Mesías 2Pac Abdallah El Cinco no lo aprobará. --"

F dejó de hablar por un momento y miró sonriente a la cámara. El viento del aterrizaje en su edificio agitaba su ropa y dejaba ver aún más la herida sangrante de su hombro.

"-- Bye bye Planeta Tierra, no olviden seguirme en @F --"

La transmisión cerró al tiempo que Juliane destruyó su móvil de un puño.

Maldito F. Maldita ilusión de que valía la pena salvarle la vida. No más credibilidad, no más soporte de la organización. Una carrera entera aplastada por el click de un stream. Maldito F.

Juliane y Camille recordaron que el presidente seguía en la linea. Su rostro proyectado en la sala de reuniones de Interpol Qatar. Con ira, quizás más ira que Juliane. Mirando a la cámara. Mirandolas a los ojos. Tras pocos segundos de silencio, dejó caer su veredicto final.

- Presupuesto aprobado. Operación autorizada. Uso de materiales clasificados permitido. Atrapen al hijo de puta.

(Sigue en el capítulo 6: Mesías.)


Feb 25th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 4: Velocidad del sonido

Capítulo 4: Velocidad del sonido

(Capítulo anterior: 3: Viento)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

-

¿Cuándo usas a un francotirador para matar a alguien?

Una bomba es efectiva, pero crea daño colateral. Un asesino en la calle tiene el peligro de ser capturado y que lleve a ti. El veneno no es efectivo en paranoicos como F. Un accidente puede fallar y requiere conocer la agenda de tu objetivo.

No, un francotirador es la forma ideal de matar a F. Es personal, lejano y difícil de rastrear en caso de que falle. Es público y hará que los medios se enteren. Es imposible de evitar si no fuera por el mensaje de texto que F recibió hace un instante.

La atención de F se centró en la inmensa ventana de su sala. Un vidrio gigante, con vista panorámica a toda la ciudad. Drones, taxicópteros, más drones, edificios, más drones, calles manchadas de arena, techos. Su asesino podría estar en cualquier lugar, viéndolo ahora mismo.

F mostró a Andrés el mensaje en pantalla.

<J> Te van a matar. Francotirador. Aléjate de las ventanas y sal de ahí ya, ya, ya.

Andrés se sentó en el sofá con el móvil en la mano, leyendo letra por letra el mensaje, pensando con esfuerzo. La sala era un amplio espacio con pisos de falsa madera gris. Un techo semitransparente de iluminación uniforme gracias a una inmensa matriz de LEDs. La pared se convertía en una pantalla sincronizada con todos los móviles de la casa. El televisor estándar de los apartamentos de Abu Dhabi.

- ¿Quién es "J"? - preguntó Andrés al fin.

- Es Juliane Deckard, al parecer, la agente de la Interpol.

- ¿La que prometió arrestarte en streaming mundial?

- Sí.

- Con la que dices que "volaste una cometa" esta mañana.

- Sí.

- ¿Qué carajo quiere decir que volaste una cometa con ella?

- Exactamente lo que significa - respondió F distraído.

Andrés lo jaló del cuello de la camisa y lo obligó a mirarlo a los ojos.

- ¿Esto es un chiste? ¿Una "campaña de marketing" de las que nunca me haces parte?

F tomó el brazo de Andrés, pero no hizo demasiada fuerza.

- No es un chiste y tengo tanta información como tú. Juliane se me apareció por la calle, me habló sin decirme quién era, fui un idiota y hablé de más.

- ¿Le dijiste a una mujer cualquiera por la calle que estoy vivo?

- Sí, es fantástica Juliane - respondió F con auténtica admiración.

Andrés lo soltó, saltó del sofá a la cocina y recordó que Ketchup estaba ahí. Un confundido niño sin padres, familia ni contexto.

Andrés y F nunca fueron grandes amigos. Tras crecer como un piloto estrella en la Fuerza Aérea, Andrés usó su influencia para ayudar a F a estudiar en Stanford. Ahí fue reclutado como analista en la CIA y perdieron contacto hasta que la enfermedad de su madre los reunió.

Estos seis años viviendo juntos habían sido difíciles. Ver el peor lado de su hermano, seguir planes que no parecían tener conexión. Guardar la frustración de estar a la sombra "por protección".

También era suficiente tiempo para saber que F, aún en la peor situación, tendría un plan.

- OK, ¿Por qué la agente de la Interpol que te está persiguiendo te advierte de un francotirador?

- No tengo idea.

O no. Andrés suspiró.

- ¿Intentaste preguntarle?

F miró con cara perdida a la ventana, tomó el móvil, se lo estrelló en la cabeza y respondió el mensaje de Juliane:

<F> ¡Nah!

Al instante el móvil vibró.

<J> ES MUY EN SERIO. No sé quién es y no me sirves de nada muerto, pero tengo intel de alguien que contrató a un francotirador para matarte hoy, a esta hora. ¡LÁRGATE DE AHÍ YA SIN QUE TE VEAN!

¿Por qué F no había pensado en escribir de regreso? ¿Algún cliché idiota de película? ¡Pero si tenía total sentido!

El cerebro de F, gracias a algún instinto vestigio de supervivencia, le dijo: "¡Hey! Es de verdad ¿Quizás deberías hacer algo para que no te maten?"

Y F despertó.

- Juliane dice que me quiere vivo.

- ¿Y si es una trampa?

- Recuerda que Interpol son "los buenos". No asesinan gente. Tras el streaming, si muero, la acusarían a ella.

Andrés se alejó de las ventanas, tomando a Ketchup del hombro. F los detuvo con un gesto.

- No nos harán nada en esta casa. El vidrio es tan grueso que necesitan C4 para romperlo. No quiero jugar a escapar, sino a ganar. Tengo una idea para atrapar al tirador.

- ¿¡Atraparlo!? Obvio que quieres atraparlo ¿Cómo?

- No lo haré yo, lo harás tú.

Ketchup estaba blanco, interiorizando la idea de morir ese día, sin saber si correr o esperar lo inevitable. Se sentó en el piso mientras veía a F trabajar en el móvil y en la pantalla gigante a toda velocidad.

- Un soldado entrenado ya sabe que estas ventanas son impenetrables. Al sur del edificio está la mayor cantidad de puntos desde donde puede tratar de disparar. Inventarán algo para que salga del apartamento y sea vulnerable. Por tierra o por el helipuerto. Probablemente el helipuerto.

- Ajá ¿Entonces escapamos por los ascensores al centro comercial subterráneo? - propuso Andrés - Luego al metro o a pie entre la multitud, pero eso no nos ayuda a...

- No, saldré por el helipuerto, necesitamos hacer que dispare.

Para Andrés era evidente que su hermano no aceptaría ningún plan sensato. Pero seguro había algo más, así que decidió callarse y esperar. F lo miró a los ojos, se sorprendió de su falta de reacción y siguió hablando.

- Esto puede sonar loco. Podemos rentar varios drones alrededor del edificio y que graben a donde creemos está el tirador. Yo estaré mirando los videos en el móvil. Un rifle de precisión tiene un flash muy fuerte al disparar y será más visible en las cámaras infrarrojas de los drones.

- No es una gran garantía. Un flash de luz puede darse por lo que sea. Una luz prendida, una fotografía, un reflejo.

- Sí, por eso hay una segunda parte. Tú y Ketchup pedirán dos taxicópteros y volarán lejos del edificio en direcciones contrarias. Ambos correrán una app en el móvil que detectará el sonido del disparo y...

Andrés lo tenía que interrumpir.

- ¿Una app? ¿El sonido? Esto es ridículo.

- ¡Esto puede funcionar Andrés!

- No, ya te entendí. Quieres triangular el sonido, apoyarte de las cámaras, detectar el origen. ¡Pero un rifle es supersónico! Te van a hacer un agujero en la cabeza antes de que te enteres.

- No si estoy en lo correcto. Tu vuelas acá - F señaló el mapa en la pantalla de la pared - donde creo que estará el tirador. Ketchup vuela acá y yo tendré el mismo sistema en mi móvil. Yo te digo donde está, tú lo atrapas.

- ¿De dónde vas a sacar "la app"?

- Ya la tengo. Hace diez minutos publiqué los requerimientos en Internet, recibí cuatro propuestas. Pagué diez mil yuans al desarrollador y mil yuans al control de calidad que eligió la mejor. Esto lo usaba la policía de Los Ángeles desde el inicio del siglo, no es tecnología rara.

Los hermanos discutieron los detalles, mientras Ketchup los miraba absorbiendo todo. F quería que Ketchup volara, solo, en un helicóptero sin piloto. Andrés explicó cómo pedir el taxicóptero por móvil y darle órdenes. Ketchup mientras planeaba desesperado lo que haría después.

El sol empezaba a caer en Abu Dhabi. Andrés se cambió la ropa a un traje normal y una mochila gigante en su espalda. Le dio un móvil a Ketchup para que ambos pidieran los taxis y salieron al techo, no sin antes despedirse de F.

- Si esto no funciona, te mato.

F los escuchó irse y esperó en el sofá. Se sirvió un whisky, luego dos. Jugó con la app que un hacker genio creó en minutos, apoyado de décadas de librerías y experiencia de otros programadores. F recordó sus épocas en la CIA. Programar drones, calcular rutas de interceptación, analizar patrones de comportamiento. Buenas épocas. Mejores épocas.

El móvil sonó, la llamada que esperaba.

- Señor F, somos de la administración, hay un problema urgente con su avión y necesitamos que suba al helipuerto.

Ah, era tan obvio. F habría caído como imbécil si no fuera por Juliane.

- En un instante subo.

F decidió agradecerle a Juliane antes de poner el plan en movimiento.

<F> Gracias por el aviso. Voy a atrapar al francotirador. xoxo

<J> ¿Qué? ¡Te dije que escaparas, que lo evadieras!

<F> Pero eso hará más difícil que me encuentres y captures, Agente Deckard.

<J> Esto no es un juego F. Quien me dio esta intel sólo está conectado con asesinos profesionales. No debería compartir contigo esto y mucho menos responderte.

<F> ¿Cuál es tu idea acá, J? ¿Llevarme ante la justicia europea? Me pudiste arrestar hoy mientras jugábamos. ¿Quieres algo más de mí? No me suena a que seas la agente perfecta que vi en streaming.

Juliane no respondió más. F se puso de pié, encendió su móvil, activó la app y salió al techo.

F pasó los detectores de radiación y otros sistemas de seguridad. Se detuvo justo antes de salir de la protección de las paredes. En su móvil decenas de videos de drones con color falso estaban listos a reaccionar a un flash. Números bajo los videos mostraban la posición, a lo lejos, de los helicópteros con Ketchup y Andrés.

Cuando F diera un paso afuera del ascensor, un disparo volaría hacia él. La velocidad promedio de un proyectil es de ochocientos metros por segundo. La velocidad del sonido es la mitad de eso, pero Internet es instantáneo. El móvil de Andrés o de Ketchup capturarían el disparo muy de cerca, en el kilómetro y medio de rango que tienen la mayoría de rifles.

Una alerta saltará en el móvil de F en el instante que el disparo ocurra, dos segundos antes de que llegue a él. F caerá al suelo y triangulará el disparo. El resto depende de Andrés.

F, curiosamente, no tenía terror, no tenía adrenalina. No como la que sintió el día del Holocausto, cuando todo terminó. Él podía morir ese día y estaría bien.

Dio un paso afuera. Cero alertas. Dos, tres. Cero alertas. No hubo disparo.

Caminó cien metros en el helipuerto hacia su avión, contemplando que todo fuera una trampa de Juliane.

ALERTA: Disparo. "Andrés". 816m/s.

Ah, así se siente el miedo. F se tiró al suelo al tiempo que el calor de un proyectil lo atravesó.

Andrés volaba alto sobre Abu Dhabi, pero tan bajo como el software del taxi se lo permitía para poder escuchar el disparo. El "bang" lo tomó por sorpresa. Miró a todos lados, pero la ciudad se veía igual que cualquier otra. La app le informó que, sin duda, ese había sido un disparo de un rifle M110 SASS. Estaba impresionado.

Esperó que F dijera algo, que la app le diera una pista adicional, pero nada pasó por un minuto que se sintió como horas.

De repente recibió una imagen en pantalla, borrosa, en blanco y negro. Un edificio a escasos quinientos metros de su posición. Un flash de luz en la imagen.

El brazo izquierdo de F pulsaba de dolor. Sangre brotaba de un agujero en su hombro. F cayó sobre su móvil, pero seguía funcionando sin problemas. El milagro de la tecnología china. Rodó en el suelo y quedó boca arriba. Con el brazo derecho manipuló el móvil y encontró el mensaje que esperaba.

816m/s. Lat 24.4835, Lon 54.3587

F escaneó los drones que estaban grabando en esa dirección. Con el dedo movió la grabación hasta que encontró un único cuadro del video donde, desde lo alto de otro edificio, se veía un flash de luz. Envió la imagen a Andrés, contempló desmayarse del dolor, decidió no hacerlo y pidió un taxi.

Andrés realmente nunca había matado a un hombre a sangre fría. Soltó un par de misiles sobre "objetivos" e "instalaciones" en su carrera militar. Pero él sólo volaba, apuntaba, lanzaba y volaba de regreso a una cena caliente y mujeres fáciles en la base. Esta vez era diferente.

Sacó rápidamente el rifle de servicio que guardaba en el apartamento. Puso una mira telescópica, cargó el proveedor y apuntó a donde F le dijo. Encontró en la mira a un hombre vestido de árabe, con ropa color desierto. Guardaba en una gran maleta lo que parecía un arma de larga distancia.

"No dispares a matar, inhabilita, pero no mates. Sólo inhabilita el objetivo".

Andrés disparó. El objetivo cayó al suelo. Le ordenó al taxi volar sin aterrizar muy cerca del edificio y luego irse. Saltó a pocos metros del techo del edificio y corrió. Encontró a un hombre vivo, confundido, buscando un arma dentro de la maleta, con un disparo en el estómago.

El estómago está bien. Es una herida de muerte muy lenta y completamente tratable. Eso quería creer Andrés mientras apuntaba con su rifle y le gritaba, con insultos, que no se moviera. Se sorprendió de escuchar al hombre, en perfecto inglés, que todo estaba bien, que podían hablar esto.

Un segundo taxi aterrizó en otra zona del techo y esperó. Un F ensangrentado, lleno de ira, caminó con dificultad hacia ellos. Una pistola muy rara en su mano. Cuando estuvo cerca apuntó y disparó con la pistola al francotirador e impactó en su cuello. El hombre cayó al suelo.

- ¡QUÉ! ¿Qué hiciste?

- Es la pistola de dardos. Necesito información. Es una carga masiva de escopolamina de las de Phil. Nuestro amigo sólo está en shock.

F vio a su asesino, lo movió con el pie y vio la herida en el estómago que tenía.

- Oh. Buen disparo.

- ¿En serio? - preguntó Andrés sarcástico.

- Estoy bien, por cierto - respondió F mostrando la herida en su hombro, cuyo brazo colgaba sin energía.

- ¿Por qué lo drogaste?

- Porque seguro tiene entrenamiento y no va a hablar. Nada mejor que una droga que te quita la voluntad para solucionar eso.

Andrés lo ignoró. Varios minutos pasaron y el francotirador seguía sin responder, desangrándose rápidamente. F decidió que el hueco en el estómago y el dardo en el cuello no eran muy saludables. Cambió la carga de su pistola por una de adrenalina y le disparó en la pierna. El asesino despertó repentinamente con un grito.

- Ah, buenos días. ¿Cómo te llamas?

- Jeremy Clinton.

- No, llámame "señor" al responder.

- Jeremy Clinton, señor.

La escopolamina estaba funcionando.

- ¿Quién me quiere matar, Jeremy?

- No lo sé, señor.

Obvio que no ¿Cómo podía esperar respuestas? ¿Cómo se podía ser tan iluso? F pateó a Jeremy, quien gimió ligeramente de dolor pero continuó sin responder, con la mirada perdida.

- ¿Quién te dio la orden de dispararme?

- Mi comandante señor.

- ¿Quién es tu comandante?

- Teniente Comandante Kristen. Señor.

"Teniente Comandante". Realmente era militar este tipo.

- ¿Cuál es tu unidad, soldado?

- SEAL Team 3, señor.

Oh no. Andrés dio un paso atrás. F se sentó en el suelo. Andrés lanzó varios insultos al aire. Este tipo no podía ser parte de los piratas más poderosos de la tierra. La fuerza que creó un terror incomparable en la historia del comercio marítimo. Los terroristas más famosos del mundo. Tenía que estar seguro.

- ¿SEAL Team 3? ¿A qué fuerza perteneces soldado?

- La Armada de Estados Unidos, señor - respondió Jeremy con tos y dificultad para respirar.

¿Quién tenía el dinero y el poder de persuasión para darle una orden a la más hermética de las fuerzas que quedaron del viejo país? Un nuevo enemigo con más poder que nadie.

Jeremy empezó a perder color en el rostro, su herida era cada vez más dramática. F estaba mareado por el calor, por la información y por el disparo que sentía en el hombro.

- Tenemos que irnos de aquí F - ordenó Andrés, que sabía dar prioridad a lo que la merecía - ¿Qué hacemos con él?

- Nada.

F se puso de pie y vio a Jeremy, en el suelo, moribundo.

- Te ordeno que te quedes acá y no te muevas ¿Entendido?

- Sí señor.

F no sabía cuánto duraría la carga de escopolamina, ni si el instinto de supervivencia sería más fuerte que la droga. No quería matar a nadie, pero tampoco tomar riesgos. Mucho menos perdonar. Perdonar quedó en el pasado. Andrés quería protestar, pero sabía que atender a F y salir de ahí era urgente.

Andrés recordó a Ketchup e intentó llamarlo, pero el móvil no respondía. Revisó la posición de su taxi, pero hace rato había cambiado de pasajero. Andrés no tardó en entenderlo. Mientras subía al helicóptero alquilado de F, le explicó calmadamente.

- Tenemos que ir a casa, llamar al médico, curarte con calma y pensar lo que haremos. Será en ese orden ¿Está bien F?

- Claro que sí ¿Por qué la insistencia?

- Porque sé cómo eres y porque Ketchup se acaba de escapar.

(Sigue en el Capítulo 5: Princesa del Norte)


Feb 13th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 3: Viento

Capítulo 3: Viento

(Capítulo anterior: 2: Vector de entrada)
Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

- Torre de control, permiso de entrada al cielo de Abu Dhabi en vector 38, dirección helipuerto Abdul Nihon XIII - transmitió Andrés por radio.

- Permiso concedido, PA1. Por petición previa, éste vuelo no contará en el registro permanente del puerto.

- Afirmativo, control. Aterrizando en cinco.

- Bienvenido a casa, PA1. Cambio y fuera.

F había regresado a su hogar. El país que le dio asilo cuando el mundo odió a todo ciudadano americano. Abu Dhabi era de las ciudades más ricas del mundo y con más extranjeros, en especial millonarios sobrevivientes. F no llegó al país por ser rico, sino cobrando un favor que el gobernante del lugar le debía hace años.

El sonido de vómito de Ketchup sacó a F de los recuerdos y lo regresó a la realidad. El niño tosió tan fuerte que hasta la cabina se escuchó.

- Andrés, ¿Estás ahí?

- Soy el piloto. Siempre estoy aquí.

Andrés no estaba de buen humor. F trataba de no contarle todo en caso que algo saliera mal. El niño que F decidió "rescatar" no ayudaba tampoco.

- Andrés, no entraré al apartamento. Necesito pensar. Déjame en el techo y entra tú con Ketchup.

- ¿Puedes venir a la cabina?

F suspiró. El scramjet no fue diseñado para comodidad. El avión no necesitaba realmente un copiloto, por lo que la segunda silla de la cabina era más para entrenamiento. F se sentó, cerró la compuerta a la bahía de carga y volvió a suspirar. Hora de ser regañado.

- ¿Ahora nuestro negocio es adoptar niños? - preguntó Andrés, sarcástico.

- No entiendo qué te molesta de esto. La operación salió bien, entregamos el paquete y...

- ¿Salió bien? Dime entonces ¿Qué te dijo El Libertador? ¿Todos los químicos y cosas raras que me hiciste traer de Dubai sirvieron?

- La cápsula de Phil dio resultado, si eso es lo que preguntas, Carlos Pérez usó la silla y me dijo la verdad.

- ¿Y cuál es la verdad?

- Él no sabe nada.

Andrés golpeó la pantalla del radar 3D de la nave con fuerza.

- ¡Hey! - gritó F - Este es nuestro único avión. No hay otro. ¿Más cuidado?

- Es mí nave, es vidrio templado y... No me jodas, F. ¿Sabes que estuvimos a un milímetro que nos bombardearan? No es un avión mágico. Nos habrían matado ahí mismo. ¿Valió la pena ese riesgo?

- Andrés, confía en mí.

- Confía, confía, co...

- ¡ANDRÉS!

El incómodo silencio contrastaba con el despliegue de luces y alertas de la cabina. La nave entraba lentamente de regreso a la atmósfera y en el horizonte se veía el sol salir rápidamente. Aterrizarían de día. Sobre la ventana del piloto, un sistema de realidad aumentada sobreponía el vector de aterrizaje encima del terreno.

- Andrés, no puedo contarte todo. El niño es un sobreviviente del 2020 en la frontera con México. Quizás sepa algo, quizás si lo llevamos con Phil y le hacemos recordar...

- F, me preocupa todo esto. Yo también leo internet. Sé que nos vieron despegar y aterrizar. Si Interpol nos está buscando, es que nos volvimos más importantes para ellos. Llevamos seis años en la sombra y tenemos mucho qué esconder. El robo de esta cosa, el secuestro de Phil, el...

- No, no, nadie sabe nada de eso. La interpol me busca por evasión de impuestos a nuestras cuentas allá. Mira, te prometo que, en cuanto pueda, te contaré todo.

- ¿Y si lo de los satélites no es un chiste? ¿Si la Unión Europea tiene satélites y los usan contra nosotros?

- Nadie tiene satélites, Andrés. Ni los chinos pueden poner algo en el espacio. Sólo nosotros.

- Cómo sea. ¿Qué quieres que haga con... ? ¿Cómo le llamaste?

- Ketchup.

- Eres un desgraciado.

F ignoró el comentario.

- Que un médico lo vea en casa. Lo necesito en el mejor estado físico si lo llevaremos con Phil. Y sé discreto, que nadie en el Turf sepa que el niño entró al país.

- OK. Siéntate.

El scramjet aterrizó suave como una pluma en el helipuerto privado del edificio Abdul Nihon XIII. Un centro comercial y oficinas de cuarenta y tres pisos, cuyos últimos tres eran el hogar de F y su empresa, Pornactive. F sacudió el mareo de su cabeza, salió tranquilo de la nave y vio como el niño tambaleaba mientras miraba con ojos de incredulidad a la cantidad de rascacielos a su alrededor.

- Ketchup, - lo llamó F - Te va a ver un médico. Nada raro. Charlaremos después.

- Señor F - preguntó Ketchup respetuoso, pero desafiante - ¿Puede decirme la verdad de lo que me van a hacer?

¿Qué?

- Antes de ser entregado al Libertador - explicó Ketchup - también me vio un doctor. Sólo quiero saber señor F. Nunca me han dicho qué haré antes de que pase... sólo quiero saber.

- ¡Ketchup! Puedo no parecer un amigo, ni tampoco te digo que lo seré, pero no planeo más que ser tu jefe. - mintió F - Te daré un empleo de asistente, te pagaré por el empleo, nada más.

- Antes con el Libertador...

- No, no me importa lo de antes, ni qué pasó. Míralo como una oportunidad. Si no te gusta, eres libre de irte a cualquier lugar en Abu Dhabi que te acepte.

F nunca dejaría a Ketchup irse tras lo que invirtió en traerlo, pero de nada sirve asustar si en cambio puedes inspirar.

- Si te quedas, tendrás un empleo y la vida que quieras.

Ketchup vio a F como si por primera vez en la vida contemplara esa posibilidad.

- Yo no sé hacer nada, Señor F - respondió confundido el niño.

- De eso me encargo yo.

F dejó a Ketchup y caminó a los ascensores públicos. Bajó a la base del mega centro comercial y salió a la calle. No mucha gente caminaba en Abu Dhabi y los pocos que lo hacían siempre iban corriendo.

Su plan principal falló, pero aun F tenía muchas ideas. Pornactive era una empresa sólida, su viaje a ver al Libertador puso muchos ojos sobre él, pero aún nadie debía sospechar lo que F buscaba.

F pensó en el futuro mientras caminaba entre las calles frías de la ciudad. Los edificios habían crecido al punto que, en muchos lugares, el sol nunca llegaba. Es lo típico de ciudades que, de repente, tienen anormales ingresos de dinero. Cuando el Príncipe Mes...

- ¡Hey! - le dijo alguien por la calle - Tú, el del peinado ridículo.

F levantó la mirada del suelo y vio a la mujer más hermosa que la vida hubiera puesto en su camino. Su cabello iniciaba rojo oscuro, pero en el medio se transformaba en dorado y terminaba en un azul eléctrico en las puntas. Era largo, lacio y delgado, como pintado con acuarela. Sus ojos eran oscuros, pero no negros. Grandes y brillantes. El color de sus cejas la delataba peliroja. Ligeras pecas manchaban sus mejillas.

- ¡Hey, despierta! - sacudió aquella mujer a F - ¿Quieres ayudarme a volar una cometa?

El cerebro de F entró en corto. Su voz tenía un dulce acento francés. Sus labios eran delgados. Llevaba una blusa holgada pintada con un cuadro de Van Gogh que le dejaba al descubierto el hombro izquierdo. Un sostén de color púrpura eléctrico. Shorts de jean que no le veía usar a alguien desde antes del 2020. Botas militares mal amarradas. Una mochila gigante de la que salían palos, cuerdas y rollos de plástico. Un caro reloj de hombre. Una mirada de falsa inocencia.

Este no era el lugar, ni el momento, ni la persona, ni la ciudad, ni nada. Pero F no podía dejar de mirarla. La sobrecarga de estimulantes que vivió por probar los prototipos de Pornactive había arruinado su química cerebral empática. Pero esta mujer lo recargó de dopamina, oxitocina y serotonina como no sentía desde sus más locas fiestas en Stanford.

- ¿Tú sabes quién soy yo? - le preguntó F.

- ¿Un tipo aburrido sin nada que hacer?

Ella parecía el tipo de persona que no ve las noticias.

- No, tengo demasiado en qué pensar y no puedo ayudarte. - Te vi pasar dos veces desde el café de esa esquina. Estás caminando sin rumbo, dando vueltas, mirando al suelo. - Ella sonrió coqueta - No tienes "demasiado qué hacer", ayúdame a elevar mi cometa.

Esto era ridículo.

- ¿Qué es una cometa? - preguntó F resignado.

- Genial - dijo ella riendo - ¡Ven!

Ella lo tomó de la mano y empezó a correr. Había un mundo afuera que necesitaba a F. Bastardos con poder para aplastar. Planes que desarmar. Justicia que entregar. Emails que responder. Un niño mexicano con una pieza clave en su cabeza. Pero no, estaba corriendo de la mano de una mujer que seguro ni móvil tenía, camino a un futuro que desconocía.

F sintió una sensación que creyó perdida. La adrenalina de la emoción.

La chica dejó de correr al llegar a un edificio monolítico, más alto que donde vivía F. Entró al ascensor y oprimió el botón del último piso. F contempló la posibilidad que un helicóptero estuviera arriba, con varias personas armadas, esperando a secuestrarlo a cambio de dinero. Pero la mano sudorosa y la alegría contagiosa de su acompañante sólo lo hacían querer vivir más el momento.

El techo gigantesco del edificio era un lugar increíble. Una pradera. Verde césped contrastado con muchas espigas de trigo en una gran área. Paredes de vidrio reforzado rodeaban el lugar y a los alrededores sólo se alcanzaba a ver las puntas de los más altos rascacielos de la ciudad junto a árboles, flores y arbustos.

- Co... ¿Qué es este lugar? - preguntó F.

- Está en todos los folletos de turismo de Abu Dhabi - se burló la chica, como si fuera algo obvio.

Ella empezó a descargar su mochila, extendiendo varas de madera, hilo blanco y mucho plástico de color rojo translúcido. F recordó que no tenía idea qué hacía ahí.

- ¿Qué es una cometa?

- ¿En serio? - le preguntó ella ofendida mientras extendía el plástico sobre el suelo - Tiene muchos nombres en otros países, pero es básicamente un juguete que vuela.

- Creo... recordar el concepto.

- Felicidades. Ahora ayúdame con esos palos. Necesitamos hacer una forma de diamante para poner el plástico sobre ellos.

F decidió que aquella chica era un misterio a resolver.

- ¿Entonces este es tu pasatiempo?

- Elevar cometas es genial, te encantará.

- No. Buscar hombres solos por la calle e invitarlos a acompañarte.

- ¿Crees que te hablé por hombre? Te hablé por aburrido. En esta ciudad todos están ocupados y apurados. Tú no. Si fueras mujer te lo habría pedido igual.

- Entonces no me conoces y me hablaste porque caminaba más lento que el resto.

- Así es. Ahora ayúdame a extender este hilo. ¿Cómo te llamas?

Si ella no sabía de él, de su empresa, de su avión, de su mala fama según los medios, F no veía por qué cambiar eso.

- No es importante mi nombre ¿Cómo te llamas tú? - Entonces mi nombre no es importante tampoco - le dijo ella, sacando la lengua.

F terminó de desenredar la bola de hilo mientras ella amarraba pequeños nudos a las varas de madera. Por más extraña y misteriosa, F no era fan de no tener información. Decidió obtenerla por su propia cuenta.

- ¿Tu padre murió y lo amabas, verdad?

La chica se detuvo y su expresión de ausente felicidad cambió por una de auténtico impacto. Miró perdidamente a la nada y le habló a F con un acento francés aún más marcado que antes.

- Eso es verdad para cualquier persona después de cierta edad. No es raro que los padres mueran y no es raro que amemos a nuestros padres.

- Así es - comentó F - Pero en tu caso es cierto. Todo lo que llevas es de viajera, pero ese reloj es demasiado caro, antiguo y masculino.

- ¿Cómo sabes que no es de algún novio que le gustan las antigüedades?

- No lo es. Lo usas todo el tiempo. Estás bronceada toda, excepto en la muñeca.

- Está bien, es verdad, amaba a mi padre. - le respondió, retomando su acento original - Y sí, murió. En el 2020, de hecho.

- ¡Wow! - exclamó F.

Jamás creyó encontrar a una ciudadana americana con acento francés, sobreviviendo al holocausto

- ¿En qué ciudad?

- New York. Mi madre es francesa y yo estaba en París ese día. Él estaba con mi hermana, trabajando. ¿Podrías ayudarme a templar el plástico? Es trabajo de dos.

F decidió no hablar mucho más. A ella le afectó hablar de su padre y su alegría del principio ya no era tan marcada. Pero tras varios minutos de trabajo, no podía soportar más el silencio.

- Yo estuve allá, en el 2020.

- ¿En dónde?

- En Estados Unidos.

Los ojos de ella crecieron más de lo que él creyó posible. Ella lo miró con el asombro que se ve una aurora boreal. Se le acercó ligeramente y tomó una de las manos de F, mientras le preguntó.

- ¿Cómo? ¿Cómo sobreviviste?

- Por mi hermano. Él es un piloto. Estábamos en un avión en ese instante y volamos lejos de las explosiones en el momento justo.

- Nunca había visto un sobreviviente fuera de los refugiados. Fui voluntaria ¿Sabías? - F no sabía - Viajé más joven a Estados Unidos a ayudar a la gente. Construir casas, pozos de agua, centros de auxilio. Repartí medicina antiradiación, limpié... Bueno, tú sabes cómo es. - F sabía de la vida horrible de los pocos sobrevivientes - Nunca vi antes a alguien que tras estar allá tuviera una vida... normal.

- Oh, no tengo una vida normal. Créeme.

Ahora ambos se turnaban en fijar los bordes plásticos al marco de la cometa. El ánimo de ella había regresado un poco. F decidió aventurarse con más datos.

- ¿Tu padre y tu hermana? Seguro eres la mayor, ¿Verdad?

- ¿Eres un detective?

- ¡Eres la mayor!

- Sí, Alizée era mi hermana menor. Era una niña en el 2020. Y tú, tu también eres el mayor.

- OK, ¿Cómo supiste?

- No lo hice, cincuenta por ciento de probabilidad es una buena apuesta. ¿Cómo supiste tú?

- Jeje. También me gusta apostar.

Esta chica era demasiado interesante para ser una viajera sucia y hippie.

- Sí, soy el mayor. Andrés es mi hermano menor.

- Oh, ahora sí me dices nombres.

- Tú me dijiste el nombre de Alizée. Estamos a mano.

La chica terminó los nudos del cuerpo de la cometa, extendió a F la cuerda principal y revisó que la tensión del plástico fuera correcta. Se lamió un dedo, sintió la corriente del viento y le dijo a F que dejara correr cuerda entre sus manos hasta que ella le gritara que jalara.

F se ubicó en posición y ella empezó a correr con total entrega en dirección del viento, con la cometa alta en su mano. En un punto le gritó a F y soltó la cometa. F jaló la cuerda tan fuerte como pudo y ésta empezó a tomar vuelo, pero lo perdió rápidamente. F jaló más y más fuerte y se dio cuenta que en su memoria muscular estaba esto, pero no recordaba haberlo hecho antes.

La chica corrió a toda velocidad a F, lo empujó con el hombro, tomó la cuerda y jaló con mucha más habilidad. La cometa tomó vuelo y empezó a subir más y más alto.

- Me tienes que decir tu nombre. - le ordenó F.

- No, no tengo.

- Me llamo F.

- Nadie se llama F.

- Yo sí.

- OK.

- Oh no, nada de OK. Me tienes que decir cómo te llamas ahora. Yo te lo dije, es cuestión de honor. Más ahora que la cometa vuela.

Ella soltó la cuerda y la cometa tomó más vuelo. Y más, y más. Hasta que no hubo más cuerda y la cometa se soltó y siguió volando por si sola, fuera del alcance de ambos. Ella dio la vuelta, miró de frente a F y le dijo con una ligera sonrisa, como si quisiera que nunca lo olvidara.

- Juliane.

F miró a Juliane y dijo su nombre con sus labios sin realmente hablar. Juliane. Se llama Juliane. ¿Hace cuantos años no sentía algo así? ¿Cinco? ¿Todos? F intentó acercarse a Juliane, pero ella dio la vuelta y fue corriendo a su mochila a buscar algo, apurada.

- Agh, mi móvil no tiene batería ya ¿Qué hora es?

¿Un móvil sin batería? ¿En ésta época? Aunque a F le costaba creerlo, sus funciones mentales estaban seriamente limitadas. F sacó el móvil de su bolsillo y vio que habían pasado casi tres horas desde que aterrizó en Abu Dhabi. También vio tres mensajes de Andrés con "el doctor ya vino, ven rápido, querrás saber esto".

F volvió a la realidad.

- Es casi el medio día.

- Oh, ¡merde! Mi vuelo me va a dejar ¿Me dejas hacer una llamada?

¿Vuelo? ¿Qué? F no reaccionó. Ella sólo se le acercó y tomó el móvil de sus manos. Marcó un número y empezó a hablar francés con alguien. Un vuelo, F no la vería más. Ella se iba ya. Tenía que haber alguna forma. ¿Llevarla en el scramjet? ¡No, eso es estúpido! Nadie puede entrar al scramjet ¿Alquilar un jet privado? ¡Eso! ¿Pero de quién? ¡No importa!

Mientras F pensaba, una parte de su mente se reactivó y escuchó la conversación de Juliane.

"Todo salió muy bien, mejor de lo que esperaba. No puedo esperar a verte. Recógeme en el aeropuerto y ten todo preparado. No olvides este número. Besos."

Oh.

Ella colgó y devolvió el móvil. F lo tomó y le dijo.

- ¿Novio esperándote en casa? ¿Esposo? ¿A quién no puedes esperar ver?

- Oh. El señor F sabe francés.

- Y árabe, español, inglés, japonés, mandarín, alemán e italiano.

- Oh la la, pero te gano por dos.

- ¿Novio? No creo que esposo, a menos que lleves un buen tiempo sin anillo.

- Ni novio, ni esposo. Es mi compañera de cuarto. ¿O parezco el tipo de persona con novio esperando en casa?

Ella no parecía ningún tipo de persona y eso enloquecía a F.

- Lástima que hoy te vas de mi ciudad.

- Vi más de lo que planeaba - respondió ella mirando al cielo, donde la cometa aún volaba lejos - Y seguro que mi trabajo me hará volver.

- ¿Y si quiero volver a perder una mañana de trabajo yo, elevando una cometa, cómo te lo hago saber?

- Ah, pero F, yo no me voy a París. Y al número que llamé desde tu móvil es mi número del trabajo. Ya ambos estamos muy bien conectados.

Juliane empacó todo, cargó su mochila, amarró sus botas y corrió a los ascensores, dejando a F solo en aquel techo. F no estaba acostumbrado a manejar a alguien como ella y con toda seguridad quería acostumbrarse. Decidió gritarle en japonés

- Ojalá nos volvamos a ver pronto.

A lo que ella respondió en sueco.

- Lo haremos, te lo juro. - sin que F entendiera nada.

Y se fué.

Le tomó a F una hora volver a su hogar. Al llegar al techo de su edificio, camino a su ascensor privado en el helipuerto, vio al cielo y volvió a ver aquella cometa, apenas un punto rojo a punto de desaparecer en el horizonte. ¿Podía ser que en este mundo horrible existiera Juliane? F recordó lo que le dijo del teléfono, abrió su móvil y guardó el último número marcado como "J".

Pasó el detector de radiación, el desinfectador, el detector de agentes biológicos y caminó hacia la sala. Al entrar, vio a Andrés sentado en uno de los sofás, viendo a la pantalla gigante de la pared con preocupación. Hace cinco minutos, Interpol había anunciado en toda la web un comunicado respecto a F, Pornactive y el Holocausto. En ese instante, empezó.

"-- Hace seis meses, nuestros infoarqueólogos en las ruinas de Nevada lograron descifrar la existencia de un avión militar prototipo de Estados Unidos que sería desvelado justo el día del Holocausto. Entre el material recuperado están videos de de formatos obsoletos o inexistentes, que tras semanas de trabajo hemos logrado recuperar. Las imágenes muestran a un hombre, en una de las más protegidas instalaciones del viejo país, disparando y asesinando a un soldado y, lo que parece, robando el avión experimental --"

Una agente de la interpol, impecablemente vestida, de sastre azul oscuro, falda ceñida, medias veladas.

"-- Todas las personas en este video murieron, excepto por dos que hoy confirmamos que siguen vivos. El conocido F de Pornactive y quién hasta hoy no habíamos podido confirmar su existencia, su hermano y piloto de la extinta Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Andrés... --"

Ojos oscuros, pelo recogido en una perfecta cola de caballo. La parte de arriba rojo, el resto azul opaco ante la luz de la cámara.

"-- ... ante estas nuevas pruebas estamos anunciando la congelación de fondos en la Unión Europea de la empresa Pornactive y su fundador, acusados no sólo de evasión de impuestos, sino de posibles delitos de lesa humanidad y posible colaboración en los hechos del Holocausto. Nuestras investi... Un momento... --"

La agente vio a su móvil con preocupación, en medio de la transmisión, escribió algo en él y volvió a ver hacia la cámara.

"-- Esto es todo por ahora. Esta transmisión es de dominio público y puede ser retransmitida y replicada en todos los medios en la web. Soy la Agente Especial de Interpol, Juliane Deckard."

La pantalla quedó en negro y luego se llenó de pulsos y mensajes de personas enviados a F y a su empresa. F se sentó en el sofá junto a Andrés y miró a la nada.

- ¿¡Quién carajo es ella!? ¿Sabías de esto, F? - gritó Andrés.

- Volé una cometa con ella esta mañana.

Andrés volteó a mirar con confusión a F mientras él permanecía incrédulo en el sofá. De repente, un mensaje en su móvil resaltó por encima del resto. Sin pensar lo abrió y leyó rápidamente.

<J> Te van a matar. Francotirador. Aléjate de las ventanas y sal de ahí ya, ya, ya. 

(Sigue leyendo, capítulo 4: Velocidad del sonido)


Feb 5th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 2: Vector de entrada

Capítulo 2: Vector de entrada

Importante: Si llegas acá por primera vez, empieza por el capítulo 1. ¡No te spoilees!

Seis años después del día que cambió todo, el hombre decidió iniciar su plan. Flotaba cientos de kilómetros arriba de la Tierra y odiaba cada segundo. El hombre era dueño de la última nave suborbital del planeta tras el holocausto y eso lo hacía especial.

Especial y a prueba de misiles. Una necesidad en su línea de trabajo.

El hombre tardó seis años en llegar a donde estaba hoy. Empujado por la ingeniería, la química y la habilidad de manipular a mejores personas. El hombre se llama F y vende experiencias.

El vuelo estaba por terminar. F revisó la hora local en su móvil:
"10:00am, 7 de julio del 2026, Venezuela".

- ¿Por qué? - dijo Andrés, el piloto, a F.

- ¿Por qué hago todo esto? - le respondió F - Quizás quiero ser Batman.

- ¿Un superhéroe?

- No, no, Batman no era un superhéroe. Ni siquiera un 'héroe'. Era un tipo egocéntrico que creía poder cambiar el mundo.

- Ajá, ¿Tú cambiando el mundo?

- Batman no lo logró, pero es quien todos los millonarios queremos ser. Un símbolo que inspira terror. ¿Qué tiene de malo eso?

El avión empezó su salida de la órbita baja de la tierra para una reentrada a la atmósfera.

- ¿Cuánto para aterrizar? - preguntó F desde el área de pasajeros, Andrés respondió por los altavoces de la nave.

- Cinco minutos para entrar al espacio aéreo del Continente Bolivariano de América, diez minutos para Venezuela.

- ¿Alguna alerta de misiles? ¿Lásers? ¿Jets? ¿Algo?

- Nos tienen en radar, pero es normal. Creo que somos bienvenidos.

- No por mucho.

- F, no respondiste mi pregunta real. ¿Por qué te vas a reunir con el Libertador Pérez y por qué le llevas una de las sillas?

- Andrés. Cree en mi. Sólo aterriza con cariño.

El móvil de F disparó notificaciones con locura. F se recostó en la silla y proyectó en el techo la pantalla del móvil. Un reporte de noticias filtrado por todas las menciones de su nombre en blogs, redes y pulsos.

"@almahidd: ¿Vieron que interpol quiere capturar al CEO de Pornactive? ¡Liberen a @F!"

"-- sospechamos que el avión suborbital de Pornactive es un prototipo de scramjet que, nuestros infoarqueologos aseguran, fue robado de los antiguos Estados Unidos justo antes de --"

"+Anónimo: Vi este objeto volar sobre mi casa y es muy grande para ser un no tripulado ¿Será el scramjet de +F_pornactive? [ver imagen]
 +DavidLpnzz: ¡HEY! Eso es un avión rarísimo y va para Venezuela, yo vivo ahí."

"-- en streaming, el Libertador Pérez anunció que, de ser verdad las acusaciones, el gobierno del Continente Bolivariano de America condenará al empresario F, llamándolo ladrón, traidor a la humanidad y evasor de impuestos --"

"@yungtaopsy: Si @F robó un scramjet justo el día del veinte veinte, ¿Es cómplice del Holocausto? Todos saben que Corea del Norte no lo pudo hacer sólo y ya son seis años sin respuestas."

"-- El Libertador agregó: <<Criminales como F no serían problema si la Federación China levantara la prohibición a actividad espacial. Un adecuado sistema de defensa orbital es necesario y --"

"+TurfAbdallahNews: El Príncipe Mesías y su gobierno ratifica que tanto F como su empresa Pornactive son ciudadanos y refugiados políticos legales dentro del Turf de Abdallah."

F apagó el reporte y cerró los ojos. Interpol tras él. Su plan requería trabajar en el borde de la ley, pero no esperaba que alguien decidiera dedicarle tanta atención.

El movimiento de la nave lo sacó de sus pensamientos. F odiaba el espacio y el aterrizaje desde la órbita era lo peor. Náuseas y mareo, dos sensaciones que le recordaban el fin de la guerra.

- Alguien en internet pulseó nuestra ruta.

- ¿Satélites? - preguntó Andrés.

- Ja, no bromees.

- Quizás es una coincidencia increíble. Son miles de millones de personas allá abajo. Alguien tuvo la suerte de apuntar una cámara justo en el momento correcto.

- ¿Alguien con el conocimiento para calcular nuestra ruta y destino con una foto? Eso no es coincidencia. Interpol nos rastreó y lo filtró para arruinar el plan.

- ¿Abortamos Venezuela?

- Ni porque nos maten. Seis años de trabajo, Andrés. Aterriza con cariño.

Andrés siguió al pie de la letra el vector de entrada trazado por el control aéreo del palacio de gobierno. Aterrizó en un pequeño hangar justo al lado de una hacienda de arquitectura colonial. F había llegado a Miraflores.

F vomitó, cepilló sus dientes, volvió a vomitar, comió dos mentas y salió del avión. Un guardia de seguridad lo revisó de arriba a abajo y le dio permiso de bajar la carga. Un contenedor de metal del tamaño de una persona que disparó todas las alarmas. Los guardias apuntaron sus armas a F y le gritaron en acentuado español. F suspiró cansado.

- Esto es un hangar clandestino ¿Creen que traigo bananos?

- ¡Nadie se acerca al Libertador con contenido peligroso!

- Claro... ¿Puedo hacer una llamada?

El guardia accedió con cautela. F mandó un email, respondió dos pulsos y envió detalladas coordenadas de su posición más un streaming oculto de audio y video a su abogado, "por si acaso". Luego llamó a su contacto con el Libertador.

Segundos después, el guardia recibió una orden por radio y le permitió pasar. F entró a una imponente sala de espera, con puertas de madera enchapada en dorado y pinturas de grandes héroes del pasado. Unas de las pinturas era el retrato del primer Libertador del Continente junto a la de Simón Bolivar, otro tipo de libertador de siglos atrás. No habían sillas, pero sí una mesa de cóctel, con una botella de ron.

- 'Mister' F - saludó Carlos Pérez, segundo Libertador del Continente Bolivariano de America. Uniformado, elegante, acompañado por varios soldados y un niño muy perturbador.

- Libertador, que bueno conocerlo en persona - respondió F - Aunque mi llegada fue complicada.

- Sí, Interpol muy interesada en sus juguetes.

F recibió mensajes de Andrés a su móvil. Varios escáners de microondas y rayos X, instalados en el hangar, intentaban diagramar el avión. Andrés lo había previsto y sólo verían una mancha blanca en las pantallas.

- No sólo Interpol. ¿Le interesa mi avión, señor Libertador?

- ¿A quién no? Ese juguete tuyo cambiaría el comercio internacional.

- ¿Qué de malo tienen los barcos de toda la vida?

- Tu bien sabes de esos piratas amigos tuyos.

- ¿La marina de Estados Unidos? No son amigos para nada.

F sabía de la actividad pirata que la abandonada fuerza marítima del viejo Estados Unidos ejercía en el Pacífico y Atlántico, pero por primera vez confirmaba que era un problema incluso para el Continente Bolivariano. Pero no podía distraerse, no hoy.

- Me alegra hablar de nuestros pasatiempos - interrumpió F - pero tenemos negocios que quisiera cubrir.

- ¡Ja! Eras más relajado por mail. ¿O es miedo a que te entregue a la Interpol?

El Libertador lanzó una falsa carcajada, a la que F respondió con una leve sonrisa hipócrita.

- Está bien. Muéstrame la máquina.

Las manos de F temblaban al abrir el contenedor.

- ¡Ésta es la silla! - exclamó el Libertador al ver el paquete al descubierto.

Una silla de aspecto retrofuturista. Una combinación de silla de piloto y de dentista. En ella un casco que cubría por completo el rostro, guantes llenos de cables, un sensor dérmico de emociones y un simple botón verde.

- El secreto de la corona. - presentó F - Las "Solinax" de Pornactive. Sólo tenemos veinte, en nuestra "tienda de experiencias" en Australia. Nueve mil yuans o medio bitcoin por cada viaje de cinco minutos.

- Sí, un negocio de ocho millones de yuans al mes, construido de la nada en dos años.

El conocimiento que Carlos Pérez tenía del negocio sorprendió a F. Este hombre realmente había hecho la tarea antes de conocerlo.

- Y financiado con el dinero de tus amigos del "Turf", ¿No?

- Soy un refugiado político en el Turf de Abdallah. Un ciudadano legal que paga impuestos.

- El rumor es que el mismísimo 2Pac invirtió en tu empresa, 'Mister' F. ¿Qué tal si esta silla me hace daño por ordenes del Príncipe Mesías? La vamos a tener que abrir.

El Libertador quería la silla como "recreo personal", pero no era idiota como para dejar pasar la oportunidad de robar una tecnología única que imprimía dinero.

- Ya hablamos de esto, Señor. Por diseño y seguridad, las Solinax se vuelven inservibles una vez desarmadas. Funcionan con una pequeña batería de radioisotopos que se volvería inestable si se desensambla. Además, perdería la garantía.

- F, no puedes esperar que mi gente no intente si quiera revisarlo con rayos X.

- En Pornactive encontramos la serie correcta de estímulos electromagnéticos, visuales y auditivos para disparar conexiones sinápticas únicas - mintió F - Es completamente seguro y una experiencia inolvidable. Usted no querrá romperlo.

F sonrió, esperando no tener que recurrir al plan B. El Libertador contempló la situación, se sintió seguro, rodeado de su ejército personal y decidió que no lo intimidaba un simple empresario con los que tantas veces ha tratado.

- ¡Probémosla entonces!

- Excelente - respondió F alegre.

- Tú primero - le ordenó el Libertador.

F no lo esperaba.

- Ah... señor. Está prohibido usarla más de cinco minutos al día. El cerebro se defiende y se adapta. Ésta máquina explora las zonas menos estimuladas de la mente. No sería sano que la use dos veces hoy.

El Libertador señaló calmado a los guardias del lugar y éstos le apuntaron a F en la cabeza. Al mismo tiempo, Andrés envió mensajes de peligro. Baterías antiaéreas se activaron directo al hangar y estaban listas a disparar.

- Por supuesto - dijo F - Si una demostración nos permite crear una gran relación, es un sacrificio que puedo hacer.

- Veamos - desafió el Libertador.

F se sentó, ubicó el casco en posición, se recostó cómodo, puso sus manos en los guantes, sintió los sensores vitales de la silla ajustarse sobre su pecho, suspiró y oprimió el botón verde.

F había probado la máquina una y otra vez en versiones preliminares. Eso lo volvió inmune al viaje e impotente para siempre. Ahora, al usarla, sólo perdía la sensación en las piernas, en los brazos y en el resto del cuerpo. Se sintió flotando y recordó su odio por el espacio.

F despertó sintiendo que pasaron horas, pero sabía que fueron cinco minutos. Los soldados miraban curiosos. Al igual que El Libertador y su peculiar niño acompañante.

- ¿Está muerto? - preguntó tímido el niño. El Libertador lo silenció de un golpe en la nuca.

F se levantó lentamente, hizo su mejor esfuerzo por comandar sus músculos, se impulsó con fuerza, rio fuertemente y dijo.

- ¡Eso se sintió bien! ¿Lo ve, Libertador? Productos de calidad.

El Libertador, ansioso por probarla, quitó del medio a F y se sentó. F asintió y empezó a prepararlo, colocando con cuidado los guantes cuyas microagujas llenarían al libertador de una droga imposible de detectar, el sensor electrodermal que detectaría las reacciones emocionales de su mente, el casco que dispararía estimulación magnética transcraneana y dentro del casco, la cápsula secreta con escopolamina.

- Señor, advierta a sus hombres que la experiencia dura cinco minutos. No sería agradable que decidan dispararme.

- Sí, sí - respondió el Libertador impaciente. - ¡Adelante!

- Muy bien señor - F ajustó los guantes, verificó los sensores, golpeó discretamente el casco para que la cápsula se liberara y oprimió el botón verde.

Los que usan la silla se ven como personas dormidas. F sabía que, en ese momento, el Libertador estaba viviendo la más oscura y privada experiencia. No es una historia, ni algo que puedas vivir en el mundo real. Es una sensación, un sentimiento. La certeza que lo que nunca supimos que queríamos, pero siempre quisimos, se hizo realidad. Y gracias a la capsula, el Libertador, por segundos tras terminar el viaje, no tendría la capacidad de mentir.

Pero eran cinco minutos y F tendría que esperar. Se fijó en el niño. ¿Será algún tipo de consorte sexual o un simple asistente? Era imposiblemente feo, con deformaciones en la cara que parecían quemaduras. Pelo delgado, entre café y blanco, con algunos parches de calvicie. Estaba vestido con un uniforme militar sin rango. F decidió conversar con él.

- Hey, tú.

- Se... ¿señor?

- ¿Trabajas para El Libertador?

- No... no, señor, no. El gran Libertador me rescató y me dio el privilegio de servirle.

- ¿Y en qué le sirves?

El niño reaccionó con miedo y luego miró a los soldados, que vieron con desaprobación a F. Él decidió que no era una buena idea seguir por esa línea de conversación y prefirió cambiar el tema.

- OK... ¿De donde eres? Tu acento no es venezolano, ni colombiano, ni peruano.

- No señor, no soy de allá, soy del norte.

- ¿Guatemala?

- México señor.

F se puso frío. Un sobreviviente de México. Con su edad seguro fue expuesto a radiación casi letal tras el Holocausto.

- ¿Cuál ciudad de México, lo recuerdas?

- Mi mamá decía que... Nogales.

F abrió los mapas en su móvil rápidamente. No lo podía creer. Nogales era una ciudad frontera entre México y Estados Unidos. La oportunidad en las manos de F era única.

- ¿Cuántos años tienes?

- Doce años, señor.

- ¿Cómo te llamas?

- Emilio.

- ¿Emilio qué?

- No recuerdo señor, mi mamá... El gran Libertador... No, sólo Emilio señor.

El Libertador se empezó a mover. Estaba por salir del viaje. F tenía que apostar duro si quería ganar todo hoy. Corrió hacia El Libertador y le quitó lentamente el casco, limpiando discretamente su nariz del fino residuo de polvo de escopolamina que quedaba.

- ¿Libertador, me escucha? - le susurró al oído.

- ¿Qué? - respondió el Libertador con desorientación

- Carlos Pérez, ¿Me escucha?

- Sí.

- Dígame "sí señor".

- Sí señor.

Esa era la prueba. El Libertador estaba bajo su control por treinta segundos. El rostro del Libertador tenía dos lágrimas profundas y su mirada era al infinito. Efecto típico de primerizo en la silla. Los soldados se pondrían sospechosos en menos de un minuto y el Libertador recobraría la voluntad.

- ¿Quién puso las bombas? ¿Quién causó el holocausto del 2020?

- No lo sé. Yo los perseguí. Perseguí traficantes. Uranio, plutonio. Yo quería detenerlos. Nunca, nunca los encontré. Yo era coronel y nunca...

A F lo tomó por sincera sorpresa esto. Seis años de planeación, la empresa, el esfuerzo. El Libertador era uno de sus planes más importantes y un golpe de suerte gigante y él no tuvo nada que ver. No podía ser cierto.

- ¿El Libertador antíguo entonces? ¿Hugo Rafael? ¿Él sabía del ataque? ¿Participó en el Holocausto? ¿Sabes algo?

- No... no.

No puede ser. Estaba tan seguro. F dio varios pasos atrás y esperó a que la droga dejara de tener efecto. El ingeniero químico de Pornactive, Phillip, le aseguró que esa escopolamina era "especial" y mientras no le diera demasiada, le haría olvidar al Libertador de las preguntas una vez pasado el efecto.

El Libertador volvió en sí, se limpió la cara y se puso de pié . Miró a F con un rostro de humildad y le dijo.

- La compro.

F seguía incrédulo. El hombre más poderoso de América no sabía nada. ¿Cuántos años para la siguiente oportunidad? Pero aún quedaba una esperanza. El niño. Una esperanza idiota, pero no imposible. Hora de apostar.

- Excelente Carlos ¿Te puedo llamar Carlos?

La informalidad y cambio de tono le cayó mal al Libertador, pero estaba tan conmovido por la experiencia que no reaccionó.

- Me temo Carlos que Interpol y la situación han cambiado un poco el precio acordado.

- ¿Cuánto por la silla?

- Sistema Solinax, Carlos, no silla. So-li-nax. Mira, los pesos bolivarianos no valen nada allá afuera. Ustedes pueden haberse enriquecido increíblemente tras el invierno nuclear porque, seamos sinceros, todos necesitamos comer. Las tierras de este Continente son las únicas que aún tienen agricultura real.

El Libertador miró con incredulidad a F.

- Pero yo sé que los tipos como tú guardan un pequeño fondo de retiro en la única moneda que nunca te pueden quitar. La única que ninguna guerra mundial le hace perder valor.

- No, acordamos un millón de yuans.

- Y ahora te costará un poco más del doble. Cien bitcoins.

Pocos en el mundo tenían más de un par de bitcoins. Una moneda criptográfica, escasa, basada en algoritmos, con un crecimiento desmedido después de que el mundo adoptó el protocolo descentralizado del nuevo internet tras el 2020. Los líderes mundiales en especial le tenían cariño porque, en caso de ser derrocados, siempre tenían una reserva especial e intocable. Un bitcoin vale más que sólo su conversión a una moneda normal.

- No.

- Entonces no hay trato.

F le dio la espalda a todos y caminó de regreso al hangar. Escuchó al Libertador gritarle desde atrás.

- Don F, usted me pide mucho y con una actitud que no me gusta ¿Qué me detiene de llenarlo de plomo, tostar su avioncito y quedarme con la silla?

F había lidiado con suficientes psicópatas en su vida como para asustarse por la amenaza de un militar llevado a más. Caminó de regreso al Libertador y dijo con suavidad.

- Carlos ¿En serio? Tu sabes quién soy y seguro tus agencias de seguridad saben para quién trabajaba antes del Holocausto ¿Parezco el tipo de persona que no planea éstas cosas? ¿Crees que una batería de radioisotopos no tiene otros usos? No perdamos tiempo ¿Hacemos negocios?

El Libertador miró a la silla en el medio del salón, a sus soldados listos a cumplir cualquier orden, al niño, uno de muchos a su servicio, inútil en ese instante.

- ¡OK, seamos amigos! - exclamó F rompiendo el silencio - te haré una oferta especial. Cincuenta bitcoins y mantenimiento por diez años de la silla - El Libertador levantó la mirada a F con sospecha - Y a cambio, también me das al niño.

El niño abrió la boca impactado, la cerró y la volvió a abrir.

- ¿Emilio? ¿Qué le viste a Emilio?

- Hace rato necesito un "asistente" - le mintió F con falsa sonrisa - ¿Hacemos negocios o tengo que llevarme la máquina?

F había empujado demasiado al Libertador. Más de lo que una persona normal aguantaría. Tenía que confiar en Phillip, en sí mismo, en la tecnología Solinax, en el absoluto amor que el efecto de la silla generaba. F estaba sudando. Todo había salido mal en su plan, esto no podía salir mal.

- Bien.

¿Dijo que sí? El niño empezó a llorar, pero F no sabía si de felicidad o terror. El Libertador tomó de nuevo su móvil y empezó a abrir su billetera digital.

F preparó el código de intercambio de bitcoins. Ambos golpearon los teléfonos y el Libertador le transifirió la cantidad sin hablar demasiado y se retiró del lugar. F empujó del cuello al niño, que parecía en shock y apenas se movía. Lo llevó al avión, le abrochó el cinturón de seguridad, se sentó y dio orden de despegar a Andrés.

- Gané - le dijo F a Andrés tras pasar el horrible despegue.

- ¿Funcionó? - preguntó el piloto.

- No. Mi plan no funcionó, pero el Libertador me dio una esperanza.

- ¿El niño? ¿Me vas a explicar quién es?

Emilio levantó la mirada al entender que hablaban de él. Sentía que su corazón se iba a salir del cuerpo. Mitad por miedo, mitad por la brutal aceleración del avión.

- Una sorpresa inesperada. Te lo explico en casa.

El niño, que estuvo silencioso, empezó a llorar fuertemente mientras, entre llantos, le decía a F.

- ¿Soy suyo ahora, señor F?

¿Qué tipo de vida había tenido antes? ¿"Suyo"? No es que a F le gustaran los niños, pero la idea de tratarlo como propiedad le parecía asquerosa.

- No, no. Nada de eso.

- ¿De alguien más?

- ¡No! Argh. Mira... imagina que esto es un rescate y ahora te ofrezco un empleo ¿Está bien? Empleo, un trabajo.

- ¿Rescate?

El niño había escuchado esto antes. El niño sabía que el mundo no funcionaba así. Confiar en otros adultos sólo le haría peor. Mucho menos en una persona que doblegó a alguien como el Libertador Pérez

- ¿Cómo te llamas?

- Emilio, señor, Emilio.

F había ganado ese día. Eso quería creer. Era el primer paso. Sólo el primer paso. Merecía relajarse por un rato.

- No, no. Ese nombre no lo voy a recordar nunca. A partir de ahora, te llamas Ketchup.

(Sigue en el Capítulo 3: Viento)


Jan 27th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 1: Velocidad orbital

Capítulo 1: Velocidad orbital

El avión no tenía ventanas y en el ángulo que volaban para escapar a la órbita de la tierra, no verían mucho tampoco. Sin embargo, al móvil de F y al sistema de la nave seguía llegando el reporte claro: Múltiples explosiones entre veinte a cincuenta megatones en las principales ciudades de Estados Unidos. El mundo de F se acabó ese día, pero su día había empezado muy diferente.

El calor del desierto afuera contrastaba con el aire frío y acondicionado que F respiraba. Mojave era un lugar seco, árido y solitario, perfecto para las pruebas militares del día. F odiaba ir a Nevada, pero su trabajo en la CIA lo obligaba a vestir de traje y atender eventos especiales. Eso y ser el hermano mayor del piloto de pruebas de hoy.

La base Edwards de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Mojave, Nevada, era el lugar de lanzamiento para el primer scramjet tripulado del mundo. Un avión con la capacidad de llegar a la órbita baja de la tierra, desplegar satélites, lanzar tropas y regresar a la base en una sola pieza. La joya de investigación de DARPA y NASA y la esperanza de las fuerzas militares americanas para la guerra mundial que, muchos predecían, llegaría dentro de poco.

Todos verían el lanzamiento desde la amplia torre de control de la base. Altos militares, técnicos, directivos de múltiples agencias y hasta el ocasional congresista estaban ahí. F, aún en un evento "social", seguía trabajando desde su móvil. Revisaba complejos histogramas, grafos de comportamiento y análisis de patrones, recién enviados desde la National Security Agency. Alguien a su lado lo interrumpió.

- ¿Aburrido, señor F? - preguntó un uniformado con rango de general

- No, ocupado. El proyecto es sólido, el avión es lindo y el piloto de pruebas es de los mejores de la fuerza - respondió.

- ¿Su hermano? Andrés es muy bueno, pero no el mejor. Lo elegimos por ser el único disponible. Usted sabe que nuestros mejores pilotos están allá afuera en los portaviones, esperando a quien dispare el primer misil.

- ¿Y cuando será ese día, general Lock? - preguntó F, ahora sí aburrido.

Todos los comandantes militares esperaban la guerra, desde que Wikileaks, en el dos mil quince, puso al descubierto la super computing cloud de la NSA. Un sistema de espionaje, no de países, sino industrial, conectado con todas las empresas masivas de la web. Todas, curiosamente, de origen estadounidense. Al país le quedaban muy pocos amigos. El general Jason Lock, Jefe de Estado de la Fuerza Aérea, olía y esperaba impaciente el inicio del combate.

- ¿Hoy, veinte de febrero del dos mil veinte? Quizás sea la fecha, señor F, ¿Ustedes en la compañía no deberían saberlo ya?

F entendió que el general no era fan de su trabajo. Y no lo podía culpar. La filtración del SCC ocurrió por conversaciones interceptadas entre la CIA y diplomáticos. La mejor herramienta de espionaje que tenían fue el detonante de un odio mundial contra el "país de la libertad".

- Es mi trabajo y por eso me veía ocupado, general.

- Y según su trabajo, señor F. ¿Quién va a disparar primero?

- Inteligencia militar no es mi área, pero leo los informes. Ningún país tiene movilizada tropa. No hay submarinos en rango de nuestro país o de las bases. No hay flotas preparándose. No hay satélites armados más que los nuestros. Lo que sí veo es inmigrantes ilegales muertos, muchos, por envenenamiento radiactivo.

- Ah. Usted es el autor de la teoría de las bombas sucias cruzando la frontera.

- General, es más que una teoría, es...

- Sí, sí. El estado mayor conjunto me hizo leer su reporte. El mexicano en Houston que murió por plutonio. Los chinos en San Francisco. Casos aislados y separados por meses, en ocasiones años. Le diré lo que le dije a ellos. Homeland Security está mejor capacitada para ese caso. Ustedes en Langley tienen misiones simples. Desestabilizar a los locos "libertadores" del sur y decirme en donde desembarcará el enemigo para que nuestros chicos hagan llover fuego. Siga el ejemplo de su hermano.

F sabía que su teoría del contrabando radiactivo era poco popular entre los militares, pero la NSA lo apoyaba y pronto tendría datos concluyentes. La CIA no reclutó a F por las conexiones de su hermano piloto, sino por su tesis universitaria en detección heurística de patrones en grandes cantidades de datos sociales. Y no había ninguna base de datos más inmensa que el acceso total al Computing Cloud que tenía la NSA.

El móvil de F anunció un mensaje privado. Era su hermano, desde la cabina del scramjet aun en tierra.

<cp.andres> Hey

<f> ¿Te dejan usar tu móvil en el avión?

<cp.andres> ¿Esta cosa puede llegar al espacio en un sólo golpe y crees que no tiene internet?

<f> ¿Qué pasa? ¿Nervioso?

<cp.andres> Claro que no. Soy un maestro en simulador y en atmósfera con este juguete. Me asustan las cámaras. ¿Por qué hay periodistas allá arriba? Creo que ningún canal de televisión se quedó por fuera ¿No era este    lanzamiento secreto?

<f> Es "secreto" si falla. Si tiene éxito, los medios tienen permiso de publicar en tu despegue como muestra de fuerza del país. Vas a ser un héroe.

<cp.andres> Puede ser un regalo para mamá verme famoso.

<f> ¿Ella es lo que te preocupa? Mi madre estará bien. 

<cp.andres> El otro cirujano dijo que el tumor era inoperable.

<f> Y hoy está con el mejor cirujano de Los Angeles, gracias a ti.

<cp.andres> Me están pidiendo chequeo de prevuelo. Hora del show. Te hablo al volver.

Andrés cortó al tiempo que el último reporte combinado de la NSA llegó al móvil de F. Picos casi imperceptibles, pero notables de radiación se detectaron en el 98% de los casos de inmigrantes ilegales arrestados que alegaban sufrir amnesia. Inmigrantes de todas las nacionalidades, de todos los continentes, en todos los puertos de Norteamérica. Tres meses de análisis y algoritmos habían valido la pena.

- Hey, general Lock - dijo F, golpeando en el hombro al comandante y mostrando su móvil - Yo tenía razón. Hay datos concluyentes que demuestran un esfuerzo masivo, por años, para insertar material radiactivo al país. Ya Langley recibió la conclusión y seguro iniciarán a trabajar con el FBI. Mi "teoría" va a salvar las vidas de...

Los teléfonos de todos los militares, agentes y personal de la nave empezaron a sonar con alarmas insistentes. Luces de emergencia se activaron en toda la base y un equipo de soldados llegó corriendo a varios de los más altos comandantes del lugar con maletines que portaban computadoras de comunicación y control. F recibió el aviso al tiempo que todos en su móvil.

"Lanzamiento de cincuenta misiles balísticos intercontinentales detectado sobre el Pacífico con destino a Norteamérica"

Las ventanas de la torre de control activaron el "clasificado" sistema de realidad aumentada que superpuso sobre el escenario desértico miles de fuentes de información. Mapas, gráficos, detalles, fotografías.

- CONDICIÓN ROJA EN TODA LA BASE. ¿PROYECCIÓN DE IMPACTO? - gritó el general Lock a su personal, desplegado en móviles, portátiles y pantallas que procesaban información de todo el sistema de combate de Estados Unidos.

- Chicago, Boston, Miami, San Francisco, Cupertino, Los Angeles, N... señor, van a todos lados.

- ¿Dónde está la flota del Pacífico? ¿Donde están los strikers y los raptors?

- Toda la flota de F-35 y F-22 está en misión de intercepción. Todos los destructores y fragatas lanzaron proyectiles anti-misiles. No hemos recibido reporte de destrucción aún.

F no tenía rango. F no era un militar. F era un analista de inteligencia muy hábil con números y código que estaba en la exhibición porque su hermano era el piloto. F no tenía mando, ni poder, pero no pudo evitar gritar.

- ¿Quién? ¿Quién disparó?

- Corea del Norte. - respondió robóticamente uno de los soldados en los portátiles - Todos los misiles se originaron en Corea del Norte. Tiempo de impacto: doce minutos.

- No pudo ser Corea del Norte. Ellos no tienen un sólo misil que llegue más allá de Hawaii. No pueden darle a Tokyo con precisión, mucho menos destruir ciudades en ambas costas de este continente.

- Saquen a los civiles del área - ordenó el general Lock. Un soldado empujó a F hacia la salida. El general continuó ordenando - activen retaliación inmediata. Quiero el X-2626 en línea y apuntando todo lo que tenemos a los bastardos.

El X-2626 Mjolnir, recordó F. El satélite oscuro con capacidad de lanzar ataques cinéticos de poder nuclear sobre cualquier punto de la tierra. Era destrucción mutua asegurada.

La impotencia recorrió a F, quien veía desde la torre a un policía militar bloqueando a Andrés de salir y custodiando la nave. Otros soldados estaban desalojando a los camarógrafos que peleaban por grabar lo que ocurría y obtener más datos. Uno de los soldados empezó a destruir móviles de los periodistas tras notar que estaban transmitiendo sin permiso.

- IMPACTO EN HAWAII - gritó un técnico - Sensores confirman cincuenta megatones. Perdimos contacto con la base en Kahului. Destrucción total.

- Cincuenta megatones - susurró incrédulo el general Lock - Francia, China, Rusia. Nadie más tiene cincuenta mega...

- ¡WASHINGTON! - dijo otro técnico, con lágrimas en los ojos - Treinta megatones.

Gritos y llantos y de repente un silencio absoluto se apoderó de la base. El aire acondicionado y reciclado de la torre se sentía extraño en la piel de F. Casi morboso como esa tranquilidad contrastaba con el holocausto. El cerebro de F reaccionó. Los misiles llegarían en doce minutos, pero en menos de un minuto, dos armas nucleares estallaron en dos puntos alejados del planeta.

- No son los misiles - dijo F.

El general Jason Lock, comandante de la Fuerza Aérea, miró a F con terror. Real y sincero terror.

- ¡Van a atacar esta base y todas las demás! - le gritó F a Lock, obligándolo a reaccionar.

- ¡Afuera los civiles, dije!

- ¡No son misiles! Busquen cámaras de seguridad en autopistas alrededor de la base. Busquen cualquier cosa sospechosa. Paquetes, contenedores, algo.

Uno de los soldados empujó con su rifle a F en el pecho, lo sacó a la fuerza junto con los periodistas y cerró la puerta de acceso. F no tenía opción más que bajar las largas escaleras. Camarógrafos y reporteros lo siguieron sin saber si hablarle o sólo seguirlo.

F aún tenía acceso a la red de detectores de radiación en autopistas por los que tanto peleó para instalar. Conectados a las cámaras de seguridad de carreteras le darían algo de información. Pero eran pocos, sólo uno cada diez kilómetros. Según su móvil, sólo había tráfico regular en las vías públicas cerca a la base. Trató de buscar cosas sospechosas en el historial de los detectores mientras bajaba las escaleras, un camión blindado, algo. Nada.

Hasta que un auto normal, una van blanca sin piloto, le llamó la atención. Según su placa y los datos del Super Computing Cloud, llevaba varias horas dando vueltas alrededor de la base. Las cámaras con medidores de radiación, reportaban una ligera subida en los sieverts que emanaba. Encima de todo, no había ningún pasajero humano, algo raro fuera de una ciudad, en medio del desierto.

F lo entendió. Programó rápidamente un algoritmo de búsqueda en todas las autopistas, en un radio de cincuenta kilómetros. Encontró tres camionetas iguales, sin tripulantes, autoconducidas por software, ligeros pero perceptibles picos de radiación.

Luego, no vio nada. En el horizonte, a través de las ventanas de las escaleras, un intenso flash de luz cegó a todo el mundo. Ese era el último empujón que F necesitaba. F bajó corriendo, abrió de una patada la puerta que llevaba a la pista de despegue, sintió el calor del desierto abrasar todo su cuerpo, guardó su móvil en su bolsillo y caminó seguro y fuerte al scramjet. Periodistas detrás, transmitiendo cada momento.

- Señor, no puede entrar al avión. La base está en condición roja. - ordenó el policía militar a F, aún asustado por la explosión visible en el horizonte - Regrese a la base.

F siguió caminando, ante la mirada de técnicos, soldados y periodistas. Algunos mirando lo que hacía, otros rezando, otros gritando órdenes de lado a lado. El soldado, temblando por la explosión, elevó su rifle hacia F para detenerle el paso.

F, en un rápido reflejo, sacó la pistola de su espalda y le disparó entre los ojos al soldado. Empujó a Andrés a entrar al scramjet, cerró la compuerta a presión, puso la pistola en la cabeza de su hermano y le dijo, simple y sin titubear

- Despega.

Andrés lo empujó con fuerza, dejándolo sentado en una de las sillas de carga de tropa. Lo miró con odio y le apuntó con su dedo a la cara.

- No necesitas amenazarme. Siéntate y ponte una máscara de oxígeno.

- Andrés, la onda de choque llegará en segundos. Despega ya.

Varios soldados dispararon a la puerta del avión. Gritos por altavoces le exigieron a Andrés apagar y bajar de la nave. Andrés encendió de memoria todos los sistemas, desconectó a la fuerza la conexión a la base para evitar ser apagado remotamente y empujó el jet más allá de lo que una persona puede aguantar.

F sintió la aceleración del despegue como estrellarse contra una pared. Se quedó sin aire y por varios segundos no pudo respirar. Estaba al borde de desmayarse cuando la máscara de oxígeno lo ayudó a recuperar la consciencia. El sistema automático de información de la CIA seguía enviando mensajes al móvil de F. Tres explosiones casi continuas alrededor de Mojave crearon una zona cero en el centro de la base. Sólo las más profundas capas subterráneas pudieron sobrevivir.

La lista de ciudades seguía. New York treinta megatones, Carolina del Norte diez megatones, Austin veinte, Los Angeles cincuenta megatones. Las ciudades seguían, pero F frenó un rato y vio fijamente.

- Los Angeles - dijo F al aire.

- Lo sé - respondió Andrés en los altavoces del avión, tras unos segundos.

El scramjet salió de la atmósfera. No tenía ventanas. No había forma de saber qué pasaba afuera. El móvil de F al fin perdió señal y F no estaba seguro si era la distancia o la absoluta destrucción.

- F, tengo sensores a bordo... clasificados. Puedo entrar en red con la mayoría de satélites sin pasar por la base y... ¿quieres que los use?

F no respondió. El óxigeno hacía su trabajo pero F no sentía los pulmones, no sentía las manos. Sus ojos dejaron de percibir color. Sus manos sudaban sin control. Andrés conectó las pantallas y mostró las ruinas de Estados Unidos desde lejos. Miles de bolas de fuego. Una mancha gigante de humo. Satélites de reconocimiento mostraban movimiento pesado de todas las tropas activas. Portaaviones desplegados, submarinos en máxima alerta, bases internacionales movilizadas. Una flota entera preparándose a invadir Corea del Norte.

- Aún no llega lo peor, Andrés.

Mjolnir se activó automáticamente. Segundos antes de la primera explosión, desde casi doscientos mil kilómetros de la superficie de la tierra, acelerado magnéticamente desde un satélite secreto, miles de varas gigantes de acero forrado en titanio fueron lanzadas con dirección balística hacia Corea del Norte. El impacto destruyó con fuerza cercana a nuclear todas las bases, ciudades y poblaciones de Corea del Norte. Varios, ligeramente desviados, impactaron las fronteras en Corea del Sur y China. El sistema de respuesta automático contra bombardeos nucleares de Estados Unidos funcionó aun con el país muerto.

- Destrucción mutua - susurró F para sí mismo.

- F, estoy perdiendo los satélites. No tiene sentido. Estoy conectado directo y se apagan uno por... Mierda. Es un láser desde tierra. Hay dos láseres desde Tian Shan y Cuba destruyendo todo lo que está en órbita. Nos van a derribar.

¿Tian Shan? ¿China? El cerebro de F luchaba por pensar, por enfócarse en el momento. Pero no tenía energía. El terror y la adrenalina fueron lentamente reemplazados por nada. Por un profundo gris. Impotencia, no hay opciones. El mundo se acabó hoy ¿Qué importaba si F no sobrevivía?

- No tengo nada. Radio, satélites, todo muerto. F, se acabó. No puedo hacer nada. No hay nada. Todos están muertos, todos.

F es el único que sabía la verdad. No, no la verdad, pero el único que sabía que el mundo se comería una mentira. No fueron misiles, ni un país sin la tecnología de guerra para lograr esto. Y esa verdad se iba a morir en el instante que un radar chino lo encontrara y le hiciera un agujero a la nave.

Andrés gritó en la cabina, F poco a poco cerró los ojos.

Y los abrió de repente. El color volvió al mundo, la dopamina fluyó en su cerebro y sus sinápsis neuronales dispararon con literal locura.

- Andrés, ¿Puedes trazar una ruta a Abu Dhabi en los Emiratos?

- ¿Al Turf de Abdallah? F... ya está. El mundo se acabó. ¿Qué quieres allá?

- ¿Prefieres morirte acá o intentar hasta que no nos quede esperanza?

- F, mamá está muerta. La base. Washington. Todo. Todo. ¿Qué esperanza?

- Abdallah me debe un favor. Cree en mi. Me va a tomar mucho, mucho tiempo, pero llevanos vivos allá y tendré un plan. No vamos a sobrevivir, vamos a ganar.

Continúa en el capítulo 2: Vector de entrada


Jan 20th, 2014 Guía de Emprendimiento Posapocalíptico

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Capítulo 7: Combustible
Capítulo 6: Mesías
Capítulo 5: Princesa del Norte
Capítulo 4: Velocidad del sonido
Capítulo 3: Viento
Capítulo 2: Vector de entrada
Capítulo 1: Velocidad orbital